Displasia de cadera: conocerla es evitar males en la adultez

Displacia de cadera

En Colombia, la displasia de cadera afecta al 5% de los niños. Del diagnóstico temprano, que se hace a través de una radiografía a las 10 ó 12 semanas del nacimiento, depende el buen pronóstico de la enfermedad; no del uso de doble pañal ni de “sobanderos” o sesiones de fisioterapia. 

Por: Ana María Gómez Campos
Periodista Legis S.A.
Con la asesoría del
Dr. Juan Carlos Rodríguez Alvira
Investigador y especialista en Ortopedia y Traumatología Infantil 

Por su complejidad, la displasia simple de cadera suele ser confundida con problemas como la luxación, y por eso es sobrediagnosticada en el país, de acuerdo con el médico Juan Carlos Rodríguez Alvira, especialista en Ortopedia y Traumatología Infantil.

“Lo que sucede es que la cabeza del fémur, que es como una bola de ping-pong, debe encajar en el acetábulo (cavidad de la pelvis) formando la articulación de la cadera. Cuando esta cavidad es insuficiente y la cabeza se sale, se conoce como luxación; en cambio, si la cabeza encaja en el acetábulo, pero no es congruente y crea un movimiento anormal, se habla de displasia. Todas las luxaciones implican displasia, pero no todas las displasias, luxación”, explica.

Para entenderlo, el experto se remite al significado de la palabra: dis, que significa ‘trastorno en’ y plasia, ‘forma o moldeo’, es decir, un trastorno en el moldeo de la cadera.

Lo cierto y lo falso

Muchas creencias se han cosechado alrededor de esta malformación que, según estimaciones de los investigadores, afecta al 5% de los niños colombianos.

Pero, ¿qué es cierto y qué es falso? “Con la displasia de cadera se nace”, añade el especialista. Se puede generar entre la semana 11 y 18 de gestación, por herencia o después del sexto o séptimo mes, cuando el niño está en posición podálica, sentado, posiblemente por la presión que ejerce el útero sobre ese cartílago.

“En el embrión, hacia el día 22 de la gestación se forman los miembros inferiores y estos empiezan a girar hacia adentro para llevar las rodillas atrás. En ese transcurso aparece la alteración y en algunos casos se vuelve perenne”, aclara el Dr. Rodríguez.

Esto quiere decir que la displasia no tiene que ver con el parto por cesárea o con la creencia de que el médico jaló en forma errónea al bebé al momento de nacer.

A juicio del ortopedista, la dificultad en el diagnóstico se da porque mientras en las radiografías de los adultos se ve el hueso formado, en los niños aunque el molde del hueso está completo es cartilaginoso, lo que hace difícil su identificación.

La habilidad del médico que hace el diagnóstico consiste en deducir en qué condiciones se encuentra la parte cartilaginosa, con base en lo que ya está osificado, visible a los rayos X.

Pioneros en diagnóstico

El ortopedista Juan Carlos Rodríguez Alvira y el radiólogo Aaron Rodlewickz son pioneros en la detección de la displasia de cadera en el país, desde 1979. Antes de 1975 se buscaba luxación de cadera y, ocasionalmente, se diagnosticaba displasia por algún hallazgo sospechoso, como un clic al movimiento, limitación para la abducción de cadera (movimiento para llevar la pierna hacia afuera) o pliegues asimétricos en la piel. El diagnóstico se basaba en la medida de los índices de la cavidad de la pelvis, lo que hoy -según el especialista- puede conducir a diagnósticos errados.

Los investigadores, en vista de la alta incidencia de reemplazos de cadera y osteotomías de los huesos ilíaco o fémur, que se realizaban en el Hospital Militar en pacientes con secuelas de displasia de cadera no diagnosticadas, decidieron realizar 33 radiografías en menores de tres meses de nacidos -adicional al examen físico normal- encontrando tres casos de displasia.

El estudio se suspendió por razones administrativas y fue retomado en 1981, en la Clínica Santa Rosa de Lima de la Caja Nacional de Previsión, con 86 niños, de los cuales siete presentaron displasia. Este hallazgo motivó a los investigadores a establecer como requisito, para todo recién nacido, la realización de placas de rayos X, entre las semanas 8 y 12 de nacimiento. En 1986, se inició la toma rutinaria de radiografías antes de los cuatro meses de edad, en el Hospital Infantil Universitario Lorencita Villegas de Santos, aprovechando que los residentes de Pediatría y los estudiantes de la Universidad del Rosario rotaban en el área de Ortopedia Infantil, donde el doctor Rodríguez Alvira trabajaba.

Silenciosa al nacer, dolorosa en la adultez

En sus albores, la displasia de cadera no presenta síntomas. El dolor surge en la adultez, cuando debido a los roces entre el fémur y el acetábulo hay desgastes en la zona. “Quien sufre de displasia puede llevar una marcha y una vida normales hasta cuando aparece la artrosis, que es irreversible. Entre el 45 y60%de reemplazos de cadera en el mundo se realizan en personas que sufrieron de displasia y no fueron diagnosticadas”, comenta el ortopedista.

A diferencia de la displasia, el paciente que presenta una luxación de cadera cojea, escucha un clic al movimiento y tiene asimetrías en sus extremidades inferiores.

Diagnóstico y tratamiento deben ser tempranos

Según la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos (AAOS, por su sigla en inglés), hay errores comunes en los que se puede caer en el diagnóstico de la displasia de cadera, como pensar que un examen es suficiente o confiar solo en el ultrasonido -indicado para la luxación-, cuando el seguimiento debe hacerse con rayos X.

Lo cierto es que el tratamiento temprano -que no pase de las 12 semanas de nacimiento del bebé- es la clave para un mejor pronóstico.

Una vez se diagnostica la anomalía, el especialista indicará el tratamiento más adecuado para la niña o el niño. Por lo general, se formulan arneses ortopédicos. El éxito con el uso del aparato en forma adecuada es de 92 a 94%. Los especialistas han calculado que el tiempo aproximado para ver resultados es el doble de la edad más dos meses, es decir, que en un niño de tres meses serán alrededor de ocho meses. Cabe aclarar que es tarde iniciar un tratamiento a los 12 meses.

“Es necesario hacer énfasis en la im- portancia de seguir con rigor el trata- miento indicado por el especialista para evitar medidas más complejas como la inmovilización de la zona mediante ye- sos”, anota el doctor Rodríguez.

El procedimiento adecuado busca mantener al niño sentado con las piernas abiertas. Cuando fracasa esta opción o el diagnóstico se hace tardío, el paso siguiente puede ser la cirugía, con el fin de darle la cobertura adecuada a la cabeza del fémur. Así, se interviene el mismo hueso, la pelvis o ambos. De ahí la importancia, según Rodríguez Alvira, de entender la enfermedad y, sobre todo, diferenciarla.

Factores de riesgo

Existen algunas condiciones relacionadas con la displasia de cadera:

  • Raza: es más frecuente en la raza mestiza que en la blanca, y es infrecuente en la negra.
  • Sexo: definitivamente en las mujeres se presentan mayores casos que en los varones, pero eso no quiere decir que estos últimos no la desarrollen.
  • Herencia: si existen antecedentes familiares hay mayor posibilidad de sufrirla.
  • Postura: si la posición del niño en el vientre de la madre es pélvica, el riesgo puede aumentar hasta cuatro veces debido a la presión que ejerce el útero sobre el cartílago.