El arte y la crianza

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Una crianza humanizada y humanizante debe propender para que el sujeto de crianza surja de manera creciente en el camino hacia su autonomía.

El impacto social de un discurso de crianza es necesariamente dependiente de lo que la divulgación y la comprensión de lo allí propuesto repercuta en los actores sociales efectores del proceso, en aquellos sitios donde la vida infantil acontece, como son la familia y la institución educativa.

Es por ello por lo que todas las formas eficientes de divulgación del conocimiento en estas áreas deben ser bienvenidas y así lo hacemos en nuestra publicación, con el excelente trabajo realizado por el colectivo Matriz Taller, integrado por las estudiantes avanzadas de Arte de la Universidad Javeriana: Blanca Catellar, Catalina Bonnet, Sara Campos, Carolina Contreras, María Camila Ramírez, Manuela Navarro, Marcela Ahumada, Daniela Briceño y Laura Urueña.

Todas las ilustraciones de este artículo pertenecen al proyecto, cuyas autoras, mencionadas anteriormente, tuvieron como inspiración la propuesta Puericultura, el arte de la crianza, elaborada por el grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia. A ellas, nuestro más profundo y sincero agradecimiento.

El ejercicio de la autoridad

Ser padre no es una tarea fácil y, más aún, cuando el ejercicio de esta función no viene con reglas fijas, por cuanto educar para forjar seres con valores, propositivos, bondadosos, emprendedores y resilientes, no siempre se logra de una manera fácil.

Muchos padres no tienen claro cómo ejercer su autoridad y terminan obrando con autoritarismo, esto es, que en aras de establecer unas normas o reglas acaban imponiéndolas sin pensar en el beneficio de sus hijos y cohibiendo, con ello, su libertad.

La autoridad, entendida como el poder que tiene una persona sobre otra, resulta problemática en la crianza al ubicar niños y jóvenes bajo el poder de los adultos que los moldean, alejándose por completo del ideal en una relación de crianza.

Los padres que ejercen su autoridad con amor y responsabilidad serán forjadores de individuos sanos mentalmente, con una alta autoestima, autónomos y resilientes. El ser autoritarios solo puede llevar a que sus hijos magnifiquen el temor a equivocarse, a que padezcan de depresión, sean dependientes e inseguros y no aprendan a manejar adecuadamente sus emociones.

Como lo indica la psicopedagoga española Reyes Armada Arnau, en su artículo Autoridad vs. autoritarismo en la educación, “el autoritarismo no genera respeto, genera miedo. No genera aprendizaje, ya que cuando la persona autoritaria no esté presente, el niño actuará de la misma manera. El autoritario exagera los castigos, prácticamente no elogia buenos comportamientos y siempre está pendiente de los pequeños fallos para corregirlos. El miedo no educa y va generando, además, rechazo”.

El autoritarismo reprime la libertad, entendida esta como la facultad natural que tiene la persona de obrar de una forma o de otra y ser responsable de sus actos; la educación consiste en desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de niños y jóvenes a través de preceptos y ejercicios.

“Los padres no hacen a los hijos como el alfarero hace una jarra o el pintor pinta un cuadro”.
Donald W. Winnicott

El desarrollo de la autonomía

prev2La autonomía es una de las metas del desarrollo humano integral y diverso que los niños y adolescentes deben construir y reconstruir de forma permanente, como gestores de su propio desarrollo y como pilar fundamental de la crianza humanizada. De acuerdo con el pediatra puericultor Álvaro Posada Díaz, “para que el adulto pueda ejercer la autoridad es necesario que sea autónomo, con lo cual podrá acompañar a niños y adolescentes en la construcción y reconstrucción de su propia autonomía, pues esta es la capacidad de las personas de valerse por sí mismas y de emprender acciones creativas que les permitan satisfacer sus necesidades”.

La autonomía les dará a los hijos la capacidad de elegir, de orientar sus vidas, de prepararse para tomar decisiones responsables; en otras palabras, representa el paso de la dependencia a la independencia.

La construcción de la autonomía se hace con un claro acompañamiento de los padres, pero cuando este llega a ser excesivo, puede tener consecuencias negativas para el desarrollo infantil, incluyendo un alto riesgo para ser víctimas de matoneo o acoso escolar (bullying).

La sobreprotección

En un mundo excluyente e insolidario como el actual, la sobreprotección se constituye en una limitante muy grande para un ejercicio vital gratificante y una incorporación armoniosa al tejido social.

prevencion-3Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, publicado en la revista Child Abuse & Neglect, clasifica comportamientos como el abuso, el descuido y la sobreprotección como conductas de una crianza negativa. Señala, además, que “los niños necesitan apoyo, pero algunos padres tratan de amortiguar a sus hijos de todas las experiencias negativas. En este proceso, evitan que estos aprendan formas de lidiar con los abusadores, haciéndolos más vulnerables”.

Agrega el citado estudio que el acoso escolar no es solo un problema de los colegios, sino también de los padres, por lo cual se hace muy importante el fomento de prácticas positivas de crianza, tales como la calidez, el afecto, la comunicación y el apoyo, y, muy especialmente, el desarrollo de la autonomía, sobre todo en los años escolares.

La tendencia sobreprotectora de hoy en día puede estar asociada con el escaso número de hijos que se tienen, además del desamparo, la violencia e inseguridad en el medio social, lo que puede ser una contraposición al necesario y posible camino hacia la autonomía.

La violencia sutil

Son muchas las formas de violencia contra los menores, pero el maltrato infantil no se reduce solamente a la violencia física o sexual, existe también un tipo de violencia más sutil, menos explícita, que, si bien no deja huellas corporales, sí deja unas profundas cicatrices en el alma y la mente.

Investigaciones sociales demuestran que un 70% de los hechos violentos corresponden a violencia sutil, menos dramática y más insidiosa en sus efectos, casi imperceptible, pero que puede llegar a limitar en el niño las potencialidades de su desarrollo. Este tipo de violencia se puede ilustrar en la cotidianidad con la utilización del chantaje amoroso en las relaciones con los niños, frases irreverentes, burlas, sarcasmos y miradas descalificadoras, que los pueden ridiculizar o humillar.

Una crianza humanizada y humanizante se basa en la construcción de valores e incluye la práctica del buentrato, la ternura, el respeto, la protección, la exigencia y la autoridad, teniendo como aspectos primordiales la espiritualidad y el ser. Se ocupa, además, de la búsqueda del mejor modo de proceder con los niños y adolescentes y de cómo relacionarse con estos, de una manera asertiva y justa.

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA, por su sigla en inglés), “los niños que sufren abuso emocional y descuido enfrentan problemas de salud mental similares y, a veces peores, a los de los niños que sufren abusos físicos o sexuales; sin embargo, el abuso psicológico rara vez se aborda en programas de prevención o en el tratamiento de las víctimas”.

La violencia sutil puede manifestarse de diferentes formas, mediante:

  • La indiferencia: a las necesidades o temperamento del niño, que pueden ser diferentes a las de sus hermanos.
  • La humillación: cuando el niño falla en una tarea o no entiende las instrucciones, empleando palabras que hieran su amor propio y autoestima.
  • La denigración: descripción negativa de algo que el niño logra o sobre lo que expresa interés, desacreditándolo o subestimándolo.
  • La negligencia: es el descuido o falta de cuidado. Es no proporcionarle un apoyo emocional esencial al niño o un reconocimiento a sus necesidades.
  • La presión constante: para llenar o cumplir con las expectativas de los padres, los cuales a menudo hacen comparaciones negativas frente a otros niños.

“Las burlas, el chantaje o la humillación son más hirientes que mil cactus saliendo de sus bocas”.
Manuela Navarro

Por: Lina María Martínez Fonseca
Coordinadora editorial revista Crianza & Salud
y Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra puericultor

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