Editorial – El castigo físico ¿si o no?

Representa una tensión importante en el contexto de la crianza, dado que se encuentra muy arraigado en la cultura desde tiempos tan antiguos como los correspondientes a los tiempos bíblicos, pues en dicha obra hay varias referencias específicas a esta práctica.

El concepto actual de los expertos coincide en que es una práctica que debe salir del contexto de la crianza, puesto que la relación beneficio frente a inconveniencias no lo favorece; está establecido que el castigo físico tiene un efecto importante a corto plazo y que puede ser útil para imponer a ultranza un comportamiento determinado, pero que no genera un autojuicio o autoevaluación sobre la acción que motivó dicho castigo., pues la persona que lo recibe es perfectamente capaz de repetir la misma acción a escondidas para no ser castigada.

Las mujeres pegan más a sus hijos que los hombres, probablemente porque están más tiempo con ellos y por lo tanto sometidas a una tensión mayor.

Ángela Marulanda, una reconocida educadora familiar, resume en forma asertiva las desventajas del castigo físico así:

– No promueve respeto, sino desprecio
– No promueve admiración, sino temor –
– No promueve deseos de enmendarse, sino deseos de vengarse –
– No promueve colaboración, sino hostilidad –
– No forma personas amables y correctas, sino personas amargadas y violentas

El castigo físico le enseña a los niños que la violencia es una forma corriente de relacionarse entre los seres humanos y por lo tanto promoverá con mucha frecuencia comportamientos violentos en quienes lo reciben, dirigidos a las personas que están a su alrededor.

Un sabio proverbio afirma que “ El que pega para enseñar, está enseñando a pegar”.

Cuando el castigo físico se incorpora en la cotidianidad de la crianza produce con frecuencia ciudadanos sumisos, fácilmente influenciables, en quienes la autocrítica y el juicio personal pueden estar seriamente disminuidos, con todas las implicaciones que conlleva para el funcionamiento armonioso como integrantes del tejido social. Una investigación realizada por la Organización Panamericana de la Salud a nivel latinoamericano sobre el castigo físico, reveló que una de las motivaciones principales que los padres tenían para infligirlo a sus hijos era el temor a perder el control sobre ellos, lo que denota que es necesario darle a los padres de familia otros elementos para que continúen orientando la crianza, sin que se vulneren de contera los derechos de los niños. Lo anterior debe enmarcarse dentro del ejercicio de una autoridad benevolente, absolutamente necesaria para una buena crianza, que le permita al niño incorporar un referente normativo que se va a constituir en la génesis de un buen comportamiento social, que le permitirá al él y a quienes lo rodean un ejercicio vital gratificante.