El fútbol y la salud mental

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Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez

Profesor titular

Universidad Pontificia Bolivariana

 

Jugar fútbol es un excelente medio para fomentar el trabajo en equipo; la armonía que mejora la salud física y mental de los jóvenes.

 

Es necesario que todos los que de una u otra manera participamos en el cuidado de los niños, las niñas y los adolescentes y que somos los que más influimos en sus vidas (padres de familia y maestros fundamentalmente), tengamos toda la claridad posible respecto al concepto integral de salud: el bienestar físico, mental y social.

Desde el punto de vista de la salud mental, la misma está en estrecha relación con la estructura básica de toda persona: ser biológico, psicológico y social. Dicho de manera simplista, si una persona tiene una buena salud física, si se siente valiosa, si sabe quererse a sí misma y si tiene una excelente convivencia con sus semejantes, se podrá decir de manera razonable que tendrá una buena salud mental.

Desde el punto de vista del fútbol, disfrutado como debe ser, con la aplicación de las normas que lo rigen, se puede afirmar que es un excelente medio para fomentar y estimular una salud mental de calidad en los muchachos y muchachas. ¿Por qué? Veámoslo en las siguientes consideraciones:

  • Estimula el trabajo en equipo. En el fútbol se aprecia con toda su dimensión las enormes ventajas de un trabajo en equipo cuando este se hace de manera armónica y organizada. Cada jugador tiene una función específica (defender, atacar, servir de puente entre estos y aquellos, evitar goles del contrario), pero todos tienen un objetivo en común: tratar de ganar.
  • Desestimula el trabajo individualista, las acciones egoístas. El jugador o la jugadora que trabajan solamente en su propio provecho (aumentar su número de goles anotados; ‘lucirse’ ante la afición) no es bien visto por el resto del equipo y, si se empeña en ese comportamiento, muy seguramente no será tenido en cuenta en los siguientes partidos.
  • Hay firmeza en la aplicación de las normas. El fútbol es un claro ejemplo de la necesidad imperativa de que todos conozcan las reglas y que las cumplan. Que comprendan que el cumplimiento de la norma no solamente me beneficia a mí, sino a todo el equipo.
  • Es un excelente modelo de meritocracia. Todo jugador sabe que el participar o no en un juego, o el ser titular o suplente, depende de sus méritos, de su esfuerzo y de sus aptitudes, y no de favoritismos, intrigas o ‘roscas’. En el fútbol bien aplicado se muestra con toda su fuerza el sano principio de la meritocracia y de la equidad que reza así: “Cuando alguien recibe algo que no se merecía, otro, que sí se lo merecía, dejó de recibirlo”. Esta es la base de la injusticia social y el germen del resentimiento y la violencia.
  • Es también un muy buen ejercicio de resiliencia. Antes de cada partido todos los integrantes de los equipos saben que hay tres opciones: ganar, perder o empatar. También saben que no es posible ganar todas las veces y que, aunque perder duele, lo importante es aceptar la derrota, analizar las causas y establecer los correctivos necesarios. Exactamente como nos ocurre a todos ante los éxitos y fracasos de la vida diaria.
  • Permite entender mejor el principio de la corresponsabilidad. A través del juego todos llegan a comprender que su participación, su porción, es importante porque está estrechamente relacionada con la de los demás; que lo que haga o deje de hacer repercutirá en todos y en el resultado final.
  • Fomenta la autoestima y la solidaridad. Cuando un jugador o una jugadora es aceptado en el equipo, participa teniendo en cuenta a los demás y comparte con todos sus buenos y malos momentos; eso lo hace sentir como una persona realmente valiosa y solidaria.
  • Es un escenario ideal para el sano ejercicio de la autoridad. En todo grupo humano tiene que existir alguien que oriente, que dirija, que ejerza la autoridad. Si esa autoridad se ejerce de manera equilibrada, sin injusticias ni protagonismos, pero con firmeza, será acatada por todos. Saber obedecer para después saber mandar es un buen mensaje que se recibe cuando se ejerce un sano arbitraje. Asumir las consecuencias. Sin lugar a dudas el fútbol es también un campo ideal para poner en práctica el sano ejercicio de la libertad: se tiene el derecho de hacer o no hacer algo, pero ese derecho va de la mano con la obligatoriedad de asumir las consecuencias. Es claro que no se deben cometer faltas, pero si alguien las hace debe aceptar la sanción sin tratar de justificarse ni mucho menos reaccionando con violencia.
  • Finalmente, la sana práctica del fútbol es también un claro ejemplo de hidalguía, nobleza y caballerosidad. Antes de empezar un partido los equipos se saludan e intercambian banderines y escudos. Al finalizar, de igual manera, se despiden y, a veces, se intercambian camisetas. Todo fue un juego y así se haya ganado o perdido, la vida debe seguir igual.

¡Así debería ser el partido más importante que todos jugamos a diario: el partido de la vida!

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