El Escolar – Mentir, robar y hacer trampas

Mentir, robar y hacer trampas son comportamientos valorados negativamente por la sociedad, que hacen parte de los mecanismos de regulación social que tienen las comunidades y que permiten vivir en armonía.

Quienes se apartan de esas conductas son valorados positivamente por el grupo. Por eso para los padres es fundamental que sus hijos no tengan esos comportamientos y que, por el contrario, se acerquen a la verdad, la honestidad y rectitud.

El fomento de esos últimos valores constituye un reto para la crianza de los hijos. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre el significado del mentir, robar y hacer trampas para un niño en la edad escolar.

Con la mentira, una persona actúa sobre la mente de otra mediante el engaño para lograr satisfacer una necesidad. El engaño significa que no existe una concordancia entre lo que dice y el sentimiento o pensamiento de la persona que habla. La persona engañada actúa siguiendo el contenido de lo que le han dicho y puede verse perjudicada o sentirse ofendida con ese comportamiento.

Una reflexión que se plantea es si en el proceso de crianza es posible trasmitir la verdad como un valor absoluto, real y deseable. Los seres humanos vivimos muchos actos de mentiras. Cuando un padre de familia se sienta frente a la televisión para ver una telenovela está asistiendo a un montaje ficticio; él conoce perfectamente que los actores de la pantalla están representado un papel, siguiendo un guión, montando una trama que le permite al televidente distraerse, divertirse o simplemente pasar el tiempo. El actor y el televidente están de acuerdo en seguir con ese montaje ficticio.

La vida cotidiana tiene mucho de representaciones y teatralidades: cuantas veces un empleado tiene que ir a trabajar pero preferiría quedarse en casa, y luego en el trabajo tiene que representar adecuadamente su papel para que la armonía empresarial se conserve.

Estas reflexiones iniciales pretenden ampliar la capacidad de pensamiento en torno al mentir, robar y hacer trampas en la edad escolar, pues el mundo no puede ser entendido como una polaridad de blanco o negro. Este ejercicio puede permitir a los adultos tener actitudes más maduras, equilibradas y ajustadas al desarrollo de los niños cuando estas situaciones ocurran.

Por supuesto, es deseable y recomendable que los niños vivan dentro de la verdad. Cuando una persona es engañada se viola su confianza, se lesiona su autoestima y se siente mal. Lo que permite la regulación y la promoción de la verdad es el bienestar, la seguridad que se da en una relación sustentada en la misma. Por lo tanto, fomentar la empatía, la capacidad para conectarse con las emociones y necesidades de los demás es el factor más importante para promover la verdad.

Una encuesta que se efectuó en el país demostró que un alto porcentaje de la población colombiana tiene los comportamientos mentir, robar y hacer trampas como actos naturales y válidos. Los encuestados respondieron que están de acuerdo con comprar libros y discos piratas, que es válido pasarse los semáforos en rojo o no pagar un recibo de servicios públicos si se da la oportunidad, entre otros. Estos valores se están transmitiendo en la crianza de los niños colombianos a pesar de los discursos y opiniones contra ellos.

Muchas veces los niños son invitados a seguir conductas que no son las de sus modelos en el diario vivir, con lo que se pretende estimular las capacidades del desarrollo emocional de los niños para que sean capaces de sentir lo que un acto apartado de las normas sociales de convivencia, como mentir, robar o hacer trampas, puede producir en los demás.

Por otra parte, también se requiere que el adulto interprete estos comportamientos según el nivel de desarrollo del niño, ya que los significados son muy distintos para unos y otros.

Así como los adultos, los niños en edades preescolar o escolar también pueden representar papeles y jugar. Esto lo hacen con la intención de divertirse o más frecuentemente para representar su mundo interior mediante el juego y lograr con esto su crecimiento y armonía interior. El niño pone en el juego todo su mundo mental y cuando dentro del mismo cambia cosas, no está mintiendo porque su intención no es influenciar a nadie. Estos juegos tienen un espacio y tiempo virtual que ellos no siempre diferencian de los reales y son interpretados como mentiras por lo adultos.

La fantasía es el recurso más importante para fomentar la resiliencia (capacidad de afrontar la adversidad). Diferenciar las cosas inexactas que dicen los niños de las mentiras es fundamental para no rotularlos de mentirosos ni lesionar su autoestima. Por ejemplo, un niño puede decirse a sí mismo que su padre se fue de viaje cuando en verdad ha sido abandonado. En este caso no es una mentira, el niño no está engañando a nadie, solo esta protegiéndose a si mismo. Intentar que su relato sea fiel a la verdad, en casos como este, es lesivo para su desarrollo.

Desde la definición que se ha hecho de mentir, el niño en la edad escolar ya tiene la capacidad para decir mentiras. El adulto tiene que preguntarse cuál es la razón que motiva a un niño a mentir. Una de las razones más frecuentes son las normas rígidas y exigentes con castigos severos por parte de los padres, lo cual induce al niño a mentir para evitar las reprimendas. En estas situaciones es recomendable que los padres reflexionen sobre esas pautas y normas de crianza, y ajustar las mismas al bienestar de los niños.

Otras veces el niño miente, en especial cuando este comportamiento es repetido, para llamar la atención. En esta situación, lo que el niño fundamentalmente está pidiendo con su conducta es afecto y los padres deben cuestionarse sobre la protección, el cuidado y el amor que le están dando a sus hijos.

Se debe reafirmar que muchas veces los niños mienten porque lo aprenden de sus adultos cuidadores.
Los niños en edad escolar ya se han apropiado claramente del sentido de propiedad. Ellos ya saben que tomar lo que no les pertenece es un acto inadecuado. Nuevamente, el principal factor de protección para la prevención de este comportamiento es la promoción de la empatía en los niños.

Los padres tienen la responsabilidad de garantizar las necesidades básicas de sus hijos; este también es un factor de protección contra la aparición del robo, aunque se debe hacer claridad de que la pobreza no justifica esta conducta.

Usualmente, el robo en los escolares tiene un significado que trasciende la apropiación del objeto. El robo puede expresar algunas carencias como falta de reconocimiento, afecto, baja autoestima, tristeza, o enojo. Comprender estas razones ayuda a los padres a reaccionar con tranquilidad y a aprovechar la experiencia para reflexionar sobre las necesidades o vacíos de su hijo y darle la ayuda que necesita. Nunca se debe estigmatizar al niño por este comportamiento, pero si se debe hablar claramente del hecho.

El robo por un escolar necesita tener una consecuencia lógica del mismo teniendo en cuenta todos los factores que influyeron en su aparición, lo cual puede convertirse en un factor de crecimiento para el niño y la familia. Cuando hay una solución satisfactoria al problema y la evolución en el tiempo demuestra un comportamiento adecuado del escolar el antecedente debe ser olvidado. En casos en los que esta conducta sea repetitiva se debe buscar ayuda de un profesional.

El acercamiento de los padres hacia un niño escolar tramposo debe seguir las mismas reflexiones y recomendaciones que se han planteado para el niño que miente o roba.

Recomendaciones

  • Promuevan la empatía y la expresión de las emociones en sus hijos
  • Pregúntense que tan importante es para ustedes la honestidad y como es su nivel de práctica de la misma
  • Entiendan que mentir robar y hacer trampas en un niño escolar tienen un significado distinto al que tiene en los adultos
  • No mientan ni hagan trampas: eduquen siendo modelos
  • Generen un ambiente de confianza en su hogar, como un modo de que su hijo se sienta cómodo para contarle sus cosas
  • Nunca estigmaticen a su hijo como mentiroso, ratero o tramposo
  • Pregúntense que quiere transmitir el niño con esos comportamientos
  • Cuando estos comportamientos ocurren, hagan que esta experiencia se convierta en un factor de crecimiento para el niño y la familia

Carmen Escallón Góngora
Pediatra – Terapista Familiar

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