Criando niños con corazones responsables

Por: Lina María Martínez Fonseca
Coordinadora Editorial de la revista Crianza & Salud
Con la colaboración de Juan Carlos Santacruz
Director Ejecutivo

Fundación Colombiana del Corazón

El corazón es el motor que le da vida a nuestro cuerpo, pues la sangre que impulsa le proporciona al organismo el oxígeno y los nutrientes que necesita para vivir, de ahí la gran importancia de cuidarlo desde nuestra infancia. Enseñarles a sus hijos buenos hábitos para el cuidado de su corazón es crucial y los niños aprenden con el ejemplo, por ello, es fundamental que, como padres, adopten medidas de cuidado y prevención que integren a su estilo de vida para traerle beneficios tanto a su salud como a la de ellos.

Cómo funciona su corazón

“Lup dup, lup dup, lup dup”, ese ruido misterioso en su pecho que siente día y noche diariamente y que, a veces, puede llegar incluso a tener conciencia de su fuerza y rapidez, son los latidos o palpitaciones de su corazón. El Director Ejecutivo de la Fundación Colombiana del Corazón (FCC), Juan Carlos Santacruz, lo describe explícitamente: “en el cuerpo humano hay muchos y variados músculos, pero el corazón es un músculo especial, y ¿qué lo hace especial?, que es el que se encarga exclusivamente de enviar la sangre a todo nuestro organismo. La vida se fundamenta en la capacidad que tiene el corazón de latir.

El corazón late cuando está empujando la sangre a todas las partes del cuerpo, proporcionándole oxígeno y cada uno de los nutrientes que necesita. Funciona como una bomba, pues su lado derecho recibe la sangre del organismo y la bombea a los pulmones, y su lado izquierdo toma la sangre de los pulmones y la bombea a todo el cuerpo. Antes de que el corazón emita un latido se llena de sangre, luego se contrae y la expulsa, una actividad que hace todo el tiempo sin parar nunca, pues, en el momento en que pare, es cuando se nos parará la vida”.

El cuidado como estilo de vida

Si usted cuida la salud de sus niños desde pequeños está contribuyendo, en una gran medida, a que estos gocen de una buena salud en su adultez, pues el sano desarrollo de sus hijos es un regalo que usted les dará ¡para toda la vida!; así, la práctica de ciertas actividades y cambios en el estilo de vida les ayudará a disminuir los riesgos de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular cuando estos sean mayores.

Al respecto, la Asociación Americana del Corazón (AHA, por su sigla en inglés) impulsa su estrategia “Cómo ayudar a prevenir enfermedades del corazón a cualquier edad”, pues, para la entidad, “nunca eres demasiado joven, o demasiado viejo, para cuidar tu corazón”; por ello, la prevención significa tomar decisiones inteligentes ahora, para que valgan la pena en el futuro. Además, mantenerse saludable, y hacerlo asimismo con sus hijos, no es tan difícil; estas son las recomendaciones:

  • Elija un buen plan de alimentación para su salud.

Este debe incluir alimentos bajos en grasas saturadas, grasas trans, azúcar y sodio. Consuma muchas frutas y verduras, granos enteros ricos en fibra, pescado, nueces, legumbres y semillas, así como productos lácteos bajos en grasa y aves de corral (sin piel). Limite la ingesta de bebidas azucaradas y carnes rojas.

  • Manténgase físicamente activo.

Los adultos deberían realizar, al menos, un total semanal de 150 minutos de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad aeróbica vigorosa, mientras que los niños y adolescentes deberían hacer mínimo 60 minutos/día de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica.

Siete sencillos pasos de vida

La AHA define, igualmente, siete factores de riesgo que las personas pueden mejorar a través de cambios en el estilo de vida para ayudar a cuidar la salud de su corazón, así:

  1. Controle su presión arterial.
  2. Esté atento a sus niveles de colesterol.
  3. Reduzca su azúcar en sangre.
  4. Realice alguna actividad física diariamente.
  5. Aliméntese mejor.
  6. Manténgase en su peso ideal.
  7. Deje de fumar.

Programa  ‘Corazones responsables’ de la FCC

Entre tanto, la Fundación Colombiana del Corazón (FCC) apostándole, de igual forma, a la estrategia del “Cuidado como estilo de vida”, creó un programa que motiva a las personas a que “superen los hábitos tóxicos que les impiden tener una mejor versión de ellas, adoptando el cuidado como parte de su diario vivir”, al cual llamó “Corazones responsables”. Se trata de una metodología práctica, sencilla y pedagógica que busca lograr que las personas se reten a sí mismas para que el cuidado de su salud se les convierta en una prioridad; para ello, deben incorporar en sus vidas 30 desafíos.

Pero ¿cómo pueden llevar a cabo estos desafíos los padres e hijos por igual? Los niños aprenden con el ejemplo, por ello, como padres ustedes son su modelo. Apuéstenle entonces a desarrollar planes saludables en conjunto. Para Santacruz, “la esencia de los padres no debería ser la de `dar lora o cantaleta’, sino la de ser `el ejemplo’. La clave está en ser referentes y, para esto, nos indica cuáles son los tres comportamientos fundamentales que los padres les deberían enseñar a sus hijos para integrarlos a su estilo de vida: primero y fundamental, que los papás sean activos para que los hijos igualmente lo sean; segundo, que no estén en sobrepeso para que los hijos puedan aprender, de igual forma, que deben comer bien; y tercero, que los papás no fumen nunca”.

Se trata de que los padres ejerzan una influencia positiva sobre sus hijos con comportamientos de cuidado. “Muchos de los factores de riesgo que conducen a la enfermedad cardíaca o a un ataque cerebral se pueden prevenir adoptando un enfoque de vida sana en el que participe toda la familia y ahí, por supuesto, los papás son definitivos. Durante toda la vida hacemos lo que vemos en el entorno en el que crecemos, por eso, la prevención se debe iniciar en la niñez y debe comenzar con el aprendizaje del cuidado como estilo de vida”, agrega el Director de la FCC.

La entidad, para ello, invita a los pediatras a fomentar el cuidado del corazón de sus pacientes mediante el desarrollo de estrategias que vinculen la participación de los padres. Entre los programas que propone está el llamado “30 desafíos para lograr tu mejor versión”, que se trata de un entrenamiento de 900 días a través de los cuales las personas llevarán a cabo diferentes retos que, a la larga, se convertirán en nuevos hábitos dentro de sus vidas.

Dentro de estos 30 desafíos, destacamos los seis principales que, fácilmente, pueden desarrollar conjuntamente padres e hijos, así:

  1. Voluntad de hierro.
  2. Mente positiva.
  3. Me muevo, me energizo.
  4. Aprendo a comer.
  5. Vitamina N.
  6. Los números de mi vida.

En lo que se refiere al desafío de Mente positiva, por ejemplo, Santacruz indica que este abarca retos como: “Amanecer recargado, el cual consiste en saludar el nuevo día, levantándose temprano para mirar el amanecer, durante 30 días, con el fin de conectarse con el escenario natural. Dedicarse a uno mismo, meditando durante 20 minutos, ya sea al levantarse, al mediodía o al acostarse, practicando el método que actualmente está en auge, como es el de mindfulness o atención plena. Desconectarse para conectarse, la idea de este reto es que las personas se aparten por completo de las redes sociales, la televisión y el Internet, durante tres horas al día, por 30 días, para que logren conectarse consigo mismas.

Entre tanto, el desafío de Aprendo a comer integra retos como el de Debes balancear, con el cual se busca que los padres e hijos aprendan a controlar lo que consumen, esto es, eligiendo los alimentos que realmente necesitan sus cuerpos. Otro es el de Dulces solo mis pensamientos, sobre el que, aclara, lo ideal es que los niños eviten el dulce en lo posible, sobre todo en las bebidas azucaradas, y consuman solo un dulce a la semana”.

Para más información al respecto pueden consultar: https://corazonesresponsables.org/programas/2020/03/25/30-desafios-para-lograr-tu-mejor-version/

El vínculo entre nuestras emociones y la salud cardíaca

El cardiólogo y autor de best-sellers de origen indio Sandeep Jauhar, actual director del Programa de Insuficiencia Cardíaca del Centro Médico Judío de Long Island, interesado en el tema sobre el vínculo que se establece entre las emociones y la salud cardíaca, escribió el libro El corazón: una historia (Heart: a history), en el que argumenta que “los estudios cardiológicos necesitan enfocarse más en los factores emocionales que pueden tener influencia en el desarrollo de padecimientos cardíacos, como vivir en la pobreza, el estrés laboral o las relaciones amorosas o familiares infelices”. Para él, los estudios y avances tecnológicos alrededor del corazón seguirán desarrollándose a lo largo de la historia, pero “la gran frontera no explorada es la de dedicar más recursos a revisar la intersección que existe entre el corazón emocional y el corazón biológico”.

Según Jauhar, “el corazón es tanto una máquina biológica, como un órgano vital que muchas culturas piensan alberga el alma. Es un símbolo de romance, tristeza, sinceridad, temor y hasta de valentía”. Por ello, insta a las autoridades de la salud a que tomen más en cuenta el estrés emocional como otro de los factores de riesgo en las cardiopatías. Y, de hecho, así lo aplica con sus pacientes, pues los anima a hablar sobre aquello que los aqueja con el fin de poder entender mejor sus vidas emocionales, y, a su vez, los motiva a hacer cambios en su estilo de vida para disminuir su estrés, como practicar yoga y meditación.

Al respecto, Santacruz opina que, “en primer lugar, vale la pena decir que uno siempre asocia el corazón con el amor, ¿y esto por qué sucede?, porque cuando uno tiene emociones el corazón late un poquito más fuerte, a pesar de que las decisiones de amor las tomemos desde la cabeza. Evidentemente está muy ligado a las emociones porque según la alteración del ánimo que tengamos este late de manera diferente; no obstante, hay algunos otros factores que son mucho más relevantes: en el cerebro, en el sistema digestivo, en las glándulas suprarrenales se segregan algunas hormonas de la felicidad y las del estrés, las cuales, en la medida en que uno las secreta tienen un efecto sobre la salud del corazón. Al estar felices, las hormonas de la felicidad hacen que el corazón se cuide y, por lo tanto, nuestras emociones afectan de manera positiva su salud. Pero, por el contrario, cuando nos sentimos tristes, estresados o ansiosos, las hormonas del estrés inciden de manera negativa en la salud del sistema circulatorio, y, por lo tanto, en el corazón”.

¿Qué deberían entonces hacer los papás al respecto? Según Santacruz, impulsar en los niños dos comportamientos: el pensamiento positivo y la atención plena con aceptación. “El primero es intentar ver la vida, las cosas, la realidad, etc., de manera positiva, lo cual influye notablemente en las emociones del corazón; y el segundo, es que uno se dedique cada momento a estar en el presente, esto es, me estoy bañando, entonces disfruto del baño; estoy comiendo, disfruto de cada bocado, y así con cada cosa y momentos vividos. Es entender que la vida está hecha del presente y no del ayer ni del mañana, que es muy corta y que, en razón de eso, se debería vivir intensamente día a día, así las emociones serían mucho más prácticas y fáciles de manejar y cuidaríamos de mejor manera nuestro corazón”, concluye.