El dibujo como forma de expresión de los niños

Por: Sara Correa Pérez y
Natalia Mazo Correa
Residentes de Pediatría – Universidad de Antioquia

A lo largo de la historia, mucho se ha estudiado sobre la evolución que ha tenido el ser humano en la forma de comunicarse, y cómo se ha transformado su capacidad intelectual para satisfacer esa necesidad innata de expresar sus pensamientos, vivencias, deseos, dudas, ideas e incertidumbres que le han permitido socializar con otros. De acuerdo con registros históricos, desde hace más de 35.000 años el dibujo ha sido el medio más usado por nuestros antecesores para comunicarse y dejar registros de sus actividades, creencias y cultura. Actualmente, sigue siendo una técnica empleada por la humanidad sin distinción de raza, género o edad.

El dibujo es arte y comunicación, en primera medida es el arte de graficar, es la manifestación del trazar o plasmar los contornos de un objeto real o ficticio. En contraparte y como intención comunicativa, el dibujo es un lenguaje universal, que facilita describir algo que estaba oculto, así como deja ver o revelar un significado del pensamiento de su autor, ya que sin mediar palabras es posible transmitir ideas de modo gráfico que resultan comprensibles para todos.

Desde el siglo XIX hubo un interés particular en conocer el arte infantil. El historiador italiano Corrado Ricci, en su libro L’Arte dei Bambini (El arte de los niños), en 1887, publicó la primera colección de 1.250 dibujos y esculturas infantiles, concluyendo que el niño no representa nunca aquello que ve, sino lo que sabe y recuerda; esto es, lo que más le impacta, le interesa y le motiva.

¿Qué se puede ver en un dibujo?

Las particularidades de cada dibujo representan a cada niño y adolescente, proporcionan diversas interpretaciones de lo que, de forma espontánea, quieren expresar; son, por lo tanto, herramientas útiles para valorar su nivel mental, comunicación y afecto. Desde la actitud, su mirada y la forma de tomar los lápices, los niños pueden mostrar características de su personalidad. También las cualidades específicas, como un tamaño grande y la ubicación central, demuestran una adecuada autoestima. El uso adecuado del orden y el manejo del espacio en las representaciones plasmadas manifiestan confianza y seguridad.

Por el contrario, representaciones en donde se omiten o distorsionan partes importantes, como, por ejemplo, los ojos o la boca de una figura humana, pueden significar dificultades o conflictos entre la relación de los personajes del dibujo. Es por esto por lo que se considera que el autor es el único que sabe realmente su significado, lo que hace necesario escuchar el relato detrás de cada uno de los trazos realizados.

Etapas del dibujo

El dibujo es una modalidad de las artes plásticas que pasa por diferentes etapas de acuerdo con el neurodesarrollo de su autor. Las creaciones gráficas se implementan como algo cotidiano, sinónimo de juego y desarrollo de habilidades motrices. La evolución del dibujo en los niños preescolares se da en dos fases: el garabateo y el dibujo preesquemático; posteriormente, el escolar desarrolla las etapas esquemática y realista y se termina en la adolescencia con la representación espacial.

El garabateo tiene tres subetapas: inicia con el dibujo descontrolado alrededor de los dos años, donde el niño detalla las habilidades motoras finas, aprende a manejar los instrumentos, y es algo divertido. Luego está el garabateo descontrolado, que se da cerca de los 30 meses, en el que predomina el entendimiento de la relación de causa y efecto entre el lápiz y el papel, desarrolla la coordinación mano±ojo y logra controlar sus movimientos iniciales. Y la tercera, es el garabateo con nombre, que se presenta en torno de los tres a cuatro años, donde el niño intenta dar un significado a sus manifestaciones artísticas e implementa el uso de los colores de una forma intencionada.

Entre los cuatro a siete años, comienza la etapa preesquemática, en la que se busca una forma definida a la hora de dibujar; se aproxima a la agrupación de figuras geométricas para darles representación de personas, objetos y lugares. La etapa esquemática, por su parte, va aproximadamente de los siete a los nueve años, y en ella se identifican formas más definidas, se resalta el detalle en las figuras, y, además, se adicionan al espacio la relación de sus figuras, apareciendo el suelo como línea horizontal. De los 9 a los 12 años, surge el realismo, por medio del cual buscan interpretar en el dibujo las cosas como las ven, teniendo en cuenta las dimensiones reales, la luz y las sombras. Finalmente, a partir de los 13 años, en la fase de representación espacial, los detalles y rasgos de los dibujos humanos cobran importancia, así como las proporciones de los objetos y la simulación de escenas que plantean terceras dimensiones.

Beneficios del dibujo y su relación con las metas del desarrollo

Los niños, desde la primera infancia, tienen a la mano una forma muy significativa para su expresión y es la representación gráfica a través del dibujo. Para su creación y realización, se requiere la integración de procesos psicológicos, cognitivos y motores, lo que favorece el logro de hitos del desarrollo como la coordinación óculo-manual y la motricidad fina, al fomentar la destreza del uso de herramientas como los lápices de colores, las pinturas y el papel.

Estas experiencias sensoriales estimulan, adicionalmente, el dibujo libre, la imaginación y las capacidades creativas propias del niño, quien cumple un papel activo como protagonista de su propio proceso formativo, implicando el uso de funciones perceptivas complejas y cognitivas, como son la memoria o la inteligencia espacial; lo anterior, está muy relacionado con la estimulación llevada a cabo en cada uno de los entornos donde crece. Se ha encontrado que el cerebro de las personas con mayores habilidades de creatividad originadas en actividades artísticas visuales, desarrollan mayores cambios de la sustancia blanca prefrontal, asociados con comportamientos complejos que involucran la planificación y el establecimiento de metas a largo plazo.

El dibujo fomenta el desarrollo de habilidades sociales adecuadas en los niños, lo que ayuda, a su vez, a construir relaciones más solidarias, facilita la interacción social de estos con sus familias y crea acciones positivas para una crianza humanizada, además de ser un medio de expresión de los sentimientos.

La manifestación de emociones, sentimientos y sensaciones en el papel posibilita transformar el dolor, la tristeza y la angustia, por actitudes positivas y optimistas ante la vida, a partir de imaginar escenarios y visualizar sus deseos y proyectos hacia el futuro. Es una forma de reevaluar el sentido de la propia vida y generar estrategias de resiliencia que favorecen la madurez psicológica, motora, intelectual y afectiva.

La originalidad y creatividad al dibujar generan capacidades para afirmar las opiniones propias y ayudan a la construcción de su autonomía, a partir de la madurez de las formas de pensamiento, entendimiento y personalidad. Esta meta del desarrollo se fortalece mucho en espacios educativos en virtud de la exploración del conocimiento, en donde se integran el diálogo y el saber a través del escuchar, aprender y comprender la interpretación de los dibujos de los demás, así como el ser escuchado y valorar las diferencias entre los compañeros.

Así mismo, su autoestima se consolida fomentando una mayor confianza en sí mismo, y se manifiesta en el dibujo con una buena organización del espacio, figuras con brazos y manos abiertas, un tamaño grande del gráfico con una adecuada distribución y expresión positiva en las caras cuando aparecen varias figuras.

La felicidad es impartida por sus creaciones, los niños ven la práctica del dibujar como un modo de juego, que les permite transmitir de forma libre y espontánea sus ideas, provocándoles placer. La felicidad se aprende y se construye lo mismo que se va haciendo con la técnica del uso del lápiz y el papel. Al ir adquiriendo mayores habilidades, los niños van asimilando y logrando mayores capacidades para plasmar la realidad y su modo de vida, a la vez que manifiestan situaciones de superación, cuando a través del dibujo logran recrear momentos inolvidables de su historia.

Desde el área de la salud, el dibujo sirve como una aproximación al psiquismo infantil, para romper el hielo y facilitar la evaluación, establecer un ambiente de confianza entre el examinador y el paciente, así como una herramienta para el diagnóstico; debido a que cada detalle indica el correcto desarrollo en la niñez, o, por el contrario, dan señales que revelan la posible existencia de problemas. El dibujo se integra, adicionalmente, ante las diversas alternativas terapéuticas establecidas en trastornos del desarrollo como psicológicas, con la aplicación tanto en entornos familiares como educativos.

Estudios han demostrado que después de brindar espacios para dibujar y plasmar los sentimientos de los niños que han vivenciado experiencias adversas en la infancia, estos pueden vencer los temores y construir o reconstruir alternativas que los llevan a superar sus obstáculos.

Como forma de expresión

Los dibujos son la forma de lenguaje más sincero y espontáneo infantil, sirven como una ventana de entendimiento del niño hacia el mundo exterior y para visualizar ese mundo interior de cada persona; pueden ser una demostración del nivel de comprensión de los niños, así como un medio de expresión artística de sus pensamientos y emociones. Son la representación a otra escala de cómo ellos se visualizan en la vida real, sirven como medio para encontrar su identidad y empalmar su conocimiento concreto y abstracto. Es así como estos pueden servir como un mejor medio de comunicación que el oral, para relacionarse, por ejemplo, con aquellos niños que apenas están empezando a aprender a hablar un nuevo idioma, o que simplemente pertenecen a otra cultura.

En el proceso de realización de los dibujos, se pueden establecer formas adicionales de expresión como movimientos o sonidos: muchos niños en el transcurso de su creación verbalizan el significado de sus representaciones, elaborando trazos con sonidos onomatopéyicos que reproducen choques, mientras que hay aquellos que en el silencio esconden significados; sin embargo, entre coches o personajes, guerras, caídas y animales, siempre habrá una historia.

Acompañamiento

Los padres, maestros y cuidadores deben reconocer la expresión artística como posibilitador de experiencia y aprendizaje. Al reconocer que el entorno es de gran relevancia para el desarrollo temprano del cerebro, se pueden tener en cuenta consideraciones para promover un desarrollo cerebral óptimo a través del medio ambiente, por lo que es ideal propiciar espacios en el hogar y en las instituciones educativas para que el niño pueda estar en entornos tranquilos para lograr concentración y facilitar su creación. Adicionalmente, la interacción con pares en un medio creativo fortalece los vínculos y las relaciones sociales, así como la adquisición de experiencias nuevas y la curiosidad.

Entre las estrategias que se integran con el dibujo libre y la autoexpresión, están los juegos, el recrear historias, imaginar situaciones y proponer nuevas soluciones ante problemáticas del diario vivir, que los lleva a ir más allá de sus creaciones, a tomar nuevos riesgos y a aprender de sus errores. Adicionalmente, los sensibiliza a ser activos y proactivos ante las situaciones, y afianza la seguridad en sí mismos, en sus ideales, pensamientos y autonomía.

Los estímulos recibidos de su entorno personal, familiar, social y educativo, así como las experiencias vividas, son la base fundamental para las temáticas a recrear en los dibujos de los niños. La imaginación en las obras de arte se construye a partir de su propia realidad, de los recuerdos, de la transformación con nuevas aristas generadas a partir de su creatividad. No se debe buscar la perfección del dibujo, sino estimular el proceso como forma de desarrollo.

Incentivar la posibilidad de elegir los implementos, los colores, la temática y las figuras, al igual que aprender técnicas artísticas, utilizando pinceles, lápices, pintura y arcilla, facilitan el desarrollo de habilidades a partir de la integración de experiencias kinestésicas, que estimulan diversas áreas del cerebro y contribuyen a la maduración psicomotriz.

Lecturas recomendadas

  • Gines-Martínez LC. Siempre estaré: duelo, dibujo y resiliencia. Vol. 2. Universidad Distrital Francisco José De Caldas; 2018. Disponible en https://repository.udistrital.edu.co/handle/11349/14387
  • Ostúa-Garrido A. El dibujo y las emociones [Internet]. Universidad de Cantabria; 2017. Disponible en: https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/12753/Ostua GarridoAndrea.pdf?sequence=1
  • Posada-Díaz Á, Gómez- Ramírez JF, Ramírez-Gómez H. El niño sano. Medellín: Ed. Med. Panamericana; 2015.