¿Cómo podemos acompañar de la mejor manera a un niño cercano a nuestros afectos que padece una enfermedad cónica?

Respuesta:

A diferencia de la aguda, la enfermedad crónica se acompaña de una percepción más profunda y permanente por parte del niño de la sensación de estar enfermo y de ser diferente a otros niños, sobre todo cuando sobrevienen restricciones de ciertas funciones como la visión, la audición, la coordinación y la fuerza muscular.

Ante esta difícil situación, es necesario reivindicar al niño como un interlocutor válido, que tiene mucho qué expresar y qué preguntar de muy diferentes maneras, alrededor de todas las vivencias que surgen en torno a una enfermedad prolongada, de cuyo adecuado tratamiento va a depender el desarrollo de su proyecto de vida, a pesar de las limitaciones que su padecimiento le impone.

Es en el caso de la enfermedad crónica cuando más importancia adquiere el concepto de alianza terapéutica, esta vez entre el niño y el equipo médico, bajo la égida protectora de los padres y familiares del niño, habida cuenta de la importancia fundamental que aquí adquieren las vinculaciones afectivas previas del niño como mecanismos fundamentales de seguridad y apoyo al afrontar situaciones de estrés, como la que implica el constituirse en enfermo crónico.