El Escolar – Algunas características del niño escolar

La vida emocional del niño alrededor de los seis años se caracteriza aún por el estallido frecuente y algún descontrol. De los seis años (a veces desde los cinco) los niños conforman grupos de amigos, aún inestables: hacia los ocho años toma mayor fuerza y estabilidad la agrupación social de los niños, que sigue siendo de un solo sexo. La fuerza y estabilidad del grupo aumentan en la adolescencia.

Si bien hasta los seis años el niño confunde todavía la fantasía con la realidad en sus juegos, posteriormente, sin perder su capacidad de fantasear, estos se tornan más realistas, lo que refuerza lo característico de su pensamiento, ahora concreto.

De la preferencia por los juegos individualistas, los niños pasan a interesarse progresivamente en deportes de equipo, que les dan oportunidad de desarrollar habilidades, compartir y ayudar.

Aún a los ocho años los niños están centrados en ellos mismos; les gusta desaprobar a los otros, pero que los aprueben a ellos. Les es muy difícil adoptar el punto de vista del otro. En esta transición, los padres, los profesores y otros adultos de las instituciones, que tengan que ver con el escolar tienen un papel definitivo en su interacción recíproca con el niño, mediante la cual podrán respetarlo, aprobar sus puntos de vista y a aceptarlo. Solo así el niño podrá aprender a aceptar al otro, respetarlo y tener en cuenta sus puntos de vista, aunque sean diferentes a los suyos. En la niñez el niño vive el mundo en que se funda su posibilidad de convertirse en un ser capaz de aceptar y respetar al otro desde la aceptación y respeto por sí mismo.

Al acercarse a los diez años su estado emocional es de mayor equilibrio, las relaciones interpersonales son relativamente estables, hay menor agresión física, pero mayor agresión verbal, es la época de las peleas; la familia sigue siendo su centro vital más significativo y, en la escuela primaria, es evidente el deseo de los niños por estar con los amigos del mismo sexo; cada vez es mayor la importancia que el escolar le da a la aprobación de sus compañeros de clase, y valora especialmente a sus profesores, con los cuales establece una relación directa y de gran significación afectiva.

Para muchos, el niño de siete a once años es el más interesante y llamativo de la escuela, por su alegría, energía, su creciente capacidad en el aprendizaje, su tolerancia a las tareas repetitivas aunque no sean de su especial interés, cosa que no ocurre con el adolescente.

El niño escolar juega intensamente y duerme profundamente. Posee una relativa estabilidad en su desarrollo emocional, antes de la pubertad. Sin embargo, esto no lo exime de sentir temores y ansiedades, frecuentemente como reacción a fenómenos misteriosos relacionados con fantasmas, cadáveres y animales, asociados con mensajes amenazantes de los adultos, tales como: “te voy a entregar a los duendes”, “te va a llevar el diablo”, “te va a comer ese animal”, etcétera. Es deseable que los adultos no generen temores innecesarios en el niño, evitando ese tipo de mensajes.

Olga Lucía López de Echeverri
Trabajadora social
Terapista familiar