Editorial – La educación para la paz: una reflexión

Se está intentando la paz en nuestro país; el aula es un espacio en el que existe una interacción de comunicación entre un maestro o una maestra y un grupo de niños y niñas. Este tiempo alcanza para establecer un ambiente de intimidad amorosa en el que se respete la singularidad del docente y estudiante; en el que cada día sea una experiencia nueva para alimentar el espíritu; en el que se establezca la superación y la lealtad, estimulando permanentemente el respeto por el otro y por sí mismo; en el que se respete la libertad de cada uno; en el que se trabaje en la adquisición de una sana conciencia individual y colectiva; en el que se dé valor a trabajar en grupo, a cooperar; en el que se logre un semillero de seres autónomos; en el que se establezcan mecanismos para incluir a la familia en el fortalecimiento de la ternura, del respeto, de la equidad; en el que se entienda que la paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de resolverlos sin destruir al otro, sin negar al otro.

En la búsqueda de la paz la escuela tiene la palabra. Es el momento para que esos muchos maestros y maestras amorosos, esos muchos jardineros, esos que saben que el papel de humilde jardinero experto es el de sembrar muchas semillas y tener paciencia, esperando lentamente que estas germinen, comprendiendo que unas pocas pueden secarse y morir, pero que muchas parirán una planta; que cada plante tiene un ritmo distinto de crecimiento, cada hoja una coloración diferente; pero este jardinero enaltecerá su espíritu al contemplar su jardín y se embriagará mucho más de esta felicidad, cuando deguste el fruto.

Si, es el momento de que esos jardineros y jardineras inviten, ya sin temor, a los demás, a lograr una educación en el respeto y en el amor y les informen a ellos y ellas y al resto de la sociedad, lo que ellos, la infancia y nosotros sabemos: ¡Qué la letra con sangre NO entra!

Carmen Escallón Gongora
Pediatra puericultora
Terapeuta de familia