Disciplina

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La disciplina, según el Diccionario de la Lengua Española, es la “instrucción de una persona, especialmente en lo moral”. Por su etimología latina, es “Enseñar (discis y  pueri puella), por tanto, es imposible entender el acompañamiento en la crianza sin disciplina, pues esta es una herramienta fundamental para que los niños y adolescentes aprendan a diferenciar lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo.

El ejercicio de la disciplina tiene implícita la capacidad, la firmeza y la ternura de los cuidadores adultos, de tal modo que sea el fruto de relaciones de respeto y conocimiento, que tienen como finalidad formar personas libres, responsables, solidarias, críticas, reflexivas y con espíritu de servicio, esto es, empáticas, capaces de ver a los otros como seres humanos y no como objetos, así como de comprender los logros y sufrimientos ajenos.

Como se desprende de lo anterior, la disciplina es un genuino acto de amor y no puede ser una represalia nacida del enfado de un cuidador adulto ante un comportamiento de un niño o adolescente. Es, pues, una condición determinante para la formación de ciudadanía y para el desarrollo del autocontrol.

Álvaro Posada Díaz
Pediatra puericultor

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