El duelo

Es el sentimiento de dolor que acompaña el proceso de adaptación emocional, conductual, físico, social y espiritual que se produce ante la pérdida de un ser amado, un objeto querido o una capacidad. Es un proceso de respuesta normal que duele y conlleva a un proceso de elaboración de lo diferente, una adaptación a lo nuevo. Este proceso se conoce técnicamente con el nombre de elaboración del duelo, expresado en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se ha roto.

El duelo es una respuesta natural que cada persona lo experimenta a su modo. Aunque produce reacciones comunes, se necesita ayuda para soportar el sufrimiento.  Comienza con la pérdida y termina con la aceptación de la nueva realidad.

El acompañamiento en el duelo

Ser completamente honestos es la mejor manera de hacer el acompañamiento con el fin de lograr el acercamiento a la realidad que se está viviendo, sin ocultar lo que está pasando con la pretensión de ahorrar el sufrimiento.

Según el psicólogo estadounidense William C. Kroen, acompañar a un niño es permitirle estar cerca, sentarse a su lado, sostenerlo en brazos, abrazarlo, escucharle, llorar con él, dejar que duerma cerca, aunque es mejor en distinta cama.

Algunos elementos que se deben tener en cuenta para el acompañamiento son:

  • En todas las edades se responde a la muerte de una manera particular y se necesita apoyo y alguien que escuche, tranquilice y disipe los miedos, sin descalificar sentimientos, emociones o expresiones.
  • Cuando se experimenta una pérdida, se necesita ayuda para aprender a lidiar con ella. No hay modo de proteger o asilar de la muerte, por lo que es necesario aprender y enseñar que la muerte es parte de la vida.
  • Las memorias sobre el proceso de la muerte son parte del proceso de duelo y no es malo pensar en la persona que murió.
  • Los rituales son parte de la vida infantil y adolescente y son una buena manera de decir adiós y hacer realidad la muerte, por lo cual no deben ser excluidos de los rituales de la familia, pues su participación ayudará con el sufrimiento.
  • A medida que se avanza en el desarrollo se pueden volver a lamentar las pérdidas a la luz de nuevos conocimientos y habilidades: el dolor no tiene límites de tiempo.

Aunque resulte muy doloroso y difícil hablar de la muerte, es mejor hacerlo lo antes posible, pero no cuando acaba de suceder.  Preferiblemente después de las primeras horas de mayor dramatismo y confusión, propiciando un momento y un lugar de poca concurrencia y explicando lo ocurrido con palabras claras, sencillas, sinceras y entendibles.  Por ejemplo, se puede decir: ha sucedido algo muy doloroso que nos pone muy tristes.  Tu mamá ha muerto y ya no podemos tenerla más con nosotros porque ha dejado de vivir.

Lo que más ayuda a los niños, niñas y adolescentes ante las pérdidas es reencontrar el ritmo cotidiano de sus actividades: el colegio, sus amigos, sus juegos familiares, las personas que quiere.  También es fundamental garantizarles el máximo de estabilidad posible. En este sentido, no es un buen momento por ejemplo para cambiarlo de colegio o para imponerle nuevas exigencias.

por: Zenaida Pérez Restrepo
Puericultora
Licenciada en Educación Infantil