¡Cuidado con la autoagresión!

¡Cuidado con la autoagresión!

Más que llamar la atención, el niño que tiene comportamientos autodestructivos como cortarse o rayarse, puede estar sufriendo un dolor emocional tan grande que el daño físico lo alivia. Padres y maestros no deben ignorarlo pensando que su actitud no pasa de ser una pataleta, todo lo contrario, deben estar alerta y buscar ayuda. 

Ana María Gómez Campos
Periodista

Con la asesoría de:
Rafael Vásquez y Roberto Chaskel,
Psiquiatras infantiles 

 

Mariana tiene 12 años y aparentemente es una niña alegre en su colegio, a pesar de que la acaban de cambiar porque se aburrió en el anterior. Aunque no es el centro de atención, pocos pensarían que se siente sola. Un día decidió confesárselo a su compañera de puesto, Ángela: “Las del curso me rechazan, me hacen sentir como si no fuera del parche” y se puso a llorar. Un rato después estaba buscando sus venas para enterrarse el compás. En ese momento Ángela le gritó que no lo hiciera, las demás niñas se dieron cuenta, pero todas prefirieron callar, tal vez porque no sabían cómo actuar frente a la situación o por no quedar como las ‘sapas’ del salón. A otras simplemente no les importó. Al final, todo se quedó así.

Como Mariana, hay más adolescentes –de los que uno pensaría- que se rayan, se cortan y se hacen daño con métodos indistintos. Lo que los adultos aún no entienden es que lo que para ellos es “una forma que tienen sus muchachos para llamar la atención y a la cual no hay que darle importancia”, esconde problemas que van más allá de simples pataletas para que les ́paren bolas ́.

Según lo considera el psiquiatra infantil Rafael Vásquez, estás conductas autodestructivas son frecuentes en los mayores de 12 ó 13 años, para quienes el dolor emocional es tan grande, que el físico lo alivia. Según los cálculos que el especialista ha encontrado en la literatura, de 100 jóvenes, cinco o seis tienen esa tendencia. “Usualmente sucede cuando empieza el impacto social, hormonal y sexual”, dice.

El doctor Vásquez explica que los casos se dan particularmente en jóvenes con cuadros de depresión y ansiedad o que tienen dificultades en su vida social, problemas de aceptación, están afectados por una ruptura amorosa o piensan que este comportamiento es una manera de conquistar: “Porque él es el raro, el que se corta, eso se vuelve exótico”, afirma Vásquez.

También suelen hacerlo por afianzar su sentido de pertenencia a un grupo. “Por ejemplo, los llamados Emos (comunidad con predominio depresivo), lo hacen como una forma de decir “no se meta conmigo que estoy triste” o simplemente, como un ritual de participación cultural. “No es una forma de llamar la atención, es un síntoma de sufrimiento emocional”, enfatiza el doctor Vásquez.

Descubrir la causa

Pero detrás de los rayones y las cortadas, de acuerdo con el psiquiatra, puede haber motivos como una tristeza profunda, sentimientos de frustración, fracaso escolar, falta de aceptación familiar o social, soledad o algo que perturba su tranquilidad. Eso es lo que se debe descubrir.

“Lo que se ve no siempre es lo que es, y por eso, generalmente no se consulta. Los adultos ven esa actitud como un capricho, pero las causas siguen ahí. Si bien es cierto que no porque se corte quiere decir que se vaya a suicidar, los padres y maestros sí deben estar alerta frente a este riesgo.”, dice Rafael Vásquez.

De acuerdo con el psiquiatra infantil Roberto Chaskel, en cualquier caso, es una advertencia importante cuando un niño se hace lesiones a sí mismo, sobre todo, si se dan en un grupo social adolescente. “Cabe recordar que en las personas deprimidas cualquier lesión está ligada al suicidio, así entre algunos grupos sea una visión placentera de dolor. También puede ser una voz de alarma de que el muchacho anda en malas compañías”, dice el experto, y añade que la autoagresión es la tercera causa de su consulta, después de los trastornos de atención y ansiedad.

Así, en averiguar la causa está la forma de ayudar a estos jóvenes que, en ocasiones, han empezado a sufrir depresión desde la niñez, con síntomas bien distintos a los de los adultos, como hiperactividad, pérdida de peso porque dejan de comer y bajo rendimiento escolar.

También se deben descartar trastornos de identidad: “A los 15, un muchacho es tímido y es la edad en la que le toca empezar a relacionarse con niñas, que van mucho más adelante que él. El temor a acercarse, probablemente lo conduzca a estar solo y el único grupo que le queda es el de los hombres. En ese momento, puede empezar a tener cercanía con uno de ellos, sin que signifique enamoramiento y solo se trate de un adolescente bajo tensión”, comenta el doctor Vásquez.

No es ́sapería ́

Es por eso que los jóvenes que noten comportamientos autodestructivos en sus compañeros, deberían avisar a los adultos sobre lo que está pasando, al tiempo que decirles a ellos que lo contaron exponiendo sus razones. Solo así sus padres podrán tomar medidas y buscar ayuda.

Para el psiquiatra Vásquez, tampoco está de más descartar trastornos como déficit de atención o diferencias en las relaciones sociales que, en ocasiones, pueden necesitar tratamiento con medicamentos o psicoterapia.

Desde niños

De acuerdo con el estudio “Conductas autodestructivas en niños”, de la psicóloga Aliza Edelson Torenberg, publicado por la revista de la Sociedad Psicoanalítica de México el 11 de febrero de 2010, la mayoría de veces, estos comportamientos pasan desapercibidos y no solo incluyen cortadas sino el mismo hecho de fumar o de no comer, pues la necesidad de hacerse daño puede ser consciente o inconsciente, pero su objetivo último es aliviar el dolor emocional.

Aunque no todos los comportamientos de autoagresión tienen la misma razón, sí buscan expresar un gran sufrimiento, son un “llamado para comunicar algo que no pueden resolver, pero que tampoco pueden expresar con palabras”. En el trasfondo, además de la depresión, pueden estar las peleas familiares, las preocupaciones económicas o la separación de sus padres. En este último caso, los pequeños suelen lastimarse a ver si con eso logran que sus pro- genitores sigan juntos para cuidarlos, dice el estudio.

Ante el indicio, consultar

Lo cierto es que, ante cualquier señal, los padres deben acudir a la consulta para ayudar a sus hijos a resolver la situación; en los colegios también se deben tomar acciones, ver a cada niño como ser individual y permanecer alerta ante las situaciones de autoagresión, que son un problema real y no una “simple tendencia” entre adolescentes.