Desde el Nacimiento

El primer hijo

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez

Pediatra puericultor, y

María Eugenia Villegas Peña

Especialista en familia

 

La espera y el nacimiento del primer hijo son eventos significativos para la pareja, porque fuera de ampliar la familia, significa construirse como padre y madre para el resto de la vida.

Cuando nace el hijo la familia centra la atención hacia su interior para responder a las necesidades de este; los padres se cierran al mundo exterior y difieren la satisfacción de sus necesidades individuales y de pareja, para enfocarse en el nuevo papel de ser padres.

Son tres

Con mucha razón se ha afirmado que: “Cuando nace un niño, nacen tres personas: un padre, una madre y un hijo”.

Hasta este momento la pareja funcionaba como díada; ahora, debe ampliar la estructura de manera que el hijo tenga su propio espacio, siendo uno de los cambios más significativos y trascendentales para la familia, que debe cambiar su cotidianidad.

Cambios en el grupo familiar

La presencia y demandas del niño exigen un reajuste en la relación de la pareja, en la que puede ocurrir una crisis si en la etapa anterior no se reflexionó sobre los cambios ni se elaboraron acuerdos ante lo que es la llegada y crianza del hijo.

El hijo puede llegar en la plenitud del desarrollo de la pareja, cuando fortalecidos mutuamente planean y preparan las condiciones para su llegada y son conscientes de la responsabilidad que esta tarea conlleva.

Puede ser una pretendida estrategia para mejorar las desavenencias de la pareja, situación esta muy compleja por los cambios que implica la responsabilidad de ser padres, los que sumados a la insatisfacción de la pareja como tal, van a contribuir a la generación de conflictos que dificultan las condiciones para crear el ambiente adecuado que posibilite el desarrollo armónico del grupo familiar.

Generalmente, se acepta que el nacimiento de un niño no hace que un buen matrimonio se dañe o que uno malo se mejore.

Si el hijo llega sin ser planeado, pero la pareja se siente capacitada para preparar las condiciones que implican el desarrollo del nuevo ser, se establecerán los acuerdos que permitan reorganizar su cotidianidad y posibilitar su buen desarrollo.

Cuando el hijo llega sin ser planeado ni deseado y la pareja no se prepara, este evento se convierte en motivo de insatisfacción y conflicto, tanto en la relación conyugal como en la proyección como padres.

Otros cambios que se promueven en el grupo familiar en este período son:

  • Variaciones en los límites de la intimidad de la pareja.
  • El niño y la madre tienen una relación muy cercana: el uno vive para el otro.
  • La relación de la pareja se puede desestabilizar porque los padres se dedican en forma absoluta a la atención del hijo.
  • El padre puede asumir una posición distante y sentirse segregado por la madre.
  • La pareja puede verse afectada en su relación conyugal dada la dimensión que adquiere la de padres.
  • Los parientes de ambos pueden llegar a intervenir en las relaciones de la nueva familia, de tal manera que les afecten la autonomía e independencia.

Sentimientos que se generan en la madre

La madre puede sentir como un peso la crianza y la satisfacción de las necesidades del hijo, de tal manera que ella como mujer y esposa se debilite; puede ocurrir agotamiento por la intensidad del trabajo, la falta de tiempo para ella misma, sentir que no tiene espacio para su descanso, e incluso llegar a pensar en ocasiones que la colaboración del compañero podría ser mayor, todo lo cual puede ser acentuado por la tendencia a la depresión que con frecuencia tienen algunas madres en el posparto inmediato.

Sentimientos que se generan en el padre

el padre puede tener un sentimiento de segregación y abandono debido a la íntima relación de la madre con el hijo; sentir que para él es lo que sobre de la atención y el cariño que la madre le proporciona al niño. El niño puede despertar celos en él porque siente que le ha quitado el apoyo emocional que la madre le ofrecía anteriormente. En general, puede predominar en este un sentimiento de abandono.

Si el padre es partícipe del proceso de gestación y nacimiento del hijo, se puede convertir en un gran apoyo emocional para la madre, lo que proporcionará un ambiente de armonía y satisfacción para los tres.

Para que el sentimiento de abandono del padre y el de agotamiento de la madre no se conviertan en factores generadores de tensión para la familia, es necesario que sean expresados y que se haga un análisis comprensivo de la situación, en el cual cada uno manifieste sus sentimientos e inquietudes. Los padres han de lograr la conservación de un espacio de disfrute para los dos, lo que contribuirá a su crecimiento como pareja.

 

Cambios sociales

Con el nacimiento del hijo se crea una convergencia de los sistemas familiares de origen de ambos padres, los cuales pueden influir en las pautas de crianza que se empiezan a determinar para el hijo. En algunos casos, los puntos de vista de las dos familias pueden ser antagónicos, dado que en ellos está presente la historia de la pareja y de las familias que ellos han construido.

La tarea primordial de los nuevos padres es la de hacer flexibles y permeables los límites, permitiendo la participación de los otros grupos sin perder la autonomía que como nueva familia están construyendo. La pareja, por la natural tendencia hacia su nueva familia, tiende a alejarse de sus propios grupos familiares de origen.

Es conveniente la regulación del tiempo para las visitas con el fin de conservar la intimidad de la pareja y posibilitar la reorganización de ellos como familia con hijos.

En las relaciones con el entorno familiar amplio es necesario tener en cuenta que el nacimiento del hijo no solo establece relaciones parentales, sino que también crea abuelos, tíos, primos, entre otros. Como se mencionó anteriormente, se pueden crear diferencias entre las familias de origen porque quieren tener una mayor participación y formar parte del proceso de toma de decisiones de la nueva familia.

El reto de ser padres

El ser padres implica contribuir en la formación de una persona; es una responsabilidad que oscila entre la satisfacción de asumir su función y el temor a equivocarse. Esta ambivalencia genera ansiedad en los padres, en su mayor parte por la proyección y dimensión que se le da actualmente al rol parental.

Por este motivo, los padres de hoy desean capacitarse y aprender a ser padres, con el fin de armonizar sus características individuales con los requerimientos que tiene la función de padres, dentro del proceso tendiente a lograr un mejor acompañamiento de los hijos en su desarrollo.

El ser padres hoy, es una conjunción entre las características que cada uno trae de su propio sistema familiar de origen y el empeño en mejorar las debilidades que cada uno encontró en sus propios padres.

Ser padres no es una tarea fácil; se construye en la cotidianidad de serlo, se asume en la medida en que se posibilitan los intercambios verbales, gestuales, afectivos, corporales y sensitivos con el hijo. Esta posibilidad solo se da con la convivencia estrecha e interactiva.

El hijo con sus características propias también influye y orienta la relación que él y sus padres construirán. El ser padres es complejo, es único, es dinámico y debe cambiar de acuerdo con las demandas de cada niño.

Como lo plantea Edgar Morin, la función de padres hoy se ve influenciada por el entorno: hay gran cantidad de programas de televisión y radio y folletos que describen las características de los padres, para tener hijos más inteligentes, más creativos, más independientes, más seguros; esta exigencia es una de las principales debilidades de los padres de hoy.

Ser padres es una gran responsabilidad, porque con esta relación se están formando personas, lo que implica acompañar el desarrollo del hijo desde que se concibe hasta cuando se convierte en el adulto autónomo e independiente.

En resumen, ser padres es la posibilidad que se genera cuando se gesta y nace el primer hijo; contiene un conjunto de alternativas que van adquiriendo su propia dimensión de acuerdo con el desarrollo y madurez del niño y de los padres, entretejidas con las relaciones entre estos, el hijo y el entorno sociocultural en el que se desarrolla.