Cuando no rinde en el colegio…

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Camila es una muchacha de 13 años, que se había caracterizado por ser una estudiante común y corriente. Sin embargo, este año sus padres le han notado poco interés hacia el estudio, pues ahora solo piensa en estar con sus amigas todo el día. Hoy los han citado en el colegio para comunicarles que Camila perdió el año.

Por: Miguel Barrios Acosta
Pediatra y puericultor Universidad Nacional de Colombia

La escuela es un laboratorio social para los adolescentes. En ella ponen a prueba sus capacidades y habilidades para lograr una adecuada adaptación a ese medio. Un satisfactorio funcionamiento escolar constituye aisladamente la mejor herramienta para evaluar el desarrollo integral de un adolescente. Casi se puede asegurar que un joven que rinde satisfactoriamente y está bien adaptado al medio escolar es un adolescente sano.

Cuando presenta fallas en el funcionamiento escolar, debe generar preocupación.

La escuela para los adolescentes tiene dos grandes funciones. La primera es la de generar en ellos la adecuada apropiación del conocimiento y facilitar su aplicación a la vida. Esta función está bien estructurada y delimitada mediante los proyectos educativos institucionales y se cuantifica en los logros de las distintas asignaturas. La segunda es una función socializadora, que tiene que ver con la adquisición de valores, los principios de convivencia, solidaridad, ciudadanía, democracia, respeto por el medio ambiente y humanidad.

Si un adolescente tiene una adecuada función social, es decir, le gusta asistir al colegio, tiene amigos que lo quieren, participa en actividades extracurriculares, es respetuoso en clase con sus compañeros, profesores, pero cuenta con un pobre funcionamiento en una o más áreas específicas del conocimiento, hay que buscar el origen de esas fallas en el proceso del aprendizaje. Puede tener dificultades específicas para la adquisición de esos conocimientos, por una experiencia previa desagradable con la materia que lo predispone a no funcionar adecuadamente o porque la me- todología de la enseñanza es des- acertada para las habilidades de ese estudiante. Si un adolescente en la escuela tiene una buena funcionalidad social, pero un bajo rendimiento académico global que involucra todas o casi todas las mate- rias, probablemente la dificultad de aprendizaje sea más seria.

Las razones para que ocurra esta situación pueden ser: desmotivación total del adolescente por el conocimiento, ya sea porque no le gusta estudiar, o porque no le gusta la metodología, no tiene posibilidades reales de continuar estudios superiores, o simplemente porque el estudio no es un valor dentro de la familia.

Distintos casos

En muchos de los casos, el adolescente sí se encuentra motivado para aprender, lo que pasa es que le cuesta trabajo adquirir los conocimientos. La legislación que permite la promoción automática en los niveles de la escuela ha permitido que adolescentes con algunas limitaciones mentales leves alcancen los primeros años de la educación secundaria.

Otras veces, el adolescente no puede aprender, a pesar de desearlo y de tener una inteligencia normal. Son los adolescentes que tienen problemas específicos del aprendizaje o que tienen dificultades en sus capacidades para mantener la atención.

También puede ocurrir que necesitan muchos estímulos simultáneos para no aburrirse, o que tienen problemas para ubicarse espacialmente o para coordinar adecuadamente su visión con su escritura. Todas estas situaciones requieren de evaluación.

En otros tristes casos, el proceso del aprendizaje se afecta porque el adolescente no tiene la ‘gasolina’ suficiente para que su ‘máquina’ (el cerebro) funcione adecuadamente. Es la situación de jóvenes pobres que van a la escuela con hambre o con alimentación insuficiente que genera deficiencias específicas de algunos elementos como el hierro, indispensables para el adecuado funcionamiento en el aprendizaje. Las enfermedades también pueden causar disminución global del rendimiento académico.

Hay situaciones en las cuales el adolescente tiene adecuado funcionamiento en el área académica, pero no social. Pueden ser ‘estudiantes problema’, como aquellos irrespetuosos con sus compañeros o profesores, indisciplinados, que se oponen a las normas, poco colaboradores, conflictivos o vinculados con actividades delictivas dentro de la escuela (porte de armas, venta de drogas, etc.).

El pobre funcionamiento social se puede expresar también como una dificultad para tener amigos: son estudiantes aislados, refugiados en los libros, conocidos como nerds. Algunas veces la disfunción social es tan seria que causa la fobia escolar (pánico para asistir a la escuela).

Hay situaciones en las que hay adecuado rendimiento académico combinado con un pobre funcionamiento social. La violencia intrafamiliar, el maltrato, el abuso sexual, la depresión juvenil, los trastornos de conducta, los problemas de ansiedad, las escuelas y vecindarios violentos, el maltrato del profesor pueden explicar este escenario.

Otras veces, el bajo funcionamiento escolar es global, es decir, ocurre en el área académica y social. En la gran mayoría de los adolescentes que tienen disfunción escolar se afectan las dos áreas. Por ejemplo, en un adolescente que viva en un hogar con padres violentos y en proceso de separación, esta conducta social inadecuada repercutirá en su rendimiento académico.

No a la deserción

La permanencia del adolescente en el sistema escolar es un factor de protección para su adecuado desarrollo. Le va a permitir tener acceso a algún nivel de educación superior y, además, lo protege de situaciones de riesgo como vinculación con grupos delictivos, consumo de sustancias psicoactivas e ingreso en condiciones desfavorables al mercado laboral.

Un error frecuente en esta situación es dejarle toda la responsabilidad al adolescente. Por el contrario, la familia y la escuela deben hacer una profunda reflexión sobre los factores que pueden determinar esta situación y hacer los correctivos necesarios.

El adolescente con dificultades escolares necesita el apoyo y concurso de un equipo que aporte soluciones reales, oportunas y adecuadas. Deben participar idealmente un profesional de la salud con experiencia en problemas educativos, un representante de la comunidad escolar, la familia, y otros profesionales como educadores, psicopedagogos y terapistas.

Recomendaciones

  • Apoyen, en vez de criticar y desaprobar, a su hijo con fallas en el funcionamiento escolar.
  • Propicien la evaluación de su hijo con fallas en el funcionamiento escolar por profesionales con experiencia en el asunto.
  • Hagan los ajustes necesarios en su hogar para facilitar la mejoría del adolescente: establecer límites, incrementar el apoyo y las exigencias, facilitar las condiciones para el estudio (lugar adecuado, materiales) y garantizar las consultas con los profesionales pertinentes.
  • Mantengan una estrecha y sincera comunicación con la escuela y sigan de forma coherente las recomendaciones y acuerdos que se establecen para mejorar el funcionamiento escolar.
  • Acepten las posibles limitaciones que tenga su hijo en relación con el funcionamiento escolar, apóyenlo y ajusten su nivel de exigencia a sus capacidades.

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