Editorial – La crisis del rol adulto

3 niños

Los expertos señalan que en los tiempos que corren, el papel del adulto en la dinámica familiar frente a la relación con los hijos afronta una fuerte crisis, que se traduce con frecuencia en sentimientos de culpa, perplejidad, inseguridad y falta de firmeza.

El temor a parecer autoritarios y a ser tildados de retrógrados, incita a los padres a paralizarse frente a dos funciones primordiales de la acción parental, como son la instauración de pautas de crianza y la fijación de límites, lo que confiere a la relación con los hijos una connotación permisiva.

A muchos padres de hoy les cuesta asumir las riendas del hogar, desconociendo que el fundamento de la trascendencia de una sociedad está en la transmisión de valores y principios de una generación a otra. Recordemos que la autoridad es una expresión replicativa de la ley, que debe reunir las características de serenidad y firmeza en un contexto benevolente, que le permita el niño caminar gradualmente hacia la libertad en un entorno seguro y asertivo, en lo que tiene que ver con su comportamiento social.

Con razón se afirma que el protagonismo de la familia en la socialización inicial de los niños atraviesa por un preocupante eclipse, asignándole equivocadamente esta labor primordial a la institución educativa, con la expectativa de que los profesores la asuman en los aspectos que los padres no quisieron o no pudieron afrontar con sus hijos.

Se hace necesario entonces reasumir el rol de adulto, sin claudicaciones y sin sentimientos de culpa, que nos permita en un ambiente democrático y dialógico servir de guías y orientadores para nuestros hijos en el discurrir cotidiano, donde el afecto y el ejemplo ocupen un lugar preponderante, para que así podamos convertirnos en referentes apreciados y reconocidos por nuestros hijos, en el contexto de la sabia afirmación de que los niños necesitan más modelos que críticos.

En la actualidad se manifiesta una situación paradójica en el sentido de lo que se ha llamado la moratoria adolescente, donde la asunción de la adultez por parte de los jóvenes no constituye una urgencia para su proyecto de vida, y por otro lado, muchos padres dentro de la crisis del rol adulto asumen una actitud adolescente, de claro corte light y con tendencia al disfrute excesivo y a la ausencia de compromisos.

Frente a lo anterior, somos los adultos los llamados a asumir el papel que nos corresponde, claramente señalado por Fernando Savater cuando afirma que para que una familia funcione educativamente, es imprescindible que alguien en ella se resigne a ser adulto.

Juan Fernando Gómez Ramírez 
Pediatra y Puericultor