Editorial – Cómo hacer del niño un buen ciudadano

Son muchas las expectativas que los padres tenemos con respecto a lo que llegarán a ser nuestros hijos una vez que se incorporen a la sociedad como integrantes activos. El buen ejercicio de la ciudadanía debe ser una de ellas.

Definamos entonces, quién es un ciudadano. En concepto del educador Bernardo Toro un ciudadano es la persona que es capaz, en cooperación con otros, de construir o transformar las leyes que él mismo quiere cumplir, vivir y proteger para un ejercicio pleno de la vida con dignidad.

La investigación científica demuestra que los años de la infancia son decisivos y cruciales para el desarrollo de la inteligencia, la personalidad y el comportamiento social. Este último recibe una impronta muy grande del testimonio de vida de los padres, maestros y demás adultos significativos durante el proceso de la crianza, pues no debemos olvidar que el ejemplo arrastra y que los niños captan y asimilan las vivencias y actitudes del medio familiar y educativo en que discurren su crecimiento y desarrollo.

Además de la impronta indeleble del ejemplo, dentro del contexto de la crianza humanizada se inscriben tres metas del desarrollo que consideramos fundamentales para la formación de un buen ciudadano. Estas son:

La autoestima, definida como lo que cada persona siente por sí misma, su juicio general acerca de sí. Quien se quiere a sí mismo, está en plena capacidad de relacionarse con los demás con respeto, justicia y benevolencia, elementos constituyentes de un buen ejercicio de la ciudadanía.
Fomentamos en nuestros hijos una buena autoestima cuando fortalecemos el establecimiento de la autodisciplina mediante la creación de guías de referencia y cuando, además del amor incondicional establecemos con ellos mecanismos de retroalimentación positiva, basada en estímulos, como respuesta a los comportamientos que se consideran deseables.

La autonomía, entendida como la capacidad de gobernarse y llegar a pensar por sí mismo. Ser capaz de elegir, dentro de un pleno ejercicio de la libertad con responsabilidad. Esta autonomía podemos promoverla brindándole a los hijos oportunidades para elegir y tomar decisiones acordes con el momento del crecimiento y desarrollo por el cual ellos atraviesan. Nadie debe hacer por un niño lo que él sea capaz de hacer solo.

La Solidaridad, definida como la promoción de lo colectivo, la primacía del nosotros sobre el yo, dentro de un claro sentido de lo social. Promovemos la solidaridad cuando en el seno de la familia se facilita la introyección del concepto del otro en la vida del niño, apoyado por el ejemplo que den los padres y los adultos significativos.

Todo lo que hagamos para fomentar estas metas del desarrollo en nuestro hijos y alumnos, se traducirá necesariamente en un enriquecimiento de la capacidad de los niños y niñas para relacionarse asertivamente con las personas a su alrededor, con base en el respeto, que reconoce la legitimidad del otro en un proyecto común en el contexto del ejercicio de la ciudadanía.

Se ha afirmado y con razón, que la democracia y todas sus expresiones hay que enseñarla porque nadie nace con ella. Como muy bien afirma Fernando Savater, “Los ciudadanos democráticos no nacen como los hongos o los cardos, así sin más, libremente, sino que son una empresa de la propia democracia”.

Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y Puericultor