El chupo siempre controversial

El chupo o entretenedor es un remedo de pezón de caucho, plástico o silicona que se le da a un niño o niña pequeños con el fin de que lo succionen. Su modelo estándar tiene una tetina, un escudo para la boca y un mango o asa. El escudo de la boca y el mango deben ser lo suficientemente grandes como para evitar atragantamiento.

Tiene los siguientes nombres: chupo o entretenedor (Colombia), chupete, pupa, chupa, chupe, pepe (algunos sitios de España); pacifier (Estados Unidos y Canadá), dummy (Gran Bretaña y países de su alrededor), binky o soother (otros países).

Historia

Todo lo relacionado con el chupo debe ser visto alrededor de lo ancestral, relacionándolo con artefactos como los cascabeles, así como con los distintos objetos transicionales que se usan y se han usado en todo el mundo.

Las fuentes de la historia del chupo son imprecisas, excepto lo consignado desde 1940 en adelante. Los chupos han existido desde hace mucho tiempo: pequeños chupos de arcilla se han encontrado en tumbas chipriotas que se remontan a alrededor del año 1000 a. C. Además, cerámicas con forma de pezones han sido recuperadas de las tumbas romanas que datan de alrededor del año 100 a. C. Los primeros chupos para calmar a los niños, que se pueden ver en obras de arte clásicas, fueron telas re- llenas con diversos materiales, como azúcar, que le daban la forma de una pequeña pelota.

Actualmente, existen infinidad de modelos hechos de plástico, caucho o silicona. Los más modernos tienen agujeros de ventilación y algunos vienen con un anillo especial que brilla en la oscuridad y sirve para encontrarlo más fácilmente si al niño se le cae mientras duerme.

Reflejo desucción y su relación con el uso del chupo

En los análisis del chupo el referente obligado de opiniones y estudios es el reflejo de succión. Es bien conocido que hay dos clases de succión: la nutritiva y la no nutritiva. La nutritiva es la que se relaciona con la alimentación y la nutrición. La no nutritiva se relaciona con otros aspectos de la vida de los niños que se plasma, por ejemplo, en la succión del pulgar y en el uso del chupo como práctica de crianza, que se convierte en un hábito.

El reflejo de succión es un reflejo innato que promueve la ingesta de leche materna. Este reflejo es de supervivencia y aparece a las 20 semanas de vida fetal, luego del reflejo de deglución, que aparece en la semana 16. En la evolución fetal se debe perfeccionar la coordinación entre ambos reflejos para que el feto pueda tragar líquido amniótico; coordinación que se produce a las 32 semanas de gestación.

El reflejo de succión es un reflejo que, como todos ellos y como parte del desarrollo neurológico, se va extinguiendo a partir de los seis meses de vida extrauterina. Este reflejo se acompaña del reflejo de búsqueda para hacer la succión nutritiva. En relación con la no nutritiva, a los tres meses los niños se llevan algo voluntariamente a la boca: manos y pies.

Una pregunta frecuente es la de si los cuidadores adultos les ponen el chupo a los niños por necesidad aumentada de succión. Lo que se encuentra en las opiniones de los expertos es que la mayoría de las veces el chupo no se utiliza como actividad de succión extra. Tampoco se usa para facilitar logros. Usualmente se hace como una panacea para resolver angustias de los cuidadores adultos. Es en estos casos cuando se puede convertir en permanente, lo cual, podría repercutir en daños por su uso.

La razón del uso del chupo

Desde el punto de vista científico sería lógico pensar que a un niño se le pone chupo como una práctica de crianza en función de sus necesidades y no en la de los cuidadores adultos. El pediatra puericultor estadounidense T. Berry Brazelton, en su libro Niños y madres, caracteriza a los niños en categorías de tranquilos, intermedios y muy activos. En relación con el uso del chupo, estos distintos grados de temperamento se expresan en diferentes grados de succión, con los muy activos como los candidatos a necesitar chupo por esta razón. Pero la realidad es muy diferente, distintas fuentes muestran que el chupo se usa de manera permanente y sin control para:

• Entretener.

• Callar (abolir el llanto).

• Tranquilizar, tanto a los niños como
a los cuidadores adultos.

• Sustituir la succión digital que se
considera más dañina y más difícil de erradicar.

• Pacificar: en inglés el adminículo se llama pacifier. Hay que pacificar porque “el llanto de un niño es desesperante”.

• Seguir una tradición.

• Suplir la necesidad de succión dentro del proceso evolutivo (etapa oral).

• Hacer terapia en algunos casos específicos.

El uso del chupo permanentemente se relaciona con un intento de disminuir la ansiedad materna, situación que ha aumentado notablemente con los nuevos roles que han tenido que asumir las madres en la modernidad, hasta el punto de que el chupo es par- te del ajuar del recién nacido.

Además, el chupo ha tenido distintas variaciones en función del mercado, de tal modo que ya podría considerarse como un accesorio del cuerpo. Variaciones de estas son figuras, incluidas banderas, sonidos, olores, o posibilidades de ponerle trozos de frutas.

Epidemiología (datos de frecuencia de uso en distintas culturas)

La frecuencia de la succión no nutritiva en una sociedad depende de un conjunto de factores étnicos y socioeconómicos, así como de las prácticas de cuidado infantil predominantes. Por ejemplo, en las sociedades de Occidente el uso del chupo es una práctica habitual (del 45 al 60% de los niños lo utilizan), además de la succión del dedo o el pulgar (del 15 al 30%). En este contexto, durante los últimos 30 años, la utilización del chupo ha aumentado y la succión del dedo ha disminuido.

En la mayoría de los casos el chupo comienza a utilizarse durante el primer mes de vida. Entre el segundo y el tercer mes de vida del niño se observa el pico más alto en el empleo de este. En una mayor proporción, el chupo es ofrecido a los niños, quienes lloran con mayor intensidad que las niñas. La mayoría abandona el chupo en forma natural entre los dos y los cuatro años de edad.
Se ha observado un aumento de hábitos, de chupo y biberón, como lo demuestra una frecuencia de uso de 75-79% en los países industrializados occidentales en las últimas décadas, aumento que resulta, en el caso del chupo, de una sinergia arrasadora entre lo científico, lo cultural y el mercadeo.

Aspectos que se relacionan con esta práctica de crianza

En la historia del uso del chupo hubo un período que comprendió casi todo el siglo XX, caracterizado por ataques a esta práctica relacionados con aspectos tales como higiene y la posibilidad de infecciones, así como con posibles daños en la dentadura o entorpecimientos del desarrollo de la autonomía.

Al final del siglo XX se analizaron los hechos y se llegó a la conclusión por parte de entidades como la Academia Americana de Pediatría en el sentido de que “no hay razones científicas para prohibirlo”. A partir de esto, se han venido elaborando sus posibilidades de uso con base en hechos científicos.

Es una creencia frecuente que el uso del chupo puede producir problemas dentales de tipo mecánico, como la mordida abierta, que solo están descritos en relación con su utilización prolongada y nunca se han asociado al uso controlado del chupo hasta los 6-12 meses de vida. Los estudios al respecto permiten asegurar que los problemas dentales solo ocurren en función de la intensidad, frecuencia y duración del hábito, por lo cual para evitar el problema ningún autor recomienda su empleo más allá de los tres años de edad. Muchas investigaciones afirman que: “El chupo previene la succión del dedo, práctica que resulta muchísimo más nociva para la dentadura del niño”. La Academia Americana de Dentistas Pediátricos (American Academy of Pediatric Dentistry, AAPD) les explica a los padres que: “El chupo es una práctica que se abandona con más facilidad, comparada con la succión del dedo o el pulgar”, todo lo cual, son recomendaciones, no prescripciones.

Por otro lado, sobre la relación chupo e infección se ha sugerido que su uso podría estar asociado con infecciones gastrointestinales, del tracto respiratorio superior e inferior, así como con la aparición de caries dentales.

También se ha sugerido que los niños que usan chupo pueden tener más infecciones del oído (otitis media). No está claro, sin embargo, si evitando el uso de este se puede prevenir la otitis, como tampoco hay estudios científicos que demuestren mayor frecuencia de infecciones, excepto si no hay cuidados higiénicos pertinentes.

Hay quienes sostienen que un adminículo que ocupa espacio en la cavidad que tiene que ver con la fonación puede alterar la adquisición de habilidades al respecto, esto es, trastornos del lenguaje. Al analizar este asunto habría que pensar que un niño que usa chupo permanente se le tapa la boca para que no hable, con lo que tiene menos interacción social, que claramente es necesaria para la adquisición de distintas habilidades, entre ellas, la del habla; no obstante, de distintos análisis se concluye que: “No parece haber ningún estudio sólido de que el uso del chupo retrase el desarrollo del habla por impedir la práctica de las habilidades para hablar”.
Otra frecuente afirmación es que el uso del chupo para que el niño no se exprese por medio del llanto entorpece la construcción de autonomía, asunto que se queda en el terreno especulativo, pues no hay estudios científicos al respecto. Es de anotar que a pesar de que el chupo se ponga para silenciar no siempre se consigue el objetivo, lo cual podría relacionarse con la edad.

Los aspectos psicoafectivos en relación con el uso del chupo permanente (no controlado) no pasan por el tamiz del análisis científico, pero sí por el de opiniones, las cuales se refieren a persistir como niños pequeños (inmadurez voluntaria), control de esfínteres inadecuado, relación de dependencia con el chupo e inseguridad. Lo que sí es fácilmente observable son las dificultades en este terreno que suelen ocurrir en el pro- ceso de quitarlo cuando los adultos deciden hacerlo.

Uso del chupo
y lactancia natural

Desde principios del siglo XX los chupos fueron condenados por los defensores de la lactancia materna con el atractivo argumento de que como la succión era el estímulo para la producción de leche, al disminuir esta por la succión del chupo se disminuiría la producción. Varias fundaciones se refirieron al chupo como un producto de “ingenio pervertido americano”, un ‘instrumento de tortura’, y una ‘maldición de la infancia’. Se dan dos posibles explicaciones para justificar la asociación entre el uso permanente del chupo y los resultados negativos con respecto a la lactancia materna. En primer lugar, es sensato pensar que el reflejo innato de succión sea satisfecho por el uso del chupo, disminuyendo o eliminando el deseo de contacto con el pezón y el pecho. En segundo lugar, se puede pensar que el uso del chupo no sea la causa de la reducción de la lactancia materna, sino que se trate, simplemente, de un indicador de los factores socioeconómicos, demográficos, psicosociales y culturales que determinan tanto el empleo del chupo como de la promoción de la lactancia materna.

En algunos estudios observacionales se encuentra asociación entre la menor duración de la lactancia materna y el uso del chupo, lo que probablemente refleja un conjunto de factores complejos, tales como problemas de la lactancia o la intención de destetar, de tal modo que es posible afirmar que una madre que tenga que utilizar chupo en su hijo es porque por alguna razón tiene problema para lactar, lo que en la literatura científica suele expresarse como que el uso del chupo permanente es un marcador de dificultades de la lactancia materna.

Diversos estudios científicos sostienen que no hay una relación adversa entre el uso del chupo y la duración de la lactancia o su exclusividad: en una revisión reciente (2012) de la Colaboración Cochrane, organización de estudio riguroso de las investigaciones en salud, se llegó a la siguiente conclusión: “Los estudios científicos demuestran que no hay una afectación negativa del chupo sobre la duración de la lactancia”.

Síndrome de muerte súbita del lactante

El síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) se define como la muerte repentina e inesperada de un niño o niña menor de un año aparentemente sano después de haberlo puesto a dormir, al que no se le observan signos de haber sufrido y en cuya necropsia no se encuentra la causa o causas de la muerte. Es una experiencia muy estresante para la familia que sufre esta desgracia, por lo cual es de suma importancia disminuir los factores de riesgo de esta dolorosa situación.

La época de mayor frecuencia del SMSL es del primero al cuarto mes de vida, siendo extraordinariamente infrecuente por debajo de un mes y por encima de un año. Los factores de riesgo para sufrir SMSL surgen de datos estadísticos; de ellos, el que primero fue objeto de ataque para disminuir la frecuencia fue el de la posición prona (boca abajo) para dormir, por lo cual, desde 1992 la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomendó la estrategia de la posición al dormir en lactantes: “Se debe dormir boca arriba”.

De numerosos estudios al respecto, se estima que el riesgo de SMSL se reduce hasta en 90%, lo que estadísticamente se expresa en que se podría prevenir un caso de SMSL por cada 2.733 lactantes que usan chupo en el momento de dormir (número necesario de pacientes a tratar obtenido de la tasa de SMSL de Estados Unidos y de los datos del uso del chupo en la última noche). Según el pediatra español Javier González de Dios: “La asociación entre el uso del chupo y SMSL cumple los clásicos criterios de causalidad: hallazgos coherentes y constantes, fuerte asociación, gradiente dosis-respuesta, plausibilidad biológica y la exposición realmente precede a la aparición del efecto adverso”.

Los posibles mecanismos del uso del chupo como protector de SMSL aún no están dilucidados, excepto que con su práctica se evita la posición de dormir boca abajo. Otros mecanismos se relacionan con las funciones cardíaca y respiratoria.

De las 17 recomendaciones de la AAP para prevenir el SMSL la novena dice: “Considerar el ofrecimiento de chupo cuando el niño vaya a tomar una siesta o a dormirse por la noche”. En el apartado correspondiente se hacen las siguientes anotaciones: aun- que el mecanismo protector aún no es claro, los estudios no dejan duda sobre el efecto protector, que persiste a lo largo del período de sueño aun si el chupo se sale de la boca del niño.

Desde el punto de vista de resultados científicos, el chupo solo debe usarse con la finalidad de prevenir el SMSL, administrado por los cuidadores, y solo antes de que el niño se duerma (uso puntual, no permanente). Las siguientes son recomendaciones de consenso:

• Debe ser usado cuando el niño se va a dormir y no necesita ser puesto denuevosisecae.Sielniñonolo recibe, no se debe forzar a recibirlo.

• No se debe introducir el chupo en la boca del niño cuando este se ha dormido.

• Nunca se debe colgar del cuello del niño ni pegarlo a su ropa mientras duerme.

• No se le deben pegar al chupo objetos que puedan llevar a sofocación, tales como peluches.

• No se debe untar el chupo en soluciones dulces.

• En los niños que son alimentados al pecho se debe retardar la introducción hasta que se haya estable- cido la lactancia natural, lo que ocurre usualmente entre la tercera y cuarta semana de vida.

• En niños con lactancia adaptada: ofrecer el chupo desde los primeros días de vida, sobre todo porque se ha visto una relación mayor con SMSL en estos casos.

• No hay datos científicos que apoyen el efecto protector para SMSL del hábito de succión de dedos.

• El chupo se debe retirar al cumplir el año de edad.

• Dado que es responsabilidad de los adultos evitar las muertes súbitas que pueden ser prevenibles, es necesario proteger al niño de todos los factores de riesgo conocidos. La deci- sión de poner el chupo a un niño es de los cuidadores, pero la de recibirlo es de este.

Recomendaciones

1. El chupo no debe hacer parte del ajuar.
2. El chupo debe ser seguro: el escudo debedeserdealmenosde1a1,5 pulgadas de diámetro, para que el niño no se lo pueda meter entero a la boca. Además, el escudo deberá ser de plástico firme con orificios para el aire.
3. El chupo no debe ser permanente.
4. Se debe limpiar rutinariamente con agua y jabón antes de cada uso y se debe evitar que otras personas lo utilicen, es decir, es un objeto personal.
5. No se debe limpiar con la boca de
otras personas.
6. El chupo no se debe usar más allá
del tercer año de vida.

El retiro del chupo

Si los cuidadores adultos deciden retirar el chupo, esto se debe hacer sin violencia. El retiro debe ser con la técnica de desacostumbramiento progresivo, la cual se enmarca en la protección de la salud mental. Una de las técnicas recomendable es la de “ya soy grande, no más chupo”, seguida de, por ejemplo, que el niño siembre el adminículo en una mata.

 

Por: Álvaro Posada Díaz

Análisis colectivo Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia