Cómo superar la adversidad: resiliencia

Por: María Piedad Puerta de Klinkert
Profesional en desarrollo familiar y pedagogía de la virtualidad

La familia de Daniela tuvo que salir corriendo del lugar en donde vivían porque los amenazaron con matarlos. El temor, la pérdida de todo lo que tenían, el tener que vivir en un lugar en donde no conocen a nadie y las costumbres son completamente diferentes a las de ellos, le causaron al papá una grave enfermedad del corazón que lo tiene incapacitado. La mamá logró conseguir empleo haciendo aseo dos días a la semana en una casa de familia, lo que les provee el único ingreso que tienen.

Cuando los echaron del pueblo, ella estaba muy asustada. Hasta dejó de hablar por un tiempo y solía llorar a escondidas para que nadie la viera. Pero la misma situación hizo que se unieran más que antes y eso les está ayudando a salir adelante. Ahora, en los días en que la mamá trabaja, Daniela cuida a su papá, lo lleva a las citas con el médico y a hacerse los exámenes que le ordenan. Con solo nueve años de edad, se ha convertido en la mano derecha de sus papás y en la alegría de la casa.

Todos los problemas que se presentan los conversan entre los tres. A Daniela le han enseñado que sus opiniones son muy importantes, y que lo mejor que puede hacer cuando está preocupada o asustada es expresar lo que siente. Sus papás le demuestran con frecuencia que confían en ella, que respetan sus iniciativas y las tienen en cuenta. Valoran la ayuda que les da con los quehaceres de la casa y el cuidado del papá. Por eso, en la escuela ella habla con orgullo de su familia, de todo lo que comparten y de la responsabilidad que tiene.

Al tener que afrontar tantas dificultades con su familia, se ha vuelto muy hábil para pedir y encontrar ayuda cuando la necesita, lo mismo que para hacer rendir lo que logra conseguir la mamá con su trabajo. Y lo mejor de todo es que, aunque siente nostalgia de su tierra y de todo lo que dejó atrás, ha vuelto a ser feliz y a destacarse en la escuela. Su miedo se ha transformado en habilidad para darse cuenta de cosas que los demás no notan a simple vista, y eso hace que otras personas que están en circunstancias parecidas, le pidan ayuda cuando la necesitan. Sin darse cuenta y sin proponérselo, han ido formando entre todos un grupo de apoyo que crece y se fortalece poco a poco.

En una sociedad tan compleja como la nuestra, en donde los problemas sociales, políticos y económicos están a la orden del día, la situación que viven Daniela y su familia se ha hecho cada vez más común, no solo en nuestro país, sino en el mundo entero.

A algunas personas las obligan a desplazarse los delincuentes y los grupos armados en conflicto que actúan en las zonas rurales; a otras, los que hay en sectores urbanos. A muchos los amenazan por sus creencias, su trabajo, su forma de pensar, su estilo de vida, por lo que saben o poseen, o simplemente por su color u origen.

También son muchos los niños que han padecido, e incluso presenciado, la muerte violenta de un ser querido muy cercano, para luego quedar en condiciones económicas y sociales muy limitadas. En medio de este panorama, los niños suelen ser la población más desprotegida y vulnerable, sobre la cual recaen con frecuencia las más graves consecuencias de todos estos hechos. Son ellos quienes tienen mayores probabilidades de sufrir traumas graves o de que se les altere su desarrollo.

A pesar de todo lo anterior, ellos tienen una gran capacidad de recuperación llamada resiliencia, que evoluciona y se va perfeccionando a medida que el niño crece. Gracias a ella, un niño entre los seis y los doce años es capaz de hacerse cargo de tareas cada vez más complejas, y de superar no solamente problemas relacionados con el ambiente social, como los que se acaban de describir, sino también con la violencia y el maltrato dentro de la familia y en la escuela.

Aunque es admirable que Daniela a sus nueve años se ocupe de las tareas domésticas y del cuidado de su papá, durante los días en los cuales su mamá trabaja fuera de la casa, eso no significa que ella sea una niña excepcional. Sus habilidades se han desarrollado gracias a su resiliencia, la misma que tiene cualquier otro niño, que igualmente es la causa de que ella se haya vuelto tan hábil para hacer rendir el sueldo de la mamá, para buscar y encontrar ayuda o para colaborarle a otras personas que tienen problemas parecidos a los de ella. Es la que, además, le ha ayudado a volver a ser feliz, a pesar de todos los problemas que afronta con su familia en la actualidad.

Los padres pueden ayudarles a sus hijos a activar su resiliencia estimulando las iniciativas y la disponibilidad para el trabajo que los niños suelen tener entre los seis y los doce años de edad. Por lo general, en esta etapa de su desarrollo, a los niños les encanta realizar labores sencillas que ven hacer a las personas mayores, y cuando estas les permiten llevarlas a cabo y los estimulan cuando las ejecutan bien, ellos se sienten importantes, tenidos en cuenta, al mismo tiempo que se van volviendo cada vez más hábiles y despiertos.

Es una época en la cual se presenta una excelente oportunidad para involucrar al niño en el mundo del trabajo y en muchas de las realidades que viven sus padres, dada la curiosidad y el interés que esto les despierta, lo cual fortalece el vínculo del afecto y la comunicación entre ambos, porque tienen nuevos temas sobre los cuales pueden conversar, así como nuevas emociones y sensaciones que surgen a partir de las experiencias que pueden compartir.

Así el niño se va haciendo cada vez más conocedor y consciente del mundo en el cual vive, va aprendiendo a manejarlo y a enfrentarse a él con confianza, de la mano de sus papás. Aprende también a relacionarse con otras personas de diferentes maneras, lo cual aumenta la seguridad que tiene en sí mismo y su capacidad de adaptación al medio. De esta manera, cuando surgen problemas, tiene más elementos y destrezas para anticiparse a ellos y resolverlos de manera adecuada sin dejarse apabullar, aunque en algún momento se sienta triste o confundido, como le sucedió a Daniela.

Recomendaciones

  • Animen a sus hijos para que expresen sus sentimientos, en especial, los de temor, ira, angustia o confusión como un modo de tranquilizarse y de ver las situaciones difíciles con posibilidades de solución.
  • Deténganse a evaluar con ellos la pertinencia de las iniciativas que proponen y la posibilidad de llevarlas a cabo.
  • Acepten la ayuda que les ofrecen sus hijos como una manera eficaz de que el aprendizaje de tareas sea de gran utilidad para ellos en momentos de dificultad.
  • Valoren sus iniciativas y todo aquello que hacen para tratar de ayudarle.
  • Respalden a sus hijos cuando quieran participar en actividades grupales de bienestar común como un excelente modo de desarrollar su sentido de solidaridad, mejorar su habilidad para comunicarse con los demás y legitimar la autoridad moral para buscar y encontrar ayuda cuando la requieran.