Crianza en tiempos de estrés

Por: Carolina María Agudelo
Psicóloga – Grupo PREVACAM (Cali)

“Bendita la crisis que nos permitió fortalecernos psicológicamente y aprender junto a nuestros hijos lo que hubiese tardado una vida en aprenderse; benditos los niños que, en medio de la crisis, nos han demostrado que son valientes, fuertes y resilientes”.

No hay que tener muchos estudios para ser padres idóneos, de hecho, no existen padres buenos o malos, como regularmente lo creemos.

Asumir el papel de padres conlleva encontrarnos con nuestra propia realidad. Cuando nos hablan de un padre o una madre lo primero que pensamos es en nuestra madre y en nuestro padre, patrones que están muy arraigados en nuestro ser y formación, de una forma tan fuerte y resistente como la columna vertebral que sostiene nuestro cuerpo, pues bien, son esos los modelos que soportan, en gran parte, nuestras emociones y conducta. Por ello, es importante darle una mirada a lo que fue nuestra crianza y encontrar allí ciertas formas o moldes que como padres seguimos teniendo. Esto dispara en nosotros ansiedades, angustias y deseos, manifestados en nuestros hijos y lo que queremos para ellos.

Todo este conglomerado de emociones puede jugar a nuestro favor o en contra haciéndonos percibir que la crianza sea un goce o una carga. Así mismo lo perciben nuestros hijos, quienes tienen la gran habilidad de sintonizarse emocionalmente con nosotros, leyendo cada emoción y cada conducta, sean premeditadas o no.

La actualidad nos presenta un nuevo reto, un nuevo desafío, el mundo y la crisis que vivimos hacen tambalear nuestras creencias, nuestra forma de pensar y actuar frente a nuestros hijos y las nuevas circunstancias a las que nos enfrentamos: teletrabajo, estudio desde casa, responsabilidades del hogar y un volcamiento a la familia de tiempo completo; situaciones estas para las que no estábamos preparados. Por lo tanto, es el momento de hacer un inventario de vida sobre nosotros, con qué equipo contamos para enfrentar esta situación, pero, sobre todo, qué debo empezar a adoptar como nuevas habilidades para encontrar el equilibrio y bienestar.

Cualquier trabajo o desarrollo de una nueva labor implica habilidades, ser padres no es diferente, son habilidades parentales, así como suena. Las habilidades para ser padres son de tipo: cognitivo, emocional y protector. Las aptitudes para saber hacerlo y no fracasar en el intento son del tipo de la inteligencia emocional, la capacidad de vincularnos con nuestros hijos, ofrecerles espacios protectores seguros, y prever y anticipar los peligros, entre otras.

La inteligencia emocional nuestra y la de los demás nos lleva a preguntarnos cómo estoy gestionando mis emociones, que no son buenas o malas; solo están allí para darme una información sobre el mundo. Lo que en ocasiones no es adecuado es la forma en que yo expreso el enojo o la tristeza, pues es allí donde puedo dejarme llevar por el impulso de la emoción misma sin pensar en el otro o en el daño que esta expresión emocional puede hacer.

De esta manera, entramos en el terreno de la empatía, esto es, “ponerme en los zapatos del otro”, una habilidad emocional que me permite hacer ese vínculo con mi hijo, sentir lo que él está sintiendo, leerlo, comprenderlo y, así mismo, mostrarle el mundo cuando aún no tiene herramientas para conocerlo. Este intercambio emocional me dará la posibilidad de afianzar ese lazo que será para siempre, que incluirá la confianza, el amor y el respeto; valores tan deseados por todos los padres en su relación con los hijos.

Criar en momentos en los cuales todo parece estar en movimiento o cambio, implica manejar la propia emoción de nosotros, los padres. Nosotros somos sus contenedores y traductores de lo que pasa en el mundo:

  1. Si como padre veo el mundo como un lugar peligroso e inseguro, debo esperar que mi hijo lo perciba de la misma manera, lo cual me demostrará con pataletas, llanto, angustia y tristeza.
  2. Si como padre despliego mis herramientas de resiliencia, optimismo y esperanza, así mismo le mostraré a mi hijo que el mundo es un lugar seguro y esperanzador.

Finalmente, nosotros somos catalizadores emocionales de nuestros hijos.

Ahora bien, ¿cómo logro explicarle a mi hijo lo que sucede?, tratando primero de autogestionarme, de analizar cómo estoy ante esta nueva situación. ¿Cómo lo puedo hacer bien? La respuesta es muy simple, y los invito, para ello, a pensar en esta analogía: imaginen que van en un avión y de repente sucede una emergencia, el piloto abre el altavoz y dice: “señores pasajeros, tendremos una fuerte turbulencia, aunque sé que no será fácil, estoy preparado para esto y lo afrontaré de la mejor manera, pueden estar tranquilos”.

Ahora bien, pasemos a otro escenario, la misma situación, el piloto abre los altavoces y dice: “señores pasajeros, tendremos una fuerte turbulencia, realmente no sé qué hacer, esto me desborda, si quieren pueden pedir al santo de su devoción, pero creo que no saldremos bien librados de esta”. Al respecto, mis preguntas para ustedes son: ¿cuál escenario les genera más temor? ¿Cuál situación les da más seguridad? Les tengo noticias: los padres somos los pilotos y nuestros hijos son los pasajeros.

En una misma situación podemos utilizar un lenguaje que valide las emociones de temor o de enojo, las cuales tenemos todo el derecho de sentir, pero también de manifestarlas de una forma más asertiva, esto no hará de nosotros padres frágiles, por el contrario, les enviará a nuestros hijos un mensaje de que, a pesar de percibir que la situación no es fácil, podemos manejarla y, además, aprender de ella, a eso se le llama resiliencia.

La conexión emocional con los hijos no debería perderse nunca, la verdad es que el afán del mundo de hoy hace que nuestro piloto automático esté inmerso en rutinas, producción, y demás actividades que hacen que la frecuencia de padres e hijos no esté sintonizada. El llamado es a reconectarnos, tanto con nosotros como con nuestros hijos, a través de prácticas que adoptemos como hábitos en nuestra vida diaria, tales como:

  1. Revisa qué tan satisfecho estás como persona con lo que realizas en tu vida diaria, tu profesión, en tu vida de pareja, etc.
  2. Intenta mantener una visión positiva de la vida, viendo la adversidad con un ángulo diferente, esto es, como una experiencia de aprendizaje.
  3. Fomenta el autocontrol en los niños, a través de hablarles de una forma relajada y constructiva de lo que acontece en la vida.
  4. Simplifica tu vida, organizando, planeando, y diseñando rutinas donde todos participen en el hogar; esto te liberará del estrés y les creará responsabilidad a los niños desde pequeños.
  5. Permite recibir ayuda, cuenta con redes de apoyo y delega algunas labores del cuidado asistencial.
  6. Adopta prácticas de autocuidado, como la realización de ejercicio, comida sana, buena utilización del tiempo, momentos de ocio y cuidado del sueño, que te ayudarán a ser más asertivo y menos reactivo.

Ese ser que hoy demanda tantos cuidados algún día crecerá y ya no dependerá de ti. Con solo mirarlo descubrirás sus emociones y, de paso, las tuyas que están tan dentro de él; valida esas emociones, dales un significado, entiéndelas como parte de la vida misma y gestiónalas de la manera adecuada para que la crianza sea un tiempo de goce, de aprendizaje mutuo, de respeto y, sobre todo, de mucho amor.