Comportamientos desafiantes de los niños. Su significado y una propuesta de acompañamiento

El comportamiento desafiante es un patrón recurrente de conducta negativa, desobediente y hostil, como, por ejemplo, oponerse a las peticiones o reglas hacia figuras de autoridad, padres y maestros, o molestar deliberadamente a los compañeros. Generalmente, quienes lo padecen tienen una baja tolerancia a la frustración y pierden el control fácilmente. Sus desafíos se dan en forma de provocaciones que dan lugar a enfrentamientos. Estos problemas, lamentablemente, parecen ir en aumento y, lo que es más significativo, la edad de inicio es cada vez más temprana.

Entre los comportamientos desafiantes más frecuentes están:

  • La agresión.
  • La destrucción de pertenencias.
  • Los gritos.

¿Por qué se comporta así?

Usted puede percibir que el comportamiento de su niño no tiene sentido. Es importante saber que los niños utilizan estos comportamientos porque les funcionan. Esas conductas desafiantes les otorgan la capacidad y oportunidad de enviar un mensaje de manera rápida y poderosa.

Para cambiar esas conductas, es fundamental que usted descubra lo que las está causando. Si reconocemos por qué el niño está eligiendo dicho proceder, entonces le podemos enseñar cómo comunicar sus deseos y necesidades de una manera agradable.

Puede ser verdaderamente frustrante, cuando pareciera que debería ser fácil, que el niño encontrara por sí solo una manera más apropiada de comportarse.

Los niños utilizan la conducta desafiante para:

  • Obtener algo. Atención, un juguete o ir a dormir.
  • Evitar hacer algo. No quiere recibir un alimento o seguir instrucciones.

No resulta extraño encontrar conductas desafiantes a lo largo del ciclo evolutivo “normal” de cualquier niño. La conducta de oposición puede tomar diferentes formas, desde la pasividad extrema, como no obedecer o mostrarse inactivo, hasta formas más exageradas, como los insultos o la resistencia física con agresividad hacia las figuras de autoridad.

¿Qué podemos hacer?

  • Poner atención cuidadosa en lo que estaba haciendo el niño antes de que se presentara la conducta desafiante. ¿Qué sucedió después? Cuanto más lo observe, más capacidad tendrá de tener una lista de razones posibles del porqué ocurren esos comportamientos.
  • Hacer seguimiento. Tratar de llevar un registro de cuándo ocurren las conductas desafiantes: ¿justo antes de la siesta?, ¿cuando el niño está cansado?, ¿cuando los padres se van al trabajo?, ¿a la hora de comer?, ¿cuando llega del jardín?
  • Dramatizar. Utilizar títeres, muñecos, juguetes, etc., para promover la nueva aptitud con el niño. Por ejemplo, hacer que la muñeca diga: “yo quiero jugar afuera. Quiero abrir la puerta y correr. Mami dice que tengo que esperarla”. No gritaré. Diré: “rápido mami, estoy lista para jugar”.
  • Leerle cuentos. Hacerle preguntas al niño acerca de un personaje del libro, como una manera de iniciar un diálogo sobre su comportamiento. Por ejemplo: “la niña del cuento no se quiere ir a la cama”. Pregúntele, o que adivine, ¿por qué cree que la niña no quiere irse a la cama?
  • Planear actividades, de acuerdo con el niño. Los niños quieren saber acerca de lo que se está planeando, desean estar incluidos en la planeación. Como los padres viven tan ocupados, hacen cambios y los cambios bruscos pueden considerarse abrumadores para los niños. Por ejemplo, “vamos en el carro al supermercado cuando tú termines de armar el rompecabezas”. Se podrá observar un descenso dramático en las conductas desafiantes.
  • Entablar relaciones positivas. Es esencial que cada niño sienta que los adultos lo valoran y esto sirve de fundamento para enseñar las expectativas para el comportamiento y las habilidades sociales. Los adultos deben expresar generosamente la aprobación del niño, haciendo comentarios positivos sobre lo que hace, de modo que se entable una relación cariñosa. Los niños que tienen relaciones positivas y cariñosas con sus padres cuidadores pueden adquirir con más facilidad las habilidades que necesitan para regular sus emociones y comportamiento. Así pueden desarrollar habilidades socioemocionales que los hacen sentir unas personas capaces. Los niños necesitan ver que sus sentimientos son comprendidos.
  • Promover prácticas preventivas. Se puede minimizar el comportamiento desafiante ofreciéndoles guías sobre un proceder apropiado, con prácticas preventivas y proactivas, como tener ambientes y materiales bien organizados para los diferentes juegos.
  • Instruir sobre habilidades emocionales. La oportunidad de jugar con un grupo de niños de la misma edad también representa desafíos respecto a la resolución de problemas en grupo, el desarrollo de amistades, la solución de conflictos y la expresión de emociones. Por lo tanto, es importante ofrecerles a los niños instrucciones en forma repetitiva sobre las habilidades sociales y emocionales necesarias para la competencia social.
  • Individualizar las intervenciones. Los niños pueden utilizar una variedad de comportamientos desafiantes, como pegar, morder, tirar el cabello, empujar. Para muchos de ellos, estas conductas representan lo normal para su etapa de desarrollo; sin embargo, esto puede ser una situación perfecta para que el adulto guíe al niño en el aprendizaje del comportamiento apropiado. Por ejemplo, un niño de dos años de edad muerde a otro niño, a fin de conseguir quitarle un juguete. Puede decirle: “el morder duele, pídele el juguete” y observar cómo se comporta, para determinar cómo se va a intervenir. De esa manera, se diseña la intervención teniendo en cuenta las necesidades únicas e individuales de ese niño. Las conductas desafiantes son una oportunidad para enseñarles diferentes alternativas; son momentos de construcción de normas que los niños van interiorizando.
  • Enseñar habilidades sociales o de comunicación. Los niños que utilizan la conducta desafiante con el objetivo de satisfacer sus necesidades no han desarrollado importantes habilidades sociales o de comunicación. Por ello, es fundamental identificar el comportamiento, individualizando las habilidades que el niño necesita aprender para que, al manifestar ese comportamiento de nuevo, el niño no logre alcanzar los resultados que desea. “Lo que siento no es lo que soy”. Ejemplo, si en el jardín, un niño destruye los materiales de otros niños, interfiere con sus actividades para llamar la atención. Se debe esperar que el niño se calme y exprese sus sentimientos, por ejemplo: “estoy bravo”.

Cuándo utilizar el ‘time out’ o “tiempo fuera” en el preescolar

El “time out” o “tiempo fuera” es uno de los métodos para tratar los comportamientos desafiantes graves, como la destrucción de las pertenencias, agresión física o la desobediencia, que no han mejorado aun cuando se han implementado las prácticas anteriormente descritas. Hay que registrar, por lo tanto, cuándo, dónde y con quién ocurren esos comportamientos.

Este método constituye una forma de disciplina para reducir efectivamente los comportamientos desafiantes intensos de los niños pequeños. Esta estrategia exige que se aparte al niño durante un breve rato de la actividad que está en marcha, sentándolo alejado del lugar donde se está realizando dicha actividad, pero sin abandonar el salón de clase, hasta que se calme y esté listo para reanudar su participación en esta. Ese “tiempo fuera” se propone como una forma de responder a los conflictos, sin violencia, de modo que se les ponga fin, se proteja a la víctima y se le ofrezca al niño un espacio para tranquilizarse.

El “time out” no debe implementarse si el niño está utilizando el comportamiento desafiante para escapar de una actividad o alejarse de los compañeros. Surte efecto solamente cuando se emplea como un método para estimular y animar los comportamientos sociales positivos.

Esta estrategia debe ser breve, unos 3 a 4 minutos; no obstante, algunos niños necesitarán más tiempo que otros para calmarse y las diferencias individuales deben respetarse. Termina una vez que el niño esté tranquilo y listo para volver a la actividad que estaba realizando.

Como podemos ver, puede ser divertido y gratificante el descubrir lo que está pensando su niño y por qué. Entre más familiarizado esté con la manera en que su hijo reacciona a las situaciones cotidianas, más fácil será enseñarle maneras apropiadas para enfrentar los retos, como la frustración y el estrés. Los niños que aprenden a manejar estas situaciones se sienten más seguros y será menos probable que recurran al actuar desafiante para comunicar sus necesidades.

En el jardín, la técnica adecuada del manejo de las conductas desafiantes es establecer rutinas, reglas y consecuencias claras, al igual que utilizar refuerzos positivos y recompensas; promover en los niños comportamientos apropiados dentro del aula reduce las manifestaciones disruptivas. De igual forma, el abolir el uso de comentarios negativos por parte de los maestros hacia los niños redundará de manera importante en la disminución de sus comportamientos desafiantes.

Recomendaciones

  • Atención especial. Los niños con comportamientos desafiantes severos y persistentes requieren de una evaluación especial para ofrecerles un apoyo comprensivo tanto a ellos como a sus familias.
  • Participación de la familia. La familia debe conocer que los comportamientos desafiantes persistentes son graves y que es apropiado seguir las recomendaciones. Los adultos lo único que vemos es la conducta desafiante y de acuerdo con la disciplina positiva, los sentimientos son los movilizadores de esa conducta.
  • Evaluación especial. Los niños con conductas desafiantes severas y persistentes necesitan de una evaluación especial de salud mental con el fin de poder ofrecerles un apoyo comprensivo para ellos y su familia. Quizás uno de los puntos más delicados de la evaluación es el de aclarar si el niño presenta criterios para algún otro diagnóstico.

 

 

Referencias bibliográficas

  • La prevención de conductas desafiantes en la escuela de infantes. Un enfoque proactivo. Fundación Educación y Desarrollo. México; 2010.
  • American Academy of Pediatrics. Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health.