Editorial – La violencia intrafamiliar

La violencia intrafamiliar

Se ha definido la violencia intrafamiliar como el conjunto de actitudes y conductas de un miembro de la familia –agente- que por acción u omisión causan daño físico y/o sicológico a otros integrantes del grupo familiar, impidiendo o dificultando su desarrollo armónico y su promoción social en todos los campos.

En la génesis de este problema juegan un papel primordial las difíciles condiciones sociales que afronta un porcentaje importante de la población generadas por la inequidad, la exclusión social y política, la impunidad y la corrupción. Todo lo anterior genera la acumulación creciente de frustraciones, tensiones y ansiedades que constituyen un excelente caldo de cultivo para la aparición de comportamientos violentos y agresivos en el seno mismo de la familia, donde los que afrontan condiciones de discriminación ya sea por edad (niños y ancianos), sexo (como en el caso de la mujer) o dependencia socioeconómica, son los que llevan la peor parte.

En el caso específico de los niños el maltrato infantil está dimensionado en Colombia en el orden de aproximadamente dos millones de casos por año, ochocientos mil de ellos de características graves, de acuerdo con cifras oficiales. Aunque el maltrato infantil puede presentarse en todos los estratos sociales, es más frecuente en los bajos con familias numerosas.

Si bien la utilización de la fuerza física representa un tipo muy común de maltrato intrafamiliar, existen también otras modalidades de tipo sicológico, sexual y social en el cual se incluyen la negligencia y el abandono. Son frecuentes también al interior de la familia comportamientos violentos de tipo sutil que si bien no causan daño físico, laceran de manera importante la autoestima de quienes lo padecen.

Después de describir el panorama desolador de la violencia intrafamiliar en nuestro medio, es necesario también analizar mecanismos posibles para afrontar esta grave situación. Enumeraremos algunos de los propuestos por los estudiosos de esta temática:

  • Fundamentar la estructura familiar en una sana autoridad y no en el autoritarismo, generador de resentimientos y violencias.
  • Evitar el castigo físico como elemento de crianza, utilizando otras formas de reproche no humillantes que induzcan en los hijos una sana autocrítica en vez de temor.
  • Fortalecer la comunicación entre los integrantes del grupo familiar, permitiendo así la libre expresión de sentimientos y vivencias al interior del mismo.
  • Fomentar estrategias que contribuyan a la promoción del buen trato y al fomento de las vinculaciones afectivas entre todos los integrantes de la estructura familiar.
  • Propender para que la solidaridad, entendida como la primacía del nosotros sobre el yo sin perder la individualidad, logre impactar las difíciles condiciones socioeconómicas de las familias, que favorecen la aparición de la violencia intrafamiliar.

Deseo terminar estas reflexiones con una afirmación muy pertinente del escritor argentino Ernesto Sábato: “Si sanamos las heridas físicas de los niños, ellos sobrevivirán a una guerra. Si sanamos sus espíritus, tal vez prevengamos la próxima guerra”.