¿Cómo se puede definir la expresión “tolerancia a la frustración”?

Respuesta

Este término fue introducido por Rosenzweig en 1938 para designar la capacidad de tolerar la frustración durante un largo período de tiempo sin intentar satisfacer la motivación en la forma originaria ni buscar una manera indirecta de atenuar la tensión.

Para Philipo Lersh, filósofo y psicólogo alemán estudioso de la estructura de la personalidad, la tolerancia corresponde a una fase elevada en el desarrollo de la personalidad y la frustración, término del psicoanálisis, designa la privación, sentida como injusta, de satisfacciones materiales o psíquicas.

Desde el comienzo de la vida fuera del útero materno, el niño pasa por frustraciones necesarias para su crianza como parte fundamental de su desarrollo: destete, aprendizaje de la limpieza, límites, normas…

En el adulto las frustraciones más vivamente sentidas suelen ser de orden afectivo: decepciones sentimentales, pérdida de un ser querido, pero también pueden afectarle frustraciones de orden material: vecinos ruidosos que perturban la paz de su domicilio y compañeros de trabajo que obtienen ventajas que a él se le niegan.

Algunas recomendaciones:

• Trate de no proteger a sus hijos de todas las frustraciones

• Cuando su hijo o hija se sienta frustrado, trate de transmitirle el mensaje de que usted confía en que él o ella podrá resolver el problema de la mejor manera, ofreciéndole ayuda: escuchar sin crítica cuando sea necesario el desahogo, sin tratar de resolver el problema

• Haga entender a sus hijos que tener sentimientos de ira, rabia y tristeza es normal en el ser humano, pero que lo realmente importante es la manera como se afrontan

• Los padres deben entender que el mejor momento para hablar con los hijos sobre los exceso de ira que pueden tener en un instante de frustración es cuando haya llegado la calma

• Diga a sus hijos claramente lo que es aceptable y lo que no lo es

• Enseñe a sus hijos que el valor del amor reemplaza cualquier cosa material por grande que sea.

Gloria María Correa
Psicóloga

Una pertinente reflexión: “Saberse amado da más fuerza que saberse fuerte”
Goethe