El escolar – Solidaridad como una de las metas del desarrollo

Entendida como el sentimiento que impulsa las personas a prestarse ayuda mutua, como la promoción de lo colectivo antes de cualquier otra consideración, que se traduce en la primacía del nosotros sobre el yo, la solidaridad podría ser considerada como sinónimo de fraternidad, adhesión, ayuda, apoyo, concordia y devoción. Es decir, lo mejor del sentimiento humano al servicio de los demás.

El niño es el gestor de su propio desarrollo; hacia él deben estar dirigidas las acciones para la construcción de la solidaridad, lo cual sería de máxima utilidad en el convulsionado mundo en que vivimos, pues la inversión que da mayor rentabilidad social es la que se hace con y por los niños, ya que se encuentran en el proceso de construcción de su personalidad y poseen una altísima capacidad de captación de los mensajes educativos y por lo tanto una gran potencialidad en su formación ciudadana.

¿Por qué trabajar por la solidaridad?

Porque trae muchos beneficios para el individuo y la comunidad, pues la solidaridad es el fundamento de la sociedad civil, debido a que garantiza la indispensable cohesión entre los distintos miembros de una comunidad y sienta las bases para la convivencia pacífica.

La solidaridad es indispensable para la permanencia de la sociedad humana. Si el individuo es insolidario y esta insolidaridad se generaliza, la posibilidad de vivir en sociedad sería cada vez más difícil, hasta el punto de llegar a una lucha constante entre unos y otros, lo que impediría su desarrollo comunitario y aun su propio desarrollo individual.

La solidaridad da sentido de pertenencia. La fuerza de interrelación cooperativa, de mutua ayuda, lleva a una mayor interrelación con el grupo y a un compromiso por el trabajo en equipo y por lo tanto a sentir como propias las realizaciones colectivas.

La solidaridad invita a vivir en armonía. El control de los instintos primarios de autosatisfacción egoísta, por medio de la educación y la cultura, orientados a una mayor conciencia y compromiso por el mundo de los otros, lleva a una interrelación de intereses que armoniza la vida en sociedad.

La solidaridad es lo mejor de la humanización. La solidaridad adapta al ser humano a la solución de las necesidades de la vida en común, a la realidad, cuando ella, la solidaridad, se transforma en representación colectiva, hasta tornarse en representación de especie, o sea, a la definición de especie humana, al llegar al máximo de su desarrollo. Por lo tanto, la persona más humana será la más solidaria.

La construcción de la solidaridad

La solidaridad se construye día a día, momento a momento, y tiene como base el vínculo afectivo y los modelos adultos, lo que dará al niño seguridad y confianza en sí mismo y en los demás.

La solidaridad se construye con tiempo y voluntad, con base en modelos dignos de imitar y con la orientación educativa hacia la socialización, con el empleo de la metodología indispensable del juego infantil. El respeto, apoyo, estímulo y orientación al juego de los niños, con una solidaridad sugerida y estimulada en las actividades lúdicas, se va incorporando progresivamente en la cotidianidad infantil para construir la fraternidad lúdica inicialmente y luego la fraternidad social.

Cuando las poblaciones humanas lleguen a tener intereses comunes; a compartirlos, disfrutarlos y vivirlos intensamente en comunión con las demás, hasta llegar a una verdadera comunidad que busque objetivos comunes, con metas colectivas, se lograría una genuina revolución social en la que el sentimiento solidario individual se sume al sentimiento de solidaridad social para una transformación radical de profundo contenido humano.

Grupo de Puericultura
Universidad de Antioquia

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