Crianza para la paz

Entre los idearios esenciales de los padres y educadores están los de propender porque sus hijos y discípulos lleguen a ser personas pacíficas, dispuestas a participar en los procesos de construcción y reconstrucción social, comprometidas con su entorno y decididas a ejercer plenamente su ciudadanía. Lo anterior, no se da por generación espontánea, sino que suele ser la respuesta a todo un proceso, donde el acompañamiento comprometido y el ejemplo de los padres y adultos significativos juegan un papel determinante.

Está demostrado que cada niño necesita una relación cariñosa y fuerte con sus padres o, en su defecto, otro adulto, para sentirse seguro y confiado; sin este lazo estable existe el riesgo importante de un comportamiento hostil y problemático. De igual manera, se reconoce plenamente que los niños aprenden con el ejemplo de sus mayores, y que el comportamiento, los valores y las actitudes de estos tienen una gran influencia sobre sus concepciones ideológicas y su manera de obrar.

Hay una evidencia creciente sobre la concordancia entre el estilo de crianza y la resistencia a la violencia por parte de los niños, que refuerza el concepto de que el hogar y las relaciones que en él se establecen se constituyen en modelos que predisponen al aprendizaje de resolución de los problemas sin recurrir a la violencia.

Esperamos que estos elementos contribuyan al fortalecimiento de la capacidad de padres, hijos y educadores para relacionarse entre sí y con las personas a su alrededor en un contexto no violento y enriquecedor para su calidad de vida.

Como reflexión final, queremos compartir un sabio concepto del escritor argentino Ernesto Sábato, referente a este tema: “Si sanamos las heridas físicas de los niños, ellos pueden sobrevivir a una guerra. Si sanamos sus espíritus, tal vez se prevenga la próxima guerra”.