Editorial – El regreso al colegio después de vacaciones

A la fecha muchos de nuestros hijos están regresando al colegio. Esto por si solo debe ser motivo de gran regocijo, pues recordando lo que nos decían nuestras mamás y abuelas: “mijo, no deje la comida, que muchos no tienen que comer”, vale la pena recordar que en América Latina, una gran cantidad de niños y niñas están por fuera del sistema educativo. Así, que esta posibilidad realmente deber ser motivo de agrado y una enorme responsabilidad para nosotros y para nuestros hijos.

Sin embargo, no hay que confundir esta responsabilidad y deber con una obligación que se enseña a punta de amenazas y castigos. La educación hay que vivirla con alegría y el proceso pedagógico, tanto para el maestro como para nosotros los padres y nuestros hijos, debe ser motivo de satisfacción. Pasamos hace tiempo del modelo del maestro que enseñaba “a punta de regla”, por lo menos eso creemos, al de un profesor que se integra con sus estudiantes, los oye, satisface sus curiosidades, y con disciplina, que no implica necesariamente gritos o castigo, los conduce por el camino del aprendizaje.

Desafortunadamente en el colegio, aunque el castigo físico se da cada vez menos, se viven aún muchas formas de maltrato a la niñez. Decirle a un niño, “no sea bruto”,  “fulanito….es mejor que usted”, “no sea mediocre” o ponerlo en ridículo, minimizar su interés por otros aspectos distintos a las materias curriculares y elogiar solo los buenos para matemáticas o física por poner algunos ejemplos, disminuye su autoestima y es tan absurdo como maltratador.

Nuestra responsabilidad como padres debe llegar más allá de obligar a los hijos a hacer las tareas, pedir las notas o incluso asistir cumplidamente a las reuniones de padres de familia. Debemos conocer y aprender sobre el modelo pedagógico actual, integrarnos con el, complementándolo en la casa con las acciones de todos los días, pues todos somos educadores permanentes en los distintos aspectos que enfrentan nuestros niños y niñas en la vida. Debemos inculcar disciplina y responsabilidad, sin confundirla con castigos o premios inapropiados. Y por último, lamentablemente, pero cierto, vigilar como se está ofreciendo la educación en la escuela, previniendo sobre el maltrato e incluso el abuso sexual.

Así que a enfrentar la enorme responsabilidad de asistir al colegio, con inmenso agrado y con la seguridad que nuestros hijos e hijas están frente a la mejor oportunidad en la vida, de superarse e incorporarse al grupo de personas que día a día tratan de cambiar la realidad de nuestra querida América Latina.

Hernando Antonio Villamizar Gómez