Editorial – Las pequeñas alegrías

Niño feliz con peluches

Éste es el título de un ensayo escrito por Herman Hesse, escritor suizo y premio Nobel de literatura, en el que llama la atención acerca de la sobreestimación del tiempo y la prisa como principio y fundamento de nuestro estilo de vida, constituyéndose ambos en peligrosos enemigos de la alegría.

Se lamenta, además, de que nuestra forma de gozar y de divertirnos se acompaña de cierta ansiedad, al igual que nuestro trabajo.

La mayor cantidad posible y la mayor celeridad posible es la consigna. La consecuencia de ello es el aumento constante del placer y la disminución progresiva de la alegría. Nos recuerda el autor una antigua y sabia afirmación: el disfrute moderado es doble disfrute.

Con el hábito de la moderación se encuentra estrechamente vinculada la capacidad de goce para las pequeñas alegrías, como las provenientes de nuestro contacto diario con la naturaleza, la observación de las plantas y las aves, del firmamento y de todas aquellas cosas que nos permiten captar la inmensa gracia del diario acontecer.

Afirma Hesse que la persona que por vez primera toma una flor para tenerla junto a sí en su sitio de trabajo, ha dado un paso adelante en la alegría de vivir.

Insiste, de manera muy sabia, en que son las pequeñas alegrías y no las grandes, las que nos sirven para la relajación y el descanso de cada día.

Deseamos que este hermoso ensayo promueva en padres e hijos una serena reflexión sobre las tendencias actuales hacia el pretendido cambio de los momentos de ocio y de descanso por la hiperactividad y el frenesí, validando la preocupante reflexión de Pearl S. Buck cuando afirma que “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”.