El apego

Se define como la conexión emocional (relacional) que los niños establecen con sus cuidadores primarios. Esta construcción ocurre de manera fundamental desde la concepción hasta los dos primeros años de vida (con predominio en el primer año) y es la huella biológica que determinará el modo de relacionarse de los niños con los demás en las siguientes etapas vitales, hasta el punto de que al apego establecido al comienzo de la vida se le da el poder de ser el vaticinador más preciso del desarrollo de la conducta socioemocional, es decir, de la manera de relacionarse consigo mismo y con los demás.

La teoría del apego se consolidó a partir de los estudios del psicoanalista inglés John Bowlby y de la psicóloga estadounidense Mary Ainsworth. El proceso de su construcción es posible entenderlo por el llamado ciclo del apego, el cual empieza con alguna experiencia sensorial (emoción) del niño (hambre, frío, calor, ruido, etc.) en respuesta a lo cual envía una señal (pucheros, bostezo, sonrisa, movimientos sutiles…) para reclamar atención.

La señal se convierte en acción (conducta), como el llanto, la risa, el pataleo, el cierre de ojos, para procurar influir en el entorno inmediato y obtener una respuesta del cuidador que sea indicadora de atención. Así es como se crean las bases de la seguridad y la confianza, pues como de manera sabia lo afirmó el filósofo alemán Johann W. Goethe, “saberse amado da más fuerza que saberse fuerte”.