El desarrollo en la edad escolar

Conducta motriz. El niño de seis años se mantiene jugando en todas partes, en actividad casi constante, de pie o sentado. Descarta el triciclo pero maneja la bicicleta, trepa, se arrastra,  juega con lazos y le encanta la pelota, la cual lanza con fuerza y sin medir los riesgos.

Los niños de siete y ocho años ya no se mantienen en actividad permanente, pero sí lo hacen por momentos, con preferencia por los juegos de acción. Trepan (son más cuidadosos con las alturas), luchan, juegan al escondite, les atrae el fútbol, el patinaje, la natación y otros deportes.  Les gusta jugar con bolitas y cometas.  A los ocho años ya tienen movimientos corporales con gracia y equilibrio.

A los nueve años son muy hábiles en su comportamiento motor, habilidad que les agrada ostentar con tendencia a excederse. Se dedican a juegos de conjunto o a montar en bicicleta.

Una característica llamativa del niño de esta edad es que en la posición de sentado es torpe: se agacha en la silla con posiciones extrañas, estira los brazos, golpea el piso con los pies, se golpea la cabeza con las manos y acerca o aleja la cabeza del objeto con el que trabaja.

A los diez años no es excesivamente activo, prefiere los juegos en la calle, utiliza la gran masa muscular que ahora posee.  Desde el punto de vista motor es una etapa de transición hacia la adolescencia.

Conducta adaptativa.  El niño de seis años tiene una pinza perfeccionada lo que le permite martillar y empuñar el lápiz con fuerza y destreza. Es capaz de copiar un rombo y puede escribir en letra de tipo imprenta. Construye torres de altura considerable.  Los niños de siete a diez años utilizan desenfrenadamente su pinza en actividades complejas como carpintería, desbaratar aparatos, hacer arreglos en la casa.  Les gusta coleccionar de todo.

En el niño escolar el sentido del tiempo y del espacio se va modificando paulatinamente:  mientras el preescolar vive en el ahora, el niño de seis años se hace consciente de su pasado temporal y espacial, el de siete ya relaciona los acontecimientos con el tiempo y el espacio, el de ocho es más responsable en relación con el tiempo y tiene una amplia concepción  del espacio (así puede explorar con amplitud su entorno) y los de nueve y diez años ya intentan controlar su tiempo y su espacio pero por lo general, dada su actividad, ambos les son insuficientes.

Conducta del lenguaje. El niño escolar amplía su lenguaje con mayores influencias por las nuevas relaciones adquiridas con maestros y coetáneos  con los cuales empieza el ejercicio de la jerga propia de cada grupo de edad en cada zona geográfica específica.

Miriam Bastidas Acevedo

Pediatra puericultora