¡Cuídate!

¡Cuídate!

Cualquier niño, niña o adolescente de cualquier clase social puede ser víctima de abusos sexuales, que implican invasión a su intimidad desde una posición de poder, autoridad o sometimiento del adulto que comete este crimen. El hogar y el entorno inmediato se constituyen en los sitios donde los niños, niñas y adolescentes son sometidos a abuso sexual por personas que tienen el deber de cuidarlos: padres, tíos, padrastros, hermanos, abuelos, primos, vecinos, personas que trabajan en la casa y amigos de la familia son, entre otros, lo que más comúnmente están implicados en el abuso. Además, los menores pueden ser sexualmente explotados por abusadores que no son cercanos, lo cual, en la actualidad, suele ser mediado por la internet. El abuso sexual es la utilización de un niño, niña o adolescente por parte de un adulto, hombre o mujer, para actividades sexuales propias o de otros. Los abusos sexuales consisten en actos que incluyen manoseo indecente, ataque físico sexual, exposición ante cámaras, uso de lenguaje sexual explícito y mostrar material pornográfico.

En el niño, niña o adolescente víctima de abuso sexual se causa un fuerte impacto emocional a corto, mediano y largo plazo, además de una gran confusión por ser sometido a este grave daño por personas en las que normalmente debería confiar y de las que depende, y al no ser protegido o defendido por otros miembros de la familia. Dado que cualquier actividad sexual de esta clase es inadecuada, es importante tomar todas las medidas necesarias para evitar que ocurra. La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 18, y el Código de la Infancia y la Adolescencia, en su artículo 19, especifican claramente el derecho de los niños, niñas y adolescentes a tener protección contra esta forma grave de maltrato que es el abuso sexual.

Como la ley sola no es suficiente, es necesario el acompañamiento efectivo y asertivo en la crianza, acompañamiento en el que lo fundamental es el ejemplo que los niños, niñas y adolescentes reciban de los adultos en su relación con el cuerpo, con insistencia en la necesidad de disminuir las situaciones de riesgo y en reforzar la capacidad del niño en el amor, el respeto y el cuidado de su propio cuerpo y el de los demás, todo dirigido a evitar el abuso sexual y, por lo tanto, los graves daños que se producen en las víctimas.

Gabriel Álvaro Posada Díaz
Pediatra y puericultor