Editorial – Qué hay que enseñar a los hijos

Esta sugestiva y comprometedora frase corresponde al título de un reciente libro de la filósofa española Victoria Camps, quien sostiene que a lo largo de su vida ha hecho dos cosas: tener tres hijos y enseñar filosofía. Afirma que nunca los padres han estado tan pendientes de sus hijos como en nuestra época y que la abundancia de conocimientos en torno a ellos produce perplejidad, dudas y desconcierto. Además, que nos obsesiona como padres la fórmula mágica de educar en la libertad, no dejando de enseñar cosas, sino poniendo las bases para que la persona pueda y sepa ser libre.

Es enfática la autora en que la experiencia del hijo se vive y se aprende sobre la marcha y que al educar a los hijos los adultos se están educando a sí mismos; además, que la experiencia de educar a un hijo es irrepetible y cada hijo es un libro que hay que escribir de nuevo. Para esta labor, la autora analiza propuestas referentes a la construcción de valores y metas del desarrollo humano. Entre las más relevantes señala dos:

El carácter, el cual no se posee al nacer, sino que se va formando por la interacción con el medio, con las costumbres y por la socialización con los demás. Su formación se hace por la inculcación de hábitos, lo que se logra por la repetición de actos, acostumbrando al niño a que le guste y le atraiga lo que le debe gustar y atraer, es decir, procurando que se adapte a las costumbres que los padres creemos que son buenas.

La autoestima, entendida como condición básica para la vida misma, pues nadie se atreverá a vivir por su cuenta y riesgo si no se quiere a sí mismo, si carece de confianza en sus capacidades. La autoestima depende de la capacidad de aceptarnos como somos, con todo lo que tenemos y todo lo que nos falta. También, de sentirnos queridos por los nuestros.

La construcción y reconstrucción de estos valores y metas del desarrollo humano enriquecen el acerbo ideológico necesario para la fascinante tarea de la crianza