Descubriendo otro lenguaje: lectoescritura

Descubriendo otro lenguaje: lectoescritura

El ser humano siempre ha escrito. Una de las maneras de expresar el vasto contenido interior lo constituye el lenguaje escrito. A su paso por el mundo el hombre ha expresado lo que siente, lo que desea, lo que ve y lo que anhela. Este lenguaje se compone de símbolos. El niño desde sus primeros meses de vida escribe: con el dedito crea símbolos en la arena, en el barro o en cualquier lugar donde él pueda ver que ha dejado una marca.

La lectura y la escritura son dos habilidades simultáneas que se inician desde la vida intrauterina y los primeros meses de vida del niño. El niño pequeño lee los latidos cardíacos de su madre, lee el ambiente exterior, la paz de la abuela, las caricias de la familia. La agitación del hermanito, el enojo de la tía. El niño es un excelente lector de todo el lenguaje del cuerpo, del lenguaje no verbal.

Es necesario hablarle al niño desde la época de recién nacido, contarle el mundo, decirle lo que está sucediendo, cantarle canciones, silbar, acariciarlo. De esta manera se introduce al mundo de los sonidos, de los gestos y de los símbolos, lo que le servirá para decodificar más tarde, de manera juguetona, los signos del lenguaje.

Existe otra forma de leer y escribir: es simplemente leer y escribir el mundo, que se refiere a la capacidad de los seres humanos de conectarse con el universo, de leer los sentimientos de las personas que les rodean y poder escribir los propios de una manera tal, que puedan ser leídos por esas personas cercanas. Esta forma de lectura y escritura desarrollada tempranamente en el niño constituye verdaderas plataformas sobre las que edificará su identidad. Así podrá preguntarse en la adolescencia ¿quién soy?, ¿quiénes son los otros?, ¿quién soy para ellos?, ¿quiénes son ellos para mí?
Antes se entendía como alfabetización solamente a la posibilidad de desarrollar habilidades para leer y escribir, pero la alfabetización es poder crecer en las capacidades reflexivas del sujeto. Es la capacidad de leer el universo, leer el clima, el verde de los campos, los gestos y las emociones propias y del otro; es sentirse a sí mismo y sentir al otro, es poder leer a los que están cerca y a los que están lejos.

El cuerpo es un libro abierto, un libro en el que se inscriben tempranamente las emociones, los anhelos y fracasos, frustraciones, batallas, triunfos, venganzas, alegrías, dolores y tantas otras sensaciones. Una madre, padre y maestro amorosos son capaces de leer tempranamente al niño que está allí al frente, pueden leer su intranquilidad, sus miedos, sus afanes. Enseñar al niño esa otra forma de lectura, leer los ojos de sus compañeros, leer a los que están cerca y a los que están lejos, en un alfabeto de emociones y de símbolos universales y particulares es una alabanza, una manera de construir magia, de generar milagros, de hacer democracia.

Los padres y maestros deben tener una actitud lectora, lo que motivará mucho más al niño el interés por las letras. Desde muy temprano el hogar debe disponer de un ambiente propicio para la lectura enmarcado en la emotividad, la tranquilidad, la paciencia, seducción, disponibilidad de tiempo, juego, sensibilidad y magia.

Jamás se debe imponer la lectura al niño como una rutina de formación. El niño debe sentir el placer y el afecto de la persona lectora, la que le enseña el placer de leer. Se puede leer en la sala, en el baño, en el patio, en el consultorio médico, el cine, etcétera. Se empieza leyendo lo que a los padres y al niño les encante: poesía, cuentos, rimas, canciones, adivinanzas, avisos publicitarios y tantas otras cosas. Lo fundamental es conectarse con las necesidades del niño que escucha, sin cansarlo, haciendo del ejercicio de leerle un espacio de aprendizaje significativo.

Las canciones de cuna y el tarareo son formas iniciales de lectura. A partir de los seis meses se le debe regalar al niño libros de láminas, de pasta dura o de tela o plástico. Es necesario que el niño manipule su libro y que tenga sentido de pertenencia. El usar este tipo de material evita que los dañen y que la lectura se convierta en una sensación negativa para el niño y en una frustración para el adulto. A partir del primer año de edad se le deben contar historias muy cortas. Se puede escribir al lado del niño y compartir ejercicios, tales como hacer la lista del mercado, pintar e inclusive trabajar en escritos más complejos.

A partir de los dos años se le debe leer y fomentar la escritura, pues es la época en que el niño empieza sus primeros trazos. Esos primeros garabatos expresados en el papel son supremamente valiosos, pues mediante ellos el niño expresa y describe sus inquietudes, deseos, sentimientos y emociones. Generalmente papá y mamá son los primeros personajes que ellos plasman y dependiendo de cómo ellos sientan su afecto, los pueden pintar muy grandes, o simplemente hacer una raya; un punto también puede representar un avión o cualquier otra cosa.

A partir de los dos años el niño empieza a tener más fuerza en la mano, a tener control sobre sus movimientos e intenta no salirse del espacio limitado que le da el papel. Pinta líneas, círculos y muchas rayas. Es tan solo después del segundo año cuando empieza a plasmar los esbozos de la figura humana, pinta un círculo al que le pone los brazos y las piernas, trata de pintar historias, fantasías y vivencias, y muchas veces tiende a acompañar sus pinturas con explicaciones y relatos.

Para que el niño plasme en el papel o en la pared necesita desarrollo adecuado de la mano. La mano expresa una madurez más exquisita del cerebro creador del ser humano. Se puede estimular esta función motriz fina con algunos ejercicios como ponerlo a rasgar papeles en tiras, meter granos en un frasco, arrugar papel (empezando por uno fácil y suave como seda y terminar con papel duro como el de las revistas), subir cremalleras, enrollar madejas, pintar con los dedos y muchas otras.

Muchos niños en esta etapa requieren superficies donde plasmar sus gráficos. La pared de la casa se convierte muchas veces en un tablero clandestino produciendo verdaderas crisis familiares. Si los padres no consienten que el niño pinte las paredes es conveniente explicarle al niño el porqué no se debe pintar toda la casa. Se le puede asignar una pared exclusiva para sus actividades de lectoescritura o disponer de papeles para que trabaje.

Hay algunas familias que son más flexibles y consideran que esta etapa del garabateo en las paredes es transitoria y que una vez que se supera este período pintan las paredes dejando algunos muros de recuerdo. Lo importante es ser flexibles y atender las necesidades del niño y las de los padres, concertando y llegando a acuerdos sobre esta situación.

Para los niños el dibujo es una forma de escribir el mundo, de escribirse ellos en el mundo, es una de las formas de expresión de su vasto mundo emocional. Los dibujos son símbolos o representaciones de su funcionamiento interior. La hoja es un universo y las líneas, texturas, trazos y colores, son expresiones individuales y sagradas que no deben ser manipuladas. Los niños deben hacer sus dibujos espontáneamente. Los dibujos hablan del mundo interior de los niños.

Es necesario que tanto padres como maestros comprendan que los niños en esta etapa manifiestan sus emociones por medio de sus dibujos, que allí en esos dibujos están inscritos sus miedos, sus inquietudes, sus alegrías, sus afirmaciones, sus descubrimientos y tantas otras cosas. El día que esto sea claro para los adultos significativos, se dejará de exigir determinados colores, formas, texturas y se dejará de manipular este hacer que es un retrato muy aproximado de su ser.

Las habilidades de la mano corresponden a las habilidades de todo el desarrollo psicomotor del niño: el niño escribe con todo su cuerpo. La preparación para la lectura la hace el niño con el juego: giros, ula ula, pararse de cabeza, correr, saltar, etcétera. Es preciso resaltar que durante los procesos iniciales de lectoescritura el niño está construyendo autonomía. En este momento debe tener un grado suficiente de dominio de su propio cuerpo y un buen grado de intimidad y de respeto para evitar la sensación de invisibilidad y de disminución.

Efectivamente, los niños para iniciar estos procesos alquimistas de lectoescritura no necesitan ni gendarmes ni aduaneros, necesitan verdaderos magos, que combinen la esperanza como único método pedagógico, envuelto en papelitos de amor, mucha creatividad, intuición, humildad, alegría, canto, juego y risa, sin la cual la existencia se extingue y muere. Magos llamados maestros y maestras de la niñez. La lectura deberá ser ese lugar en el que el niño conjugue su capacidad de pensar, de sentir, de reflexionar, de ser crítico, de soñar, de reír, de jugar y todas las demás características del saber humano.

Los padres deben recordar que la lectura y la escritura son un acto mágico que depende de la formación del niño, del ambiente familiar, del estímulo, del ambiente escolar y, sobre todo, deberán recordar que cada niño tiene su propio ritmo, su propio gusto y que ningún niño es igual a otro: cada niño es único e irrepetible. Así que deben aprender a disfrutar esta etapa en lugar de sufrirla, deben entender que la función de padres y maestros es la de un partero, que sabe que su función es estar allí, esperando que el fruto salga, sin presionar, acompañando, vigilando con responsabilidad y sin opresiones ni manipulaciones. Entonces, aprenderán a leer verdaderamente el mundo.

Carmen Escallón Góngora
Pediatra Puericultora
Terapista de familia

Recomendaciones

• Estimulen al niño desde la vida intrauterina, hablándole, arrullándolo
• Desde el nacimiento y durante la primera infancia, háblenle acerca de lo que está sucediendo, cuéntenle el mundo que le rodea
• Lean el lenguaje del niño, como una manera de que él aprenda a leer el mundo
• Cántenle, arrúllenlo, cuéntenle pequeñas historias
• A partir de los seis meses consigan cuentos de láminas de material resistente
• Estimulen la aparición de los primeros trazos o garabatos
• Enséñenle a observar la naturaleza, los animales, el clima…
• Hagan escritos al lado del niño y, cuando sea mayorcito, pídanle ayuda en esto
• Hagan en su hogar un ambiente que fomente la lectura
• Lean cuentos a los niños en un espacio placentero cuando estén ustedes con ganas y con tiempo
• No presionen ni obliguen al niño a leer ni a escribir
• Estén tranquilos y esperen que el niño inicie sus primeras figuras y letras
• Tengan a disposición del niño mayorcito cuentos propios de su edad y greda, crayolas, plastilina
• Estimulen la motricidad fina con juegos y ejercicios
• Disfruten la lectoescritura de su hijo