El afecto, una expresión de crianza humanizada

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Una de las preocupaciones que más expresan los padres de adolescentes es que estos no aceptan recibir el afecto ni lo expresan como cuando eran niños. La experiencia acumulada en la observación de las prácticas de crianza, sumada a los conocimientos neurocientíficos de los últimos años, muestra que es necesario tener claro lo relacionado con el afecto, con el fin de ser lo más asertivos posible en las relaciones de crianza, pues es claro que esta relación es la que determina el desarrollo de los niños y adolescentes.

Hoy en día es aceptado por los estudiosos del desarrollo humano que el afecto es algo esencial para los seres humanos, hasta el punto de que se puede afirmar, sin lugar a duda, que todo el cariño que brindan los cuidadores adultos en la infancia se reflejará en una maduración adecuada, esto es, en la consolidación de la personalidad: las experiencias afectivas facilitarán a niños y adolescentes el integrarse, el encontrar marcos de referencia y el aprender a actuar en diversas circunstancias.

 

Definición

La palabra afecto viene del latín affectus y se refiere al estado emocional agradable hacia algo o alguien, por lo que se entiende como una simpatía y vocación amorosa y amistosa hacia alguien o alguna persona, es decir, inclinación hacia…

Una definición común es que el afecto es la acción por medio de la cual un ser humano le profesa su amor a otro ser humano, aunque también es muy común que el destinatario de ese amor no sea exclusivamente otro individuo, pudiendo materializarse igualmente en una mascota, por ejemplo. De esta definición se desprende que el afecto es algo que se puede proporcionar y recibir, que se traslada, es decir, se da y se recibe afecto.

Para el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana, “el afecto es toda conducta como tratamos al otro, es decir, como un individuo legítimo en convivencia con los demás”. El afecto funda lo social. Desde este punto de vista, es la necesidad que tienen todos los organismos sociales de recibir ayuda y colaboración de sus congéneres para poder sobrevivir.

Se suele identificar el afecto con la emoción, pero, en realidad, son fenómenos distintos, aunque relacionados entre sí. Una diferencia fundamental entre emoción y afecto es que la emoción es algo que se produce dentro del organismo, mientras que el afecto es algo que fluye y se traslada de una persona a otra, de tal modo que se designa el afecto recibido por la emoción particular que produce.

 

Relación del afecto con el desarrollo de niños y adolescentes

El afecto es la energía y el motor del desarrollo humano: en la medida en que un niño recibe afecto crecerá seguro, será feliz. En la primera infancia, período que va de la concepción al sexto cumpleaños, la interacción con los cuidadores adultos impulsará, mediante una buena relación afectiva, el desarrollo cerebral que facilitará el desarrollo de habilidades para afrontar el mundo circundante, lo que ocurre porque se promueve el sistema de gestión emocional de respuesta al estrés.

Según el psicoanalista estadounidense de origen alemán Erik Erikson, del nacimiento a los dos años los niños atraviesan una etapa de su desarrollo conocida como “confianza básica versus desconfianza básica”, en la que mediante la acción social recíproca con los cuidadores adultos se adquiere confianza en sí mismo, en los adultos y en el mundo.

Esta confianza depende de la calidad de la atención que se recibe, de tal modo que si se satisfacen las necesidades (afecto, alimentación, abrigo) se podrá desarrollar un sentimiento de confianza básica que es la base del apego del niño a sus cuidadores, lo que llevará a que se establezca un vínculo afectivo seguro con ellos; anuncio temprano de seres humanos con posibilidades de relacionarse efectivamente consigo mismos, con los demás y con el entorno, dirigido a:

 

  • Tener alto grado de autoestima.
  • Ser autocríticos y reflexivos.
  • Estar en condiciones de expresar y gestionar sus propias emociones y sentimientos.
  • Ser empáticos consigo mismos, con los demás y con la naturaleza.
  • Tejer una buena resiliencia, es decir, ser capaz de afrontar las adversidades y salir fortalecido de ellas.
  • Compartir con los demás cuando las circunstancias así lo permitan.

Si, por el contrario, se recibe una atención irregular, a destiempo, o hay rechazo o negligencia se podrá desarrollar un sentimiento de desconfianza básica (miedo y suspicacia) en sí mismo, en los adultos y en el mundo, sentimiento que puede mantenerse en las etapas posteriores del desarrollo y manifestarse como un estado de búsqueda constante de afecto y miedo de pérdida o de ser abandonado, lo cual puede desembocar en baja autoestima.

La baja autoestima puede expresarse como sentimientos de desvalorización que realmente son una forma de culpabilizar a los padres por la falta de afecto, todo manifestado como conductas conflictivas o agresivas, o como inseguridad o desconfianza, expresado, por ejemplo, como fracaso escolar. En la edad adulta estos niños pueden ser inseguros e inestables, lo que les dificulta relacionarse con los demás, por lo cual pueden ser agresivos y violentos y tener enfermedades como depresión.

 

El afecto en la crianza

Es preciso señalar que, en la actualidad, la expresión del afecto se ve condicionada por el hecho de que muchos padres tienen largas jornadas laborales, a lo que hay que sumarle el tiempo que los niños y adolescentes dedican al colegio y a las tareas escolares, todo lo cual va en detrimento de la posibilidad de interactuar con afecto. La anterior dificultad se ve notablemente incrementada si los niños o ado-
lescentes dedican gran parte de su tiempo a la interacción con dispositivos con pantallas.

Según la psicóloga colombiana María Fernanda Grisales, “brindar afecto es estar pendiente de las necesidades de los pequeños, tocarlos, mirarlos cara a cara, cantarles, jugar con ellos y cargarlos, de tal modo que se sientan acompañados. El comprarles cosas no es darle afecto, es crearles dependencia del adulto”.

Los padres son fundamentales en las muestras de afecto, pero los demás familiares también lo pueden dar: cuanto más afecto reciba un niño o adolescente mayores oportunidades tendrá en su futuro. Quienes brindan el afecto o dejan de hacerlo son los modelos de los niños y adolescentes que lo reciben y, de este modo, se consiguen los beneficios o se llega a los daños en el proceso de crianza.

 

La expresión del afecto en las diferentes etapas de la vida

El afecto se da y se recibe de manera específica en cada período de vida. Al interactuar por medio del afecto los cuidadores adultos deben tener en cuenta la etapa de desarrollo por la que atraviesan los niños y adolescentes y, fundamentalmente, el interés superior (lo que es mejor para ellos) y no solo, como es muy frecuente, el interés propio de los adultos. Es fundamental hacer hincapié en que la manifestación afectiva debe ser incondicional y de ninguna manera se puede delegar en mascotas o en dispositivos con pantallas.

 

Etapa gestacional y de recién nacido

El afecto que recibe un ser humano debe empezar en la etapa gestacional para que el niño se sienta amado, querido y aceptado, especialmente por su papá y su mamá, que son los primeros responsables de esas pautas iniciales de amor o rechazo. Al nacer, este camino de afecto se puede reforzar notablemente con la lactancia natural; relación entre una madre y su hijo cuyos resultados positivos se han demostrado en numerosos estudios.

En esta edad la expresión del afecto por parte de los cuidadores adultos se da por medio de las palabras y las conductas de protección. En ningún momento se debería hacer en función de intereses de los cuidadores adultos, como cuando se le cambia el nombre, se le pone un apodo o se le habla con voz aniñada al niño.

 

Etapa de lactante (del nacimiento hasta los dos años)

La confianza básica, esto es, el equipaje vital para afrontar los retos y los obstáculos durante las diversas etapas de desarrollo se logra en los niños lactantes mediante el afecto expresado como la satisfacción de sus necesidades primarias durante los primeros meses de vida y en forma progresiva hasta el año y medio de edad. La confianza básica es el pilar para alcanzar la seguridad afectiva en el mundo al que se ingresó con el nacimiento.

En esta edad la expresión del afecto por parte de los cuidadores adultos se da fundamentalmente por medio del contacto físico y la protección. Esta expresión no se debería hacer en función del interés superior del cuidador adulto que le molesta que el niño llore, por ejemplo, para lo cual recurre al uso de un entretenedor, sin investigar por qué el niño llora.

 

Etapa de preescolar (de dos hasta los seis años) y escolar

(de seis años hasta la pubertad)

En la edad preescolar el amor y el afecto también desempeñan una función preponderante que impulsa al niño de esta edad a continuar adelante en su crecimiento y desarrollo. Con la comprensión y la firmeza de sus padres y familiares los niños continúan su ascenso en la espiral de la vida hacia la edad escolar.

En esta edad la expresión del afecto por parte de los cuidadores adultos se da por medio del juego y la palabra: entender, reconocer, escuchar al niño con empatía en sus vivencias y experiencias. Con frecuencia la expresión afectiva se ve condicionada por el interés de los cuidadores adultos que pretenden que el niño coma en la cantidad y calidad de comida sin pensar en lo que es mejor para él. Otro ejemplo común es el de condicionar el juego a otros intereses, con los cuales perfectamente se podría armonizar.

Etapa de adolescente (de la pubertad hasta los 18 años)

En la adolescencia las relaciones que se establecen con los padres son consecuencia de la crianza en que venía la familia. La estabilidad de los afectos, la forma en que se solucionan los conflictos y el respeto mutuo permiten vivir relaciones más tranquilas.

El diálogo con el adolescente no empieza en este período: debe haberse fomentado desde la infancia para que se puedan tener conversaciones serias sobre ideales y valores. Es adecuado acompañarlos a que expresen sus opiniones, así como respetar sus respuestas. Hay que demostrarles aprecio por sus esfuerzos y logros, porque el estímulo da mejores resultados que la crítica.

En esta edad la expresión del afecto por parte de los cuidadores adultos se da por medio de la aceptación, el reconocimiento y el respeto. En la expresión afectiva suele haber conflictos cuando se antepone el interés superior del cuidador adulto al interés superior en la adolescencia, que es claramente de autonomía creciente en la cual no suelen caber las melosidades de antes y prima la relación con sus pares.

 

La función del padre en la construcción del afecto

Por generaciones se ha visto la función del padre en la familia como quien se encarga de la función de proveedor económico, debido a los roles asignados tanto a hombres como a mujeres. Con el paso del tiempo esta situación ha cambiado, en ocasiones de forma lenta, pero paulatina, ya que las madres también se han encargado de ser proveedoras y esto ha generado que se equilibren las cargas. Por lo tanto, se impone que surja el hombre acompañante asertivo del proceso socializador y afectivo de la crianza.

Los hombres continúan viéndose como proveedores, pero ya no solo económicos, sino también de afecto, con el derecho a emitir expresiones afectivas, participar en la crianza y así estar más involucrados en este proceso. De este modo se tiende a constituir lo que hoy se conoce como nueva masculinidad, en la que los hombres quieren y deben tener sólidos vínculos afectivos con los hijos.

 

Lecturas recomendadas

  • Gómez JF, Salazar O, Quevedo A. La crianza en los nuevos tiempos. Medellin: Universidad de Antioquia; 2011.
  • Posada Á, Gómez JF, Ramírez H (ed). El niño sano. 4ª ed. Bogotá: Editorial Médica Panamericana; 2016.
  • Rodríguez M. El cerebro afectivo. Barcelona, Plataforma Editorial; 2017.

 

Análisis colectivo
Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia
Relatoras:
Diana Palacio Posada
Licenciada en Educación, orientadora familiar y puericultora y
Natalia María Mazo Correa
Residente de Pediatría y Puericultura. Universidad de Antioquia

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