Depresión y adolescencia

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La familia es el primer sistema de comunicación y afecto en el cual está inmerso el niño desde su etapa uterina. La influencia de esta es fundamental para el desarrollo físico, emocional y social del niño, al igual que para la supervivencia y su conformación como individuo. De allí que este sistema, cuando está alterado, se constituye en un factor de riesgo para la aparición de depresión y otras alteraciones en los niños y adolescentes.

La depresión de los niños se asocia con la violencia en la familia, en todas sus formas (física, emocional y social): desinterés de los padres, carencia de vínculo afectivo entre padres e hijos, estilos de crianza violentos o permisivos de los padres hacia sus hijos, violencia social, desplazamiento forzado, alcoholismo de los padres, falta de certezas por parte del niño en lo referente a seguridad, estudio y otras necesidades básicas.

La depresión en el niño y el adolescente no es producto de un solo hecho, sino, muchas veces, es la suma de factores físicos, emocionales y sociales, y se manifiesta cuando el niño vive una nueva crisis o situación traumática.

El adolescente vive una etapa de mucho desequilibrio, inseguridad y dudas. Trata, fundamentalmente, de encontrar respuestas a los cambios que está viviendo y a los que siente que viven los padres y su entorno. El mayor desequilibrio del adolescente tiene que ver con tener que asumir muchos retos.

Tras las pérdidas debe elaborar duelos o procesos emocionales que se dan siempre después de ellas y sirven para reparar este dolor, lo cual le produce al adolescente estados de rabia, tristeza, duda y culpa, hasta llegar a la aceptación.

El adolescente pierde su cuerpo de niño, ese cuerpo aceptado que conocía y controlaba. Un cuerpo que consideraba hermoso, que lo acompañó durante muchos años y le permitió explorar el universo. Debe asumir un cuerpo nuevo, que se transforma cada día, que es amenazante, que no entiende y que no acepta.

Por otra parte, el adolescente pierde el padre que tenía de niño, un padre omnipotente, poderoso, veraz, protector y cariñoso, para encontrar en la adolescencia un padre que él considera débil, confuso, inadecuado, inconsistente y, muchas veces, indigno de aceptar.

La pérdida del rol de niño produce en él mucho dolor: aspectos como perder la niñez, el pensamiento infantil, la capacidad de asombro, de estremecimiento, de fantasía y de juego, para enfrentarse a un nuevo rol que implica un pensamiento más lógico; así como el descubrimiento de un mundo injusto, menos seguro, exigente, donde él debe participar más activamente en los procesos de transformación del universo.

El adolescente tiene una tarea fundamental y es lograr descubrir quién es, para dónde va y de dónde viene. Para ganar su lugar en el mundo, el adolescente debe librar muchas batallas con la sociedad, la escuela y la familia, peleando con los fantasmas propios y los del medio, hasta lograr vencer y, como Don Quijote, conquistar su espacio interior.

Todos estos duelos se viven en etapas que van desde la negación hasta la ira y la tristeza, para llegar finalmente a la aceptación. Las innumerables pérdidas producen en los adolescentes estados de melancolía que se contrarrestan con los muchos nacimientos que experimentan y que gracias a su gran variación en el estado de ánimo pueden cambiar fácilmente de la tristeza a la alegría cuando triunfan, logran superar un obstáculo o encuentran la compañía de un amigo.

Cuando el adolescente se encuentra en un ambiente familiar inadecuado para su desarrollo, como un sistema rígido que no acepte los cambios fácilmente, padres viviendo un divorcio maligno, padres adictos o violentos, o cuando el adolescente trae dolores de la niñez que no ha podido superar, la depresión es más frecuente.

La adolescencia es una etapa muy difícil y también muy prometedora. Es la época en la que se pueden reparar viejas heridas, en la que se logra una gran parte de la tarea de ™hacerse a sí mismo∫, en la que el ser humano, sostenido en los amigos y demás recursos afectivos, puede acompañar su soledad y construir un proyecto de vida que se convierte en el gran organizador de la existencia.

La depresión causa gran sufrimiento en el joven que la padece y, generalmente, también en los que conviven con él. Interfiere con el desarrollo normal ocasionando problemas adicionales en el desarrollo de habilidades sociales, académicas e interpersonales.

La depresión en el adolescente se presenta de múltiples formas: con tristeza, infelicidad, una apariencia deprimente, con la expresión de sentimientos de ser rechazado y no amado, así como con una pobre imagen de sí mismo y pesimismo. Es muy común ver en él una conducta violenta, así como sentimientos de inutilidad, fealdad y culpabilidad. También es frecuente que presente ideas de persecución, deseos de muerte o de escaparse de la casa, alteraciones del sueño, cambios en el rendimiento escolar, quejas frecuentes de los maestros, poca concentración, escasa memoria, deseos de estar solo y una pérdida de la energía habitual (fatiga física o mental).

Muchos adolescentes deprimidos se muestran ante el mundo como muchachos difíciles o raros. Es necesario mirar al joven y conversar con él para descubrir estos estados depresivos, los cuales dañan su tarea de vida.

El suicidio en el adolescente se asocia con depresión, con no sentirse amado y apoyado. Los estados de soledad extrema en el joven lo pueden llevar al suicidio. Los adolescentes tienen un concepto de inmortalidad, sienten que ellos son invulnerables, que mueren los demás, pero no ellos, lo que los lleva a asumir conductas suicidas irreparables.

El adolescente necesita de su red de amigos para hablar acerca de sus muchas pérdidas, necesita escuchar a los amigos y contar sus propias penas. El grupo salva. De igual forma, lo salva la literatura, la música, la espiritualidad, el arte, el deporte, el enamoramiento y encontrar una familia que lo logre escuchar, al igual que un maestro amoroso y respetuoso que crea en él.

La familia puede prevenir la depresión en el adolescente manteniendo una adecuada comunicación, con padres que hablen de sus propios cambios y sentimientos. La familia que mejor previene la depresión en sus miembros es aquella que, a pesar de no estar de acuerdo con algunos cambios del joven, lo respeta y acompaña; la que sea un puerto seguro para el adolescente y que lo acompañe a pesar de sus equivocaciones y dificultades.

Los mejores antídotos contra la depresión de los adolescentes son el amor, el respeto, la comprensión, así como una adecuada capacidad para afrontar las crisis (resiliencia), es decir, un sistema afectivo que les dé a los jóvenes la posibilidad de ensayar sin que los cuestionen, que entiendan que el error es parte del aprendizaje y que quien aprende de sus caídas no se ha equivocado.

 

Recomendaciones

  • Mantengan un sistema
  • de comunicación claro
  • en la familia.
  • No juzguen a su hijo adolescente.
  • Observen una actitud de respeto ante los cambios que está experimentando su hijo adolescente.
  • Hablen con sus hijos acerca de lo que ustedes están sintiendo.
  • Mantengan límites claros y adecuados.
  • Cuando sancionen a su hijo adolescente, háganlo sin avergonzarlo ni ridiculizarlo.
  • No comparen a su
  • hijo adolescente
  • con nadie.
  • Sepan acompañarlo sin invadir su habitación.
  • Acudan a apoyarlo cuando él y la
  • situación lo permitan.
  • Cuando su hijo adolescente presente síntomas depresivos que no tienden a desaparecer busquen ayuda profesional rápidamente.

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra puericultora, terapeuta de familia
Universidad de Cartagena

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