Cómo promover la autoestima en la edad escolar

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El comportamiento de las personas depende mucho de la forma como se sienten consigo mismas. La autoestima se define como lo que cada persona siente por sí misma, la forma en que le agrada su propia persona en particular. Como sentimiento psicológico que es, puede ser cambiante a lo largo de la vida: hay etapas en que se tiene mucha o muy poca autoestima.

Quien se quiere a sí mismo es capaz de querer y apreciar a los demás: el dicho popular dice que “nadie da de lo que no tiene”. La imagen que el niño va adquiriendo de sí mismo (autoimagen) depende en gran medida de lo que percibe que los demás piensan de él, por lo que los padres deben ser sumamente cuidadosos en la forma de valorar al niño y de referirse a él.

El ingreso a la escuela representa para el niño un reto muy grande en cuanto a su nivel de autoestima, puesto que implica cambiar un ambiente seguro como es el de su hogar por el ambiente escolar, nuevo para él y más competitivo, y que le obligará al establecimiento de nuevas relaciones con sus semejantes y profesores. A la vida escolar llega el niño con el bagaje de experiencias positivas o negativas que haya vivido en su hogar con anterioridad.

Lo anterior debe hacer pensar en la gran importancia que tiene adquirir un buen nivel de autoestima si se tiene en cuenta que la relación de los niños con sus compañeros, el rendimiento escolar y deportivo, la prevención de la anorexia, la bulimia y el embarazo en los adolescentes, depende mucho de la forma en que los niños y jóvenes se sienten consigo mismos.

Es necesario, entonces, estimular a los niños y reforzar sus comportamientos favorables, lo cual se traducirá en una fuente inagotable de energía y motivación que va a favorecer el cultivo del amor propio: cada palabra, expresión facial, gesto o acción por parte de los padres, profesores y adultos significativos transmiten mensajes al niño sobre su valor como ser humano.

Es fundamental para el niño que sus padres fomenten en él la capacidad de razonamiento sobre sus propias acciones y la formación de un juicio de valor sobre estas, por lo que ante una acción negativa de un niño la crítica de los padres debe dirigirse a la acción y no hacia el niño, para que este sea capaz de tomar distancias frente a ella, enjuiciarla y programarse para no repetirla.

Por ejemplo, ante la falta en que un hijo incurrió puede decírsele: “Lo que hiciste me dolió mucho y quiero que hablemos sobre ello”, en vez de decirle: “Te portaste mal, eres, y siempre lo has sido, un desobediente y estoy seguro de que así vas a continuar”.

Recomendaciones

 

  • Fomenten en los niños la aceptación de los errores y fracasos inculcando el concepto de que el error es una experiencia que se debe afrontar con el sentimiento positivo de mejorar y superarse.
  • De manera amorosa y respetuosa establezcan límites razonables a los comportamientos de los hijos, explicando previamente lo que se desea.
  • Como a cada minuto algo bueno y generoso muere por falta de estímulo, reconozcan en el hijo las buenas acciones y manifiéstenle lo orgullosos que se sienten de él.
  • Ayuden a su hijo para que sea capaz de reconocer sus capacidades y limitaciones.
  • No hagan nunca por su hijo lo que él pueda hacer solo, como la mejor manera de practicar que la crianza es un camino creciente hacia la capacidad de valerse por sí mismo.
  • Asegúrense de que su hijo se sienta amado, como un excelente modo de entender que un niño con el tanque afectivo lleno es el mejor sujeto de crianza.
  • Procuren fortalecer su propia autoestima, como la mejor manera de recordar que nadie puede dar de lo que no tiene.

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez

Pediatra puericultor

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