El escolar – La adultización de la niñez

Asistimos durante los últimos años a un fenómeno complejo de adultización de la niñez, que analizaremos desde varias perspectivas. Para algunos este fenómeno, sinónimo de utilización de la niñez, obedece a la relación indisoluble de los medios de comunicación, la tecnología y el mercado. Valeria Dotro afirma que es el nuevo sistema comunicativo con el que se socializan los niños, los jóvenes y los adultos, el que propone las formas de ver, comprender y actuar en el mundo, Este sistema ocupa un espacio privilegiado en la construcción de la historia y la conformación de la identidad de las personas y de las sociedades.

Frente a los acelerados cambios que atraviesa el mundo en materia de comunicación y tecnología, de la mano con los fenómenos de globalización económica y cultural, la influencia y el impacto de los medios de comunicación durante las últimas décadas llega a redefinir la categoría de infancia y de juventud. Se ha erosionado la línea tradicional que dividía el mundo infantil del mundo juvenil y del adulto. Es urgente reflexionar, poner en debate el nuevo mundo infantil, la postura de los adultos acompañantes frente a esta situación real y poco modificable hacia ideales pasados.

Vivimos un proceso de transformación constante, desde los medios, la cultura, y el mercado, pero también desde la perspectiva de desarrollo del ciclo vital humano y de la familia. El niño también, como gestor de su propio desarrollo, crece y “madura” de acuerdo con la relación que tenga con sus progenitores, hermanos y demás familiares, la escuela y la sociedad; dentro de esta serie de relaciones y mensajes podrá aprovechar los pocos o muchos años de niñez satisfactoriamente o en el caso de la falta de oportunidades se verá inmerso en el mundo productivo del adulto, en situación de niño trabajador, como actor directo en el conflicto armado, como madre adolescente, como adulto en miniatura por cuanto debe asumir responsabilidades que no le competen a un niño, como la crianza o cuidado de los hermanos, ayudar al sustento económico cuando faltan los progenitores y el desempeño de labores domésticas a cambio de estar en la escuela, de tener tiempo para jugar, socializarse con sus familiares y con sus pares .

Debe recordarse que lo que hoy entendemos por niñez no ha existido siempre, la niñez surgió con la imprenta y la necesidad de aprender a leer, así en la edad media se ingresaba a la vida adulta a los 7 años, pero no había un mundo propio de los niños, ni forma de vestir propia de esta época, pero si se evitaba inculcar la brutalidad, la sexualidad y la violencia. Hoy la televisión destruye día a día lo que en la edad media era importante en los niños: ocultar el contacto con la violencia, la brutalidad y la sexualidad en etapas tan tempranas.

No se trata de tener una posición inadecuada y anticuada de “ocultar” la violencia, la brutalidad y la sexualidad a los niños, aspectos inherentes a la naturaleza humana, pero tampoco de darle el papel protagónico en los programas de televisión, las películas y la propaganda comercial a los mensajes de violencia, de brutalidad y de genitalidad, sin dar opción a observar otros valores y otras formas de vida: la pacífica, de cooperación, solidaridad y respeto. Desafortunadamente lo que se muestra así, desde la perspectiva de valores, parece que “ no se vende” y por eso no se produce. Desde el siglo XVII y hasta hoy los padres empezaron a preocuparse más por la formación de los niños, y se comparte con las escuelas la tarea de “formación”, para obtener unos ciudadanos modelo. Con el argumento de que “los niños de hoy serán los hombres del mañana”, la niñez ha sido durante los últimos años tema de estudio y de reflexión profunda. Pero actualmente se cae de nuevo en el olvido del niño de hoy, de su ser y quehacer, porque rápidamente lo queremos tener como adulto.

Repercusiones de la adultización:

El mundo actual es manejado por la imagen, afirma Eliseo Verón en el texto “El cuerpo de la imagen”: la imagen opaca la imaginación, aniquila la receptividad y acelera las etapas de crecimiento y adultización de los niños. En la salud física y mental: se observa hoy mayor frecuencia de enfermedades de adultos en niños, como la diabetes tipo 2, los trastornos de la alimentación como anorexia y bulimia en edades de 9-10 años, la obesidad infantil que constituye un problema en aumento en Colombia y algunos países desarrollados, por las prácticas inadecuadas de alimentación desde los primeros años de vida. Los trastornos depresivos mayores con ideas suicidas y suicidios en edades tan tempranas como 7 y 8 años.

El niño trabajador:

cada día con más prontitud el niño se vincula a la vida laboral, por las dificultades económicas de sus familias y la tendencia cultural a la sobrevaloración del trabajo y la obtención del lucro. El niño que trabaja no se socializa en el hogar y la escuela sino en la calle o sitio de trabajo. El niño que trabaja pierde generalmente la oportunidad de desarrollar a través del juego y del estudio las potencialidades y competencias en lectura, escritura, cálculo matemático y el desarrollo del espíritu artístico y deportivo. El nino no tiene la madurez física ni psicológica para asumir la carga laboral de un adulto, además con frecuencia no cuenta con las medidas de proteccion y remuneración correspondientes al trabajo que realiza. Los niños de hoy no tienen tiempo para ser niños. Una de las características de la adultez es la falta de tiempo para hacer todo “lo que se tiene que hacer”: tener una profesión, un trabajo, una pareja etc,. Los niños tienen que ir a la escuela, luego asistir a las actividades extra-clase y no tienen tiempo para el juego libre y las cosas de niños.

La escuela en el proceso de adultización de la infancia:

La escuela y los maestros tienen un rol privilegiado por su relación con los niños y el papel que pueden desarrollar de acompañamiento como mediadores del aprendizaje de conocimientos, pero también como facilitadores de ambientes reflexivos frente a las amenazas sociales, culturales y económicas para los niños. Desafortunadamente algunos docentes no están preparados para promover actitudes positivas y críticas por su preparación académica y personal, lo que los convierte solo en transmisores de conocimientos.

¿Qué hacer?

Frente a la adultización o la “adulteración” de los niños, afirma el escritor Luis María Pescetti, que es necesario saber llegar al niño, a esa ingenuidad que conserva en el fondo, utilizar herramientas como el cuento, la literatura, la reflexión sobre lo que ven y oyen de los medios para inculcar ciertos valores y dejar que sean los niños los que evalúen lo conveniente o no de actitudes como estar al servicio de la tecnología, de la moda o del mercado. Los padres y adultos acompañantes deben empezar por reconocer que aunque inmersos en una sociedad consumista, no por esto deben ser esclavos de esta. Es preciso como consumidores de tecnología enfrentar el dominio de ésta sobre los niños. Con los juegos electrónicos y de video, los celulares y los equipos de música se debe tener precaución en ofrecerlos sin ningún control sobre su uso y abuso. Por el contrario, si se puede adquirir un equipo de estos fijar normas sobre su uso con tiempos definidos que no aislen a los niños en forma permanente y con los que se conserven espacios socializadores en el hogar. Los padres sacrifican el tiempo de calidad para jugar, para hablar con sus hijos a cambio de disponer de estos recursos costosos, de vida media corta, por la competencia, “por estar a la moda”, por tener el mejor y el último equipo disponible en el mercado. En las clases con menos poder adquisitivo probablemente los niños no pueden tener los últimos equipos de juegos de video, pero de igual forma se da prelación a la televisión como mejor compañía y socializadora de los niños.

La invitación es hacia los juegos de cooperación, al juego libre, a los juegos tradicionales, hacia el rescate de las prácticas deportivas y la actividad física en familia, la visita a las bibliotecas y ludotecas públicas, a los museos, zoológicos y parques recreativos. Los niños necesitan espacios para ser niños: desde las políticas de las instituciones educativas de no dejar tareas extenuantes para la casa y de fomentar el juego libre, las actividades interclases e interinstitucionales con participación masiva de los estudiantes, fortalecer programas de lectura en familia, para que organicen sus clubes, sus juegos, sin la participación del adulto como figura central y espacios de reflexión frente al consumismo y la esclavitud del mercado. Los adultos como consumidores de tecnología y de información deben hacer uso de los espacios para exigir mayor calidad en los programas, de mejorar los ratings de los programas menos taquilleros pero más socializadores.

“El ejemplo arrastra”:el niño hace más fácil lo que nosotros hacemos como padres, modelos o adultos significativos, que lo que les decimos con palabras huecas o cantaletas ruidosas. Comprometámonos con espacios socializadores transmisores de valores, de cultura y que trasciendan: comidas en famliia, televisión en familia. Rescatemos las celebraciones del comercio, los días del consumo (día de la madre, del padre, del amor y la amistad) como días de la familia, donde la escucha, el abrazo y el tiempo juntos reemplacen los objetos de regalo.

La reflexión va hacia la infancia que estamos acompañando, diferente a la nuestra, a la de nuestros padres y abuelos pero no por eso menos importante en el proceso del crecimiento y desarrollo del ser humano y de la sociedad que queremos. Vivimos en una época de transformación rápida, de la cual no se escapa el proceso de crecimiento y maduración, pero que con una actitud crítica podemos aprovechar.

Para algunos es apocalíptica la duración del tiempo que hoy conocemos de la niñez, pero depende de que los gobiernos, las sociedades y los padres y adultos comprometidos con los niños respetemos el espacio para los niños y su niñez sin que la cultura nos lo arrebate.

Olga Francisca Salazar Blanco
Médica Pediatra
Universidad de Antioquia