Editorial – Disciplina con amor: necesaria y posible

El proceso de crianza implica como determinantes las acciones de instruir, educar y orientar a los niños y a las niñas en esta importante fase de su crecimiento y desarrollo. Dicho proceso busca el objetivo final de que ellos lleguen a actuar correctamente en sus vidas por convicción, mediante el logro de un buen nivel de autocontrol asociado con la práctica de las normas del bien obrar que la sociedad ha establecido para su armónico funcionamiento, mediante la práctica de pautas disciplinares.

Como padres debemos tener en cuenta que los buenos comportamientos no vienen incorporados a la naturaleza de los niños sino que ellos deben aprenderlos en el entorno en que se desenvuelven, donde el ejemplo de los padres, maestros y adultos significativos es determinante, asociado con el ejercicio de una autoridad serena y firme.

Este ejercicio de la autoridad por parte de los padres conlleva una expresión de poder benevolente y dialógica, entendida esta autoridad no como imposición sino como un ascendiente que se gana ante los hijos, mediante el buen ejemplo y el acompañamiento comprometido y permanente en el proceso de crianza. Durante este proceso será necesario confrontar los comportamientos indeseables en que necesariamente incurren los hijos y es ahí donde es necesaria la asertividad que permita la acción de corregir sin maltratar, perfectamente posible por lo demás, en el ejercicio de una disciplina con amor.

Es necesario reconocer que hay momentos en la crianza en que los hijos nos “sacan de quicio” con algunos de sus comportamientos, situación esta que con frecuencia lleva a la aplicación del castigo físico como una forma de corregir. Hoy se puede afirmar con el apoyo concluyente de los expertos, que el castigo físico constituye una expresa forma de maltrato que va contra la integridad física y la dignidad de los niños y niñas, y que va a afectar además en forma negativa su nivel de autoestima. Con toda razón se ha afirmado que “El que pega para enseñar está enseñando a pegar”, habida cuenta de las desventajas que implica en la promoción del comportamiento violento de los niños y niñas este modelo equivocado, al enseñarles que la violencia es una forma “efectiva” de relación entre los seres humanos.

¿Cómo corregir entonces sin maltratar?

La necesaria e impostergable confrontación de las acciones incorrectas en que incurren los hijos durante el proceso de crianza, debe practicarse en un contexto humanizado y humanizante, aplicando unas consecuencias lógicas para dichos comportamientos. He aquí una propuesta:

  • Explíquele al niño las razones por las que desaprueba su conducta.
  • Descalifique la mala acción del niño pero sin descalificarlo a él como persona. Se recomienda atacar por ejemplo la mentira más que a quien la dijo, así el niño tomará distancia frente a la acción y procurará no repetirla
  • Siéntelo en la “silla de la reflexión” por un tiempo definido, acción que promueve el autoanálisis sobre la falta cometida
  • Háblele y cuestiónelo en forma de pregunta sobre la acción negativa para inducir una respuesta autocritica. Por ejemplo: ¿qué sentirías si el golpe que le propinaste a tu hermana te lo diera a ti una persona más fuerte que tú?
  • Apártelo del sitio donde ocurre la acción, método del “tiempo fuera”
  • Suprímale temporalmente privilegios, que no impliquen vulneración de sus derechos

Todo lo anterior supone consistencia por parte de los padres, pues su ausencia debilita la necesaria autoridad. Ello exige además una actitud serena de su parte, pues con razón se afirma que la verdadera fuerza se expresa en la calma con que se actúa.

En conclusión, es perfectamente posible disciplinar con amor, propiciando la inducción al autocontrol, estableciendo previamente las normas, explicándolas y expresando las consecuencias de su transgresión con pleno cumplimiento de las mismas. Tengamos muy presente que el ejemplo arrastra en la crianza y facilita enormemente el necesario proceso de instauración de la disciplina.

Algunos TIPS :

  • Sea amoroso pero firme. Sea consistente.
  • Ordene poco, pero de manera clara y contundente.
  • Utilice la palabra NO, sólo cuando corresponda.
  • Tenga presente esta sabia reflexión del filósofo alemán J. W. Goethe: “Quién estando enfadado impone un castigo, no corrige sino que se venga”.