Editorial

Crianza y autoridad: una alianza necesaria y posible

La crianza definida como el proceso de acompañar, educar y orientar a niños y niñas en la aventura de la vida, debe fundamentarse en un ejercicio asertivo de la autoridad, que grupos de expertos califican como benevolente y con serena firmeza.

El buen ejercicio de la autoridad en la crianza tiene como función enseñar a obedecer responsablemente dentro de un proceso gradual de socialización, entendida esta como convivencia en democracia.

Una de las connotaciones etimológicas más reconocidas de la palabra autoridad se refiere a la raíz latina augeo, que significa, entre otras acepciones, ‘hacer crecer’. Desde su origen debemos tener claro que el ejercicio asertivo de la autoridad debe permitir que los niños y niñas avancen de manera segura hacia la meta fundamental de su autonomía.

Con mucha frecuencia se observa que las prácticas de crianza oscilan pendularmente entre la permisividad y el autoritarismo. La primera deroga las normas estableciendo para el niño un enorme vacío y el segundo las refuerza, pero de una manera amañada y caprichosa. Como la anota William Damon, por opuestos que puedan parecer, la permisividad y el autoritarismo de los progenitores y de otros adultos acompañantes, tienden a producir en los sujetos de crianza personas con un pobre autocontrol y una incorporación difícil al tejido social, que compromete el ejercicio vital gratificante al que tienen derecho.

La invitación que hacemos con vehemencia desde la Sociedad Colombiana de Pediatría tiende al rescate de un buen ejercicio de la autoridad, que le aporte a los sujetos de crianza los elementos necesarios para obrar con la responsabilidad y la libertad, que les permita afrontar con éxito cada una de las etapas de su proceso vital.

Un buen resumen de nuestra propuesta lo encontramos en esta reflexión de Emanuel Levy: “La autoridad es el equilibrio entre la libertad y el poder”.