El desarrollo moral de los niños

Históricamente el desarrollo moral de los niños y adolescentes estuvo muy ligado al desarrollo de costumbres, hábitos y buenas conductas o maneras en el hogar y en el colegio.  De hecho, la palabra moral, viene del latín mores, que significa  “maneras”. El desarrollo moral fue estudiado con cuidado por psicólogos del desarrollo como el suizo Jean Piaget y el estadounidense Lawrence Kohlberg, quienes demostraron  que al igual que en el juego, la moralidad se aprende por observación y se construye por imitación e identificación.

Según el psicólogo estadounidense Gerald Patterson, el desarrollo de valores basado en qué está bien y qué está mal integra varios elementos;: el desarrollo de la conciencia, el acumular experiencia, el sentir vergüenza o culpa, el desarrollo de adecuación al grupo y el reconocer lo que la sociedad espera de sus individuos. Todo esto obliga a reconocer las costumbres y a comprender que cuando estas se infringen necesariamente tiene que haber correcciones.

Este último aprendizaje depende de los adultos que rodean a niños y adolescentes porque estos aprenden mejor cuando los adultos que los rodean son justos y equilibrados en sus reconocimientos y correcciones, de tal modo que los padres que escogen sensatamente un colegio lo hacen porque consideran que el grupo social que conforma el colegio, maestros y familias, comparte las reglas y valores de ellos.

El desarrollo de la conciencia contiene un elemento de control interno que logra diferenciar lo que es correcto de lo que es incorrecto.  Esto se aprende en el hogar y en el colegio, pero no de manera pasiva observando videoentretenimientos o televisión, por consiguiente, padres y maestros tienen una función fundamental como acompañantes en el desarrollo de la moralidad.

La culpa y la vergüenza están íntimamente ligadas a los conceptos de bien y mal, esto es, a la adaptación a las reglas de la sociedad y a su conocimiento, así como a la habilidad de autocriticarse y hacer propias las conductas para más adelante poder comprender las consecuencias de estas.

El desarrollo moral está íntimamente ligado a los roles de interacción social, por eso el aislamiento no contribuye al buen desarrollo de la moralidad. Cuanto más expuestos están niños y adolescentes a los procesos de socialización, mejor será su nivel de comunicación y de comprensión de las expectativas de los demás. Por ejemplo, hacer trampa o decir mentiras en la niñez serán los primeros eventos negativos que harán que un niño comprenda su acción y en el futuro su autocontrol, sentado así los primeros fundamentos para su desarrollo moral.

Roberto Chaskel
Psiquiatra infantil
Libro “El niño sano”