¿Cuándo la conducta del niño es un problema?

Es válido iniciar este tema definiendo el concepto de conducta: es la manera como los seres humanos se comportan en su vida. Es la realización de cualquier actividad en la que está implicada una acción, un pensamiento o emoción. La conducta se refiere entonces tanto a lo que hacemos como a lo que pensamos y sentimos. La suma de varias conductas es lo que lleva a conformar el comportamiento de un individuo. Así, alguien que de manera más o menos constante se manifiesta alegre, servicial, solidario y cariñoso será clasificado como que tiene un comportamiento amable.

Una consulta frecuente de los padres es si una determinada conducta del niño es normal o no y estas quejas o preocupaciones varían de acuerdo con la edad del niño, las circunstancias en que se produce, a quién afecta, con quién ocurre, etc. Además de angustias y frustraciones, son situaciones que acrecientan discusiones entre los padres, entre estos y otros cuidadores, o en quejas constantes del jardín infantil o del colegio, etc.

Por otra parte, es necesario enfatizar que todos los niños se comportan mal algunas veces por problemas menores (cansancio, pequeñas frustraciones, golpes leves, porque no se hace su voluntad, etc.). También su comportamiento se puede alterar temporalmente por el estrés que ocasionan las circunstancias de la vida diaria (cambio de casa o colegio, nacimiento de un hermano, la entrada al jardín infantil, entre otras).

Otra consideración importante es que la diferencia entre un comportamiento normal y uno anormal no siempre es fácil; se trata de una línea muy tenue que depende del desarrollo, lo que, a su vez, varía mucho de un niño a otro, de las condiciones culturales, y de los valores y expectativas de cada familia y comunidad. Además, cuando se desconocen las etapas normales del desarrollo, cuando se pretende que el niño se comporte como el adulto (enfoque adultocentrista), para muchos adultos el grado de aceptación de la conducta de un niño es inversamente proporcional a su capacidad de movimiento y de hacer ruido. El “patrón ideal” sería entonces el niño quieto y callado. “¿De dónde se apaga este muchacho?” es una frase que se les oye con frecuencia a muchos padres de familia.

De manera general se puede decir que hay tres conductas de los niños:

  1. Conductas que son deseadas, aceptadas por los adultos y pares de los niños y que no ocasionan malestar en su entorno: estudiar, ayudar en los quehaceres del hogar, ser cortés. Son las conductas asertivas, las mejores para las relaciones interpersonales.
  2. Conductas que se toleran o aceptan solamente bajo ciertas circunstancias y de duración pasajera, como en momentos de enfermedad, la llegada de un nuevo hermano, cambio de colegio, etc. El niño habla aniñado, quiere volver a dormir con los padres, no controla sus esfínteres.
  3. Conductas que no pueden ser toleradas, como el gritar, lanzar objetos, e insultar. Son conductas disruptivas que rompen con el equilibrio, la tranquilidad y lo socialmente aceptado.

Conductas que, siendo normales, con frecuencia preocupan a los padres

– En el preescolar:

  • El preescolar que usa el “no” con frecuencia.
  • Exige que lo dejen hacer cosas solo (“ya soy grande”), pero otras veces pide ayuda para algo de lo que ya es capaz de hacer por sí mismo.
  • Tiene conductas agresivas de manera ocasional.
  • Presenta rabietas, las que cada vez van siendo menos frecuentes e intensas.

– En el escolar:

  • Cada vez pide más libertad.
  • Tiene problemas leves de autodisciplina y autocontrol.
  • Presenta dificultades en el manejo de la frustración y de la postergación de la gratificación.

– Preadolescente (10 a 13 años):

  • Quiere saber los porqué (“no traga entero”).
  • Tiene un cambio de actitud hacia los padres. Cuestiona la autoridad.
  • Es impulsivo con mucha frecuencia.
  • No tiene la capacidad suficiente de calcular las consecuencias a largo plazo de sus actos.
  • Demanda privacidad.

– Adolescente:

  • Presenta ambivalencia en el estado de ánimo.
  • Tiene cambios en su estilo de vida (peinado, vestido, música).
  • Le da mucha importancia al grupo.
  • Rechaza o cuestiona la autoridad.
  • Aduce que las pautas y límites no se imponen, se “negocian”.

Actitudes de los padres frente a conductas de sus hijos

Ante los diferentes comportamientos de los niños son múltiples las actitudes y posiciones de los padres y otros cuidadores primarios. Es común que algunos padres tengan una reacción excesiva ante un cambio menor y a corto plazo de una conducta. Al otro lado del espectro están aquellos que ignoran o minimizan conductas que pueden ser potencialmente graves. El temperamento, las tensiones diarias y la dinámica familiar también influyen en la manera como los padres califican las conductas de los hijos.

Algunas de las actitudes más frecuentes de los padres son:

  • Todo lo que hacen los niños lo califican como normal: “son niños”.
  • Descalifican muchas de sus actuaciones: “deberían comportarse mejor”, “es muy necio, muy infantil. Debería ser más obediente”.
  • Exaltan sus conductas como superiores a su edad: “son muy maduros”, “parece un grande”.
  • Tienen una actitud fatalista frente al comportamiento del niño: “no hay nada qué hacer: así nació. ¡Igualito al papá!”.
  • Tienen una sobreexigencia de conductas que no son propias para una determinada edad: “no tiene control de esfínteres a los 18 meses”, “tiene pataletas a los 3 años”.
  • Presentan laxitud y tolerancia frente a una conducta que se espera ya esté superada para su edad: “no se viste solo a los cuatro años”, “hay que darle la comida y cepillarle los dientes a los cinco años”. “Pobrecito, él no es capaz y se demora mucho”.

Partiendo de las anteriores consideraciones, es necesario comprender que en todo momento los niños están tanteando los límites, “midiendo el aceite”, para explorar hasta dónde pueden llegar. Confrontan la reacción de los padres y otros cuidadores y saben aprovechar muy bien cuando esta es equívoca, dispar o contradictoria. Es decir, cuando no hay una aplicación de normas y límites con firmeza, afecto y de manera sistemática (aplicación de las normas a toda hora, en todas partes y por todos los cuidadores); el niño “aprende” con quién es determinado permiso, dónde sí puede comportarse de una manera y dónde no: “qué tan raro: aquí hay que darle la comida y deja todo, pero donde la abuela dizque sí se come todo y solo. ¡Ellos saben a quién se la montan!”.

Trastorno de conducta vs. problemas de conducta

Son dos grupos de entidades que merecen diferenciarse muy bien:

  • Trastorno de conducta: se define como un patrón de comportamiento hostil, agresivo o perturbador, antisocial y violador de los derechos, que dura más de seis meses y que no es apropiado para la edad del niño. Básicamente se presenta a través de cuatro comportamientos:
    • Conducta agresiva: peleas, intimidación, crueldad con otros o con animales, uso de armas.
    • Conducta destructiva: vandalismo, destrucción intencional de la propiedad privada, incendio.
    • Falsedad: mentir, robar, delincuencia.
    • Violación de reglas: ausentismo escolar, escapadas de la escuela, maldades.

Se trata, pues, de cuadros muy evidentes y que requieren de un manejo interdisciplinario.

  • Problemas de conducta: son los que se presentan prácticamente en todos los niños en cualquier etapa de su vida y los que generan la mayoría de las quejas de los padres en la consulta. Los más comunes son:
    • Negarse a cumplir una solicitud o norma en un determinado tiempo. Entre sus múltiples causas están:
      • El niño no comprende una orden.
      • El desarrollo del niño no es todavía el adecuado para realizar lo ordenado.
      • No se garantiza la atención del niño al dar una instrucción.
      • Hay múltiples órdenes a la vez.
      • No hay motivación ni justificación para acatar una orden (para qué, por qué).
      • No hay consecuencias cuando no se obedece.
      • Está la misma orden repetida “un millón de veces” y no pasa nada.
    • Son reacciones para expresar enojo o desacuerdo ante una situación concreta y con la interacción con un adulto significativo. Ante la imposibilidad de canalizar emociones y sentimientos, el niño reacciona con todo su organismo a través del llanto, gritos, golpes, patadas, contención de la respiración. Se considera un fenómeno normal entre 1½ y los 5 años de edad. Específicamente en esta conducta es válido el principio de que el niño tiende a repetir una conducta cuando esta es recompensada y abandona la que es ignorada (técnica de la extinción).
    • Negativismo. Se trata del niño que siempre dice “no” a todo, manifiesta una oposición activa no agresiva, como una forma de llamar la atención. Aprende que negándose de manera perseverante a colaborar en algo evita hacer tareas que no son de su agrado.

¿Cuándo es preocupante una conducta del niño?

  • Cuando un hito del desarrollo no se presenta a una determinada edad: cuando esto ocurre es necesario tratar de detectar la causa. Ejemplos:
    • El niño que a los tres meses no se ríe, no sostiene la cabeza.
    • A los nueve meses no se pasa objetos de una mano a otra, no es capaz de sentarse sin apoyo.
    • A los 12 meses no imita gestos, no camina con apoyo.
    • A los 15 meses no dice al menos una palabra, no hace gestos cuando se lo solicitan.
    • A los 18 meses no identifica al menos dos objetos, no hace garabatos.
    • A los 24 meses no se quita la ropa, no patea una pelota, no dice al menos tres palabras.
  • Cuando persisten algunas conductas más allá de determinada edad: las conductas inadecuadas pueden presentar cierta “normalidad” si se dan en determinadas etapas del ciclo vital. Sin embargo, cuando su magnitud, frecuencia o perseverancia en el tiempo pasan ciertos límites, ya deben ser preocupantes y requieren de una intervención. Ejemplos:
    • Un niño de más de dos años sin control nocturno de esfínteres.
    • De más de cinco años que hace pataletas con frecuencia.
    • De más de cuatro años que no es capaz de vestirse sin ayuda.
  • Cuando se dan conductas que interfieren con la rutina diaria del niño y de su familia. Ejemplos:
    • Cuando la hora de acostarse es siempre un trastorno familiar.
    • Cuando se tienen que hacer ritos, rogar, amenazar y chantajear al niño en las horas de las comidas.
    • Cuando actúa con mucha frecuencia bajo el estímulo de un premio o la amenaza de un castigo.
    • Cuando no acata órdenes de manera sistemática.
  • Cuando tiene conductas que potencialmente pueden alterar su crecimiento y desarrollo. Ejemplos:
    • Es altamente selectivo en las comidas.
    • Ingiere solamente comida chatarra, bebidas gaseosas.
    • Pasa más tiempo del recomendado con el uso de pantallas.
    • No se aplican rutinas de manera consistente en los primeros dos años de vida, en actividades como el aseo personal, el cuidado de los dientes, horarios de comida, etc.
  • Cuando el niño es quien decide dónde, cuándo y cómo se hacen las actividades de la vida diaria. Ejemplos:
    • No se establecen rutinas desde los primeros meses de vida para la alimentación, el aseo, el sueño, etc.
    • No se aplican normas y sus consecuencias.
    • No cuenta con modelos de cumplimiento de normas, de respeto por la diferencia, de aceptación del otro.
  • Cuando el niño tiene comportamientos que alteran su inteligencia y educación emocionales. Ejemplos:
    • Conducta agresiva: reacciona con frecuencia y ante la menor frustración gritando, lanzando objetos, mordiendo, saliéndose del aula.
    • Conducta pasiva: el niño que le rehúye a los problemas, se muestra siempre sumiso buscando siempre agradar a todos, o nunca protesta.
    • Timidez limitante: cuando se da a tal grado que limita su proceso de socialización, su desempeño en comunidad, o el trabajo en equipo.
  • Cuando la conducta del niño ocasiona frecuentes problemas de convivencia con sus amigos. Ejemplos:
    • Hay quejas frecuentes del colegio por peleas con sus compañeros.
    • Daños frecuentes a la propiedad privada.
    • Travesuras reiteradas en el vecindario.
    • Habla demasiado e interrumpe constantemente al profesor.
    • Hace daños o escándalos frecuentes en un espacio público.

¿Qué hacer?

Ante una conducta anormal del niño es necesario analizar cada caso en particular, incluyendo en dicho análisis las condiciones de modo, tiempo y lugar (dónde ocurre más frecuentemente el comportamiento inadecuado, con quién, bajo qué circunstancias), teniendo en cuenta los cuidadores y sitios habituales que frecuenta (padres, abuelos, maestros, etc.).

Recomendaciones

  • Afronte la causa. Lo más efectivo ante una conducta inadecuada del niño es identificar la causa, ir a la raíz del problema y erradicarlo.
  • Revise el ejercicio de autoridad que aplica (autoritaria, negligente, permisiva, democrática) y haga los correctivos pertinentes.
  • Revise los criterios en la aplicación de normas y límites (son adecuadas para la edad, consistentes, hay consenso en la disciplina entre los cuidadores, hay desautorizaciones, etc.)
  • Analice cómo aplica las sanciones o consecuencias ante el comportamiento inapropiado del niño.
  • Busque ayuda profesional.
  • Entienda siempre que la desobediencia o agresividad pueden ser también, en muchas ocasiones, signos de un problema de fondo, como abuso sexual, maltrato infantil, bullying, violencia intrafamiliar, entre otros.

Prevención

  • Fomente permanentemente las conductas asertivas en el hogar y en la escuela.
  • Limite el número de reglas o normas, circunscribiéndolas a los campos de la seguridad, la salud y el trato a los demás.
  • Unifique criterios (entre todos los cuidadores) en la aplicación de las pautas de crianza, con énfasis en el ejercicio de la autoridad (normas, sanciones).
  • Son importantes la firmeza y el afecto en la crianza.
  • Son necesarias las evaluaciones periódicas del desarrollo y del crecimiento del niño en las que se permita una visión integral de sus ámbitos biológico, psicológico, social y espiritual.

Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra puericultor
Universidad de Antioquia