Disciplina, mejor con amor

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La conducta o conciencia normativa es una habilidad para la vida que se forma desde edades tempranas con la ayuda de los padres. Pero, ¡ojo!, las exigencias deben estar de acuerdo con la edad. 

Por: Álvaro Posada Díaz
Pediatra y puericultor

Mediante la norma dirigida a disciplinar se construye y reconstruye la autonomía moral, expresada como conducta o conciencia normativa. Es aprendida en la niñez, y se trata de una habilidad fundamental para la vida, como una competencia social.

La conducta o conciencia tiene que ver con valores, costumbres, creencias, prejuicios y, sobre todo, con la autonomía moral, compañera ineludible de la libertad humana. La autonomía moral es la que lleva a los seres humanos a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal para obrar en consecuencia.

Calificación de los comportamientos

En el acompañamiento a niños, niñas y adolescentes, todo comportamiento debe calificarse siempre como adecuado (bueno, aceptable o deseable) o inadecuado (malo, inaceptable o indeseable).

Esta calificación depende de los patrones culturales en los que ocurra la crianza, las características de los adultos cuidadores y sus estados de ánimo, así como de la edad y el temperamento de los niños: no es un comportamiento inadecuado que un niño de 14 meses riegue la comida, pero sí puede serlo que lo haga uno de cinco años cuando la mamá esté ofuscada.

Es posible que con frecuencia los adultos cuidadores se equivoquen en el juicio sobre el comportamiento, sobre todo, por exigencias que no están acordes con la edad, como que un niño de dos años no se orine o ensucie en la ropa. Por eso, es fundamental conversar permanentemente sobre el tema, con el fin de no calificar equivocadamente.

Las buenas acciones

En la disciplina con amor, que significa acompañamiento con capacidad, ternura y firmeza, todo comportamiento adecuado observado por los adultos cuidadores debe ser recompensado siempre, pues, de este modo, ese comportamiento se refuerza y así se aprende, por ejemplo, a hablar, a vestirse, a comer, a lavarse los dientes.

Las recompensas son reforzadoras de los comportamientos considerados como adecuados, razón por la cual, deben ser aplicadas con oportunidad, esto es, inmediatamente o un poco después del comportamiento. Además, se deben utilizar siempre con base en el interés superior del niño, niña o adolescente y, por lo tanto, son dirigidas al aprendizaje para la construcción de la conducta normativa.

Al usarlas se debe tener el cuidado de que el comportamiento adecuado no sea precedido de la oferta de la recompensa, de tal modo que el aprendizaje sea el del comportamiento y no el de la búsqueda de la recompensa. Hay tres clases de recompensas: sociales, actividades y privilegios, y materiales.

Recompensas sociales

Son las recompensas fundamentales y deberían ser casi las únicas. Dan el mensaje de aprobación del comportamiento. Ejemplos de ellas son las sonrisas, los abrazos, los toques suaves en el hombro, el prestar atención, las caricias, los guiños, los aplausos y los estímulos, como las expresiones: “Bien hecho” y “me encanta lo que hiciste”.

Los privilegios

Estas recompensas consisten, por ejemplo, en salidas, uso de computadores, videojuegos, tabletas e invitaciones a sus amigos.

Recompensas materiales

Son las menos recomendables de las recompensas. Ejemplos de ellas son los helados, los objetos y el dinero. Para que no sean distorsionadoras de la construcción de la conducta normativa, deben
ser seguidas siempre de recompensas sociales.

Prácticas de crianza ante el comportamiento inadecuado

En la disciplina con amor, que significa acompañamiento con capacidad, ternura y firmeza, todo comportamiento inadecuado debe ser corregido. De este modo el niño aprende, por ejemplo, a no insultar y maldecir, a no hacer pataletas, a no pedir y exigir continuamente, a no morder, a no arrojar la comida, en otras palabras, a vivir en sociedad.

Las correcciones tienen como finalidad la extinción de los comportamientos considerados como inadecuados, razón por la cual, como sucede con las recompensas, deben ser aplicadas con oportunidad.

Las correcciones están dirigidas al aprendizaje para la construcción de la conducta normativa, por lo cual debe primar el interés superior del niño, niña o adolescente. Esta es la razón por la que no se deben hacer en estado de rabia, pues en este caso se pierde la efectividad del aprendizaje y solo sirven para calmar la angustia del adulto, lo cual es una expresión típica del adultocentrismo. Hay correcciones bientratadoras y maltratadoras.

Correcciones bientratadoras

Las correcciones bientratadoras, también llamadas moderadas, son las siguientes: ignorancia activa, tiempo fuera (time out), regaño y desaprobación, y sanción.

• Ignorancia activa

Esta corrección consiste en que ante un comportamiento inadecuado el adulto cuidador acompaña al niño, niña o adolescente sin prestarle atención por corto tiempo y sin discutir, hablarle o regañarle. En este proceso se finge que se está absorto en algo o se deja la habitación, asegurándose siempre de que quien se comportó inadecuadamente no se salga con la suya.

El acompañamiento con ignorancia activa es útil como corrección en niños y niñas de dos a cinco años y es de gran utilidad para comportamientos inadecuados como: gimotear y quejarse, enfurruñarse y malhumorarse, hostigar, maldecir, golpear, quejarse exageradamente y a los gritos, pedir y exigir continuamente, arrebatar juguetes, pataletas.

Cuando cese el comportamiento inadecuado se presta toda la atención necesaria. La ignorancia activa se debe complementar siempre con el reforzamiento (recompensa) de la conducta adecuada alternativa, esto es, cuando el niño no hace la pataleta habitual se le recompensa socialmente, estimulándolo por el comportamiento adecuado.

• Tiempo fuera

Esta práctica, llamada en inglés time out, consiste en una breve interrupción de las actividades, tiempo en el cual no hay atención directa de los adultos. Es muy eficaz ante comportamientos impulsivos, agresivos, hostiles o descontrolados difíciles de aceptar, como las pataletas. Además, es útil para extinguir comportamientos inadecuados como golpear, hostigar y provocar; responder con insolencia, gritar o chillar con furia; arrebatar cosas, arrojar o destruir juguetes, patear a otra persona, morder o amenazar con morder, tirar de los pelos, acoyundar a alguien, escupir, maltratar mascotas, llorar exasperantemente por molestar, pellizcar a alguien, arrojar la comida, dañar intencionalmente objetos, burlarse de otros, ofender a los demás, o desobedecer una orden que se le ha dado para parar su comportamiento inadecuado. Es una práctica de gran efectividad, útil en niños y niñas de dos a doce años. Debe ser utilizada por personal entrenado para su aplicación y, preferentemente, en instituciones como jardines infantiles.

• Regaño y desaprobación

Para regañar y desaprobar como práctica de corrección se debe estar cerca del niño, niña o adolescente, mirándolo a los ojos. El adulto debe ser firme y expresar sus sentimientos, indicando siempre cuál fue el comportamiento inadecuado.

Se deben evitar comentarios sarcásticos o despectivos, ser breve y mantenerse calmado.

• Sanción

La sanción consiste en el retiro de privilegios y se debe usar solo

cuando han fallado otros métodos de corrección. Es muy útil a partir de los cinco años de edad.
La sanción no tiene relación lógica con el comportamiento inadecuado, por ejemplo, si no se llega a la hora acordada y no hay razones para ello, no se va a la fiesta de tal día, lo cual debe ser pactado con anterioridad. Como se ve, implica una elección del niño que de antemano sabe lo que pasa si incurre voluntariamente en comportamiento inadecuado.

Correcciones maltratadoras

Las correcciones maltratadoras son las que lamentablemente utilizan muchos adultos cuidadores ante un comportamiento inadecuado.

Las formas de maltrato usuales en esta absurda forma de corrección son el castigo físico, la negligencia y el maltrato psicológico. En Colombia, según un estudio del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el 47% de las familias utiliza los golpes para relacionarse con los hijos, considerando legítima esta corrección. Esta nada recomendable práctica suele ocurrir cuando los adultos pierden el control porque los niños, entre otras cosas, desobedecen o irrespetan a los mayores.

En diversos estudios se resalta que el castigo físico hace énfasis en lo que no se debe hacer, con la pretensión de control externo de niños, niñas y adolescentes en el camino a la sumisión. Además, y esto es lo más grave, hace que estos obedezcan por miedo. Es claro, pues, que el castigo físico como práctica de corrección no facilita el aprendizaje de la conducta normativa.

De este modo, se logra que los cuidadores adultos sean conscientes de que en todo momento cada niño, niña y adolescente está diciendo: “Necesito ayuda para la construcción de mi conducta normativa, por lo que sería muy feliz si mis cuidadores supieran ejercer la autoridad y yo les obedeciera porque los quiero y respeto y ¡no por miedo!”.

Consecuencias

Todo acto humano tiene con- secuencias, las cuales pueden ser naturales o lógicas. Las primeras afectan directamente al niño. Las consecuencias lógicas son efectos que requieren la intervención de otros y afectan a los demás.

  • Ejemplos de consecuencias naturales son: si se maltrata al gato, este araña; si se rompe un juguete a propósito, este no se reemplaza; si se hostiga a los niños del vecindario, se queda en soledad; si se remolonea para ir a la escuela, se llega tarde. Son de alta efectividad y útiles a cualquier edad.
  • Ejemplos de consecuencias lógicas son: si se usa el triciclo en sitio prohibido, no se usará por cierto tiempo; si se pega chicle en un mueble, no habrá chicle por cinco días; si se rayan las paredes, no se usan los colores por una semana.

    Para que la aplicación de las consecuencias lógicas sea en función del interés superior del niño, este debe conocer lo que ocurrirá si se incurre en el comportamiento inadecuado. Este tipo de consecuencias son útiles a partir de los tres años en adelante.

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