El duelo en la niñez y la adolescencia

El duelo en la niñez y la adolescencia

Cada niño experimenta el duelo a su manera y tarda más o menos en aceptar su nueva realidad. Para asumir mejor la muerte, esta debe verse como parte de la vida. Consejos.

Por: Zenaida Pérez Restrepo
Licenciada en Educación Infantil Puericultora especialista en intervención de los procesos familiares

Afrontar la realidad de acompañar a un niño, niña o adolescente en la experiencia traumática de perder un ser querido es algo que no quisiéramos tener que vivir. Es un tiempo de dolor, confusión, entumecimiento emocional y de gran abatimiento, en el que pocas veces se encuentra la manera adecuada de explicárselo, cuando es ocasionado por la muerte de un ser amado.

Con frecuencia se considera que en la niñez no se entienden las pérdidas o que no se les debe exponer a este sufrimiento, por lo que se suele tratar de disimular la situación para que parezca que todo es normal y que nada pasa. Al afrontar la situación es común utilizar nuestra capacidad creadora para explicar la muerte utilizando frases como: todo está bien, esa persona se ha dormido, se ha ido para un viaje muy largo, se fue para el cielo… Lo cierto es que esto no basta, pues siempre la pérdida se hace evidente por los movimientos y el ambiente que se percibe en la familia. El concepto sobre la muerte en la niñez y la adolescencia En cada edad se tiene un concepto propio de la muerte, siendo mayor la comprensión de acuerdo con la edad, el desarrollo emocional y el entorno. Las experiencias previas con la muerte llevan a familiarizarse con el proceso, como en el caso del padecimiento de una enfermedad terminal o por la muerte de un miembro de la familia, un amigo o una mascota.

Las historietas, los dibujos animados, las películas, los programas de televisión, los videojuegos e incluso los libros contienen imágenes relacionadas con la muerte, que ayudan a la formación del concepto. Tratar la muerte como parte de la vida es una tarea difícil, pero puede ayudar a aliviar el miedo y la confusión que se asocia con ella. El manejo de la muerte debe hacerse en el marco de las creencias culturales, la edad y madurez, así como las costumbres de la familia.