Editorial – La tolerancia a la frustración: una habilidad para la vida

Los tiempos difíciles que vivimos, hacen recomendable que durante el proceso de la crianza nuestros hijos adquieran la fortaleza suficiente, para afrontar con éxito las dificultades que necesariamente encontrarán en su discurrir por la vida.

Hoy se considera por parte de los expertos, que algún nivel de frustración es necesario para la formación del carácter en el contexto de un crecimiento emocional sano, que permita el manejo asertivo de la realidad adulta. El afrontamiento de las dificultades permite desarrollar de manera notoria la inventiva y la creatividad, además de la perseverancia.

Es necesario inculcar en los hijos la vivencia de que en la realidad cotidiana se siente gratificación, cuando para obtener las cosas que se desean se ha tenido que trabajar y sacrificarse ofreciendo lo mejor de cada uno. Cuando las cosas se han obtenido de esta manera, se está en capacidad de valorarlas y apreciarlas en toda su magnitud. Para avalar lo dicho, viene con facilidad a la memoria la felicidad que sentíamos al comprar un juguete con el producto de lo ahorrado durante mucho tiempo.

Contrario a lo anterior, hoy hablan los expertos de la llamada generación del merecimiento conformada por niños y niñas que crecen sobreprotegidos, con muy pocas exigencias, lo que limita la formación del carácter para afrontar las dificultades del diario vivir.

Una mención especial merece en este contexto el concepto de muchos padres cuando afirman: quiero que mis hijos tengan lo que yo no tuve, que puede llevar a los mimos excesivos y a darle gusto en todo a sus hijos, con lo cual la tolerancia a la frustración es casi nula, haciendo que los niños no acepten nada que los contraríe o que consideren desagradable y que crezcan convencidos de que la vida todo se los debe, lo que los llevará a un pobre autocontrol y a limitaciones importantes de ajuste una vez que se incorporen al tejido social.

A los niños hay que ayudarles a entender los errores como oportunidades para aprender y rectificar, y que el reconocerlos los cualifica como seres humanos y facilita la posibilidad de crecer y mejorar hacia el futuro

En dicho contexto, se plantean algunas ideas tendientes a la consecución de este fin:
– No haga por su hijo lo que él sea capaz de hacer solo
– Evite al máximo la sobreprotección, puesto que genera en el niño un sentimiento de minusvalía que va afectar su nivel de autoestima
– Estimule en el niño la creatividad para que se convierta en un elemento determinante para el afrontamiento asertivo de los problemas
– Inculque en sus hijos el concepto de que en el juego de la vida se gana y se pierde y ayúdele a afrontar con entereza ambas situaciones.