El deporte los hará ‘grandes’

Además de la salud física y mental, la motivación fundamental para que un niño practique actividad física es su propia felicidad. Cómo estimularlos a hacerla. 

El propósito de estas líneas dirigidas a los cuidadores de niños es comentarles de los beneficios de la actividad física programada en niños y evitar que temores derivados de los posibles riesgos o condicionantes a la hora de elegir un deporte se transformen en una fobia a los traumas que tenga como consecuencia el aislamiento del niño del deporte.

El uso inadecuado y sin límites de las tecnologías de la información y comunicación, entre las que se incluyen la televisión, videojuegos, tabletas y computadores, y el llamado ‘síndrome de los niños de centro comercial’, son actividades que alejan al niño de experiencias con la naturaleza y sus pares, y generalmente demandan un menor esfuerzo físico y se asocian con un aumento de la ingesta calórica, derivadas en parte por el consumo de comidas rápidas y alimentos procesados.

La dinámica de las ciudades, el trabajo de ambos padres y el creciente número de hijos únicos llevan a que los niños permanezcan más tiempo en casa y disfruten menos de actividades al aire libre.

Es así como estamos en una época donde nuestros niños se ven enfrentados más frecuentemente a la enfermedad crónica y al llamado ‘síndrome metabólico’, donde confluyen la obesidad, la diabetes y la hipertensión.

Es entonces la práctica de una actividad físico-deportiva una de las soluciones a esta problemática. Dicha práctica se relaciona con:

–        El trabajo en equipo.

–        La disciplina.

–        La autoestima.

–        La alimentación sana y saludable.

–        La asertividad.

Los errores más frecuentes en esta práctica los cometen por lo general los propios padres. A estos les decimos que den un voto de confianza a los expertos que orientan la formación deportiva de sus hijos y que usualmente son más flexibles con ellos al comprender mejor sus procesos. En general, en la edad pediátrica al practicar deporte debemos evitar dos situaciones:

–        La competencia. Muchos padres ven la realización de sus sueños en sus hijos y les aplican una presión inadecuada por ‘ser los mejores’ en lo que ellos no pudieron serlo. El niño se convierte en un productor de medallas. La comparación siempre debe hacerse consigo mismo y no con los demás. Hay alto riesgo de frustración y va en contra de la socialización del niño, fomentando antivalores como el orgullo y la soberbia y, en el otro extremo, la baja autoestima y el aislamiento.

 

–        La motivación estética. Puede predisponer a un futuro adolescente a ser consumidor de sustancias que mejoren el rendimiento, lo cual constituye hoy un problema conocido como ‘vigorexia’.

La motivación fundamental para que un niño realice actividad física es su propia felicidad. Adicionalmente, estará sano física y mentalmente.

Sabemos que el aprendizaje y la felicidad del niño están determinados esencialmente por el juego; por eso, la didáctica del deporte es la lúdica. Es el juego el medio por el cual el niño adquiere las habilidades y destrezas para la actividad físico-deportiva elegida. No siempre este concepto es comprendido por los adultos quienes desean ‘perfección’ y ‘resultados’, generando así un sentimiento de culpa en el niño.

El papel de los padres o cuidadores es mostrarle al niño una gama de posibilidades, pero es finalmente este último quien decide cuál es la actividad que desarrollará. Esta actividad debe ser apropiada para sus condiciones físicas y desarrollo psicológico. Es por ello por lo que antes de comenzar una actividad física, cuidadores y niños deben tener una consulta preparatoria con un médico especializado en actividades deportivas, quien se enfocará en detectar condiciones que contraindiquen o modifiquen la elección de la actividad física. Así mismo, en esta consulta se discutirán los mitos al respecto de la actividad deportiva elegida, para evitar restricciones innecesarias.

El seguimiento por expertos es recomendable especialmente en condiciones especiales como:

–        Niños diabéticos que requieren controles de su glucemia y ajuste de los requerimientos, tanto nutricionales como terapéuticos, para evitar una posible hipoglucemia.

 

–        Niños con asma que puedan presentar una condición conocida como asma inducida por el ejercicio, la cual no lo contraindica, pero sí es importante que los cuidadores y niños sigan las indicaciones al respecto, pues afortunadamente existen estrategias preventivas exitosas.

En síntesis, una actividad físico–deportiva que interfiera con el crecimiento y desarrollo psicológico normal del niño, no está cumpliendo con el objetivo de practicarla. Los signos de alarma orientadores a que esto puede estar ocurriendo son:

–        El niño aduce tener molestias cuando llega el día de la práctica.

–        Se le nota triste.

–        No muestra interés en la actividad.

–        No solicita la compra de implementos deportivos.

–        No tiene un desempeño acorde con sus posibilidades.

–        Manifiesta abiertamente que no le gusta.

–        Fuera del tiempo de la actividad programada no la practica.

–        No se le identifican ídolos de su deporte.

Aunque se prefieren los deportes de conjunto, estos por lo general se inician a edades escolares, por eso la natación, la cual puede ser iniciada a edades más tempranas, constituye una excelente elección, pues estimula la coordinación, el equilibrio, todos los grupos musculares, el manejo de la respiración, ejerce un estímulo al desarrollo del sistema inmune y la posibilidad de lesiones es menor que en otros deportes. Para quienes la consideran un deporte individual, es de destacar que la solidaridad, empatía y rasgos protectores que desarrolla el nadador están presentes de manera notoria en esta práctica deportiva.

Por: José Fernando Gómez Urrego

Pediatra Universidad de Caldas

Docente Universidad Libre – Pontificia Universidad Javeriana Cali