El intercambio verbal en la educación sexual

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Al considerar que la sexualidad, en un sentido amplio, está presente en el ser humano desde el momento mismo del nacimiento y que rápidamente es posible reconocer algunas de sus manifestaciones, se entenderá que es completamente normal que en el niño y en el adolescente se exprese un impulso que lo lleva a buscar y a tratar de repetir las experiencias generadoras de placer.

Por lo tanto, la educación sexual empieza desde el nacimiento, con la forma como los padres u otros cuidadores adultos satisfagan las necesidades del niño y con las actitudes con las cuales afronten los comportamientos y expresiones que el niño tiene en los distintos momentos de su desarrollo.

Es lógico pensar que a medida que el niño crece la trasmisión verbal de conceptos y la posibilidad de intercambiar puntos de vista con él ganan importancia. La educación sexual no se hace solamente en forma verbal, pero no se puede pensar una buena educación sexual sin que medien las palabras.

En este sentido, es necesario entender que si bien hay que ser cuidadoso en dar a los niños y adolescentes respuestas verdaderas y adecuadas, tanto para su edad como para su capacidad de comprensión, la educación sexual no se da únicamente cuando se responde a sus preguntas. Todo intercambio verbal que facilite la consideración de otros puntos de vista diferentes y la reflexión sobre aspectos como el valor de la persona humana, la necesidad e importancia del respeto mutuo, las relaciones interpersonales, la vida de pareja, la familia y la comunidad, entre otros, constituyen elementos esenciales de la educación sexual.

En relación con las preguntas de los niños en torno a asuntos que tienen que ver con las diferencias sexuales, los hechos de la vida sexual de las personas, el proceso reproductivo y el parto, es fundamental considerar que, antes de apresurarse a responder, es necesario tratar de asegurarse sobre cuál es su necesidad concreta de información y, si es posible, cuál es el origen inmediato de su inquietud, con el fin dar una respuesta lo más orientadora posible.

Cada niño y adolescente tienen sus propias necesidades y su propio ritmo de desarrollo, también en lo relativo a la sexualidad, este ritmo debe ser respetado con el fin de no convertir la educación sexual en algo que, más que ayudarlo, lo violente.  Debe procurarse que las respuestas no se limiten exclusivamente al terreno de la información sobre aspectos anatómicos y fisiológicos. Además, que incluyan siempre una referencia al contexto formador de la valoración personal y de las relaciones en la pareja y la familia.

Adolfo León Ruíz Londoño
Psicólogo

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