Buenos hábitos para enseñar

Los hábitos se aprenden por imitación y repetición ¿Cómo inculcarlos en sus hijos? Acompáñelos.

El primer paso para la educación del niño se da cuando se establecen en el hogar maneras precisas, lugares y horas fijas para algunas actividades que tienen que ver con la conservación de su salud y con la  organización del funcionamiento familiar. Los hábitos se forman por repetición. Son como un lazo formado por varios hilos; si alguien ejecuta una acción solo una vez, el hilo se revienta muy fácilmente, pero si la repite una semana se necesita más fuerza para romper siete hilos juntos. Y después de unos meses, romper la cuerda costará mucho trabajo. Así son los hábitos: se aprenden principalmente por imitación. Si el niño vive en un ambiente en el cual los miembros de la familia tienen una rutina para cada cosa: lavarse los dientes, saludarse, hacer ejercicio, etc., aprenderá estos hábitos sin necesidad de que el adulto se esfuerce para inculcárselos.

El niño imita

El aprendizaje es un cambio de conducta que resulta de la experiencia o de la simple repetición del acto. Puede ser por imitación, esto es, el niño copia lo que ve hacer al otro y adopta como propios los valores, actitudes y comportamientos de aquellas personas a quienes admira y ama. Formar hábitos significa enseñar al niño a satisfacer sus necesidades según cierta organización, siguiendo un orden y un horario establecidos con anterioridad. Así, el niño va aprendiendo lo que se espera de él y lo que él puede esperar de su ambiente, con lo que se evitan situaciones diarias que pueden causar malestar en el hogar. Si el niño aprende, por ejemplo, que después de comer, lavarse los dientes y ponerse la piyama se aproxima la hora de dormir, estará preparado para ello y será más fácil llevarlo a la cama. Así se sentirá mucho más tranquilo y le será más fácil cooperar en estas actividades. Poco a poco irá haciendo suyo este orden de acciones y se adaptará a él.

Cuando la rutina vaya a cambiar por algún motivo, comuníqueselo al niño con anticipación, por ejemplo: “Hoy vendrán a comer los abuelos, tenemos que terminar de jugar más temprano y preparar la mesa para la comida”. Los niños necesitan saber qué deben esperar y tener suficiente tiempo para moverse entre actividades. Anunciarles que pronto deben terminar la actividad a la que se dedican les permite hacerlo tranquilamente, guardar lo que sea necesario y moverse a la actividad siguiente de manera calmada y sin presiones, lo cual expresa respeto por el niño. Los hábitos que el niño va adquiriendo por la repetición de actividades le proporcionan estabilidad, garantizan el funcionamiento normal de su cuerpo y la  satisfacción adecuada de sus necesidades. Todo ello le permite crecer y desarrollarse normalmente. Pero, además, la formación de hábitos le proporciona otros aprendizajes fundamentales.

A la hora de comer

La familia es el mejor modelo para el desarrollo de las preferencias y hábitos alimentarios. También lo es en el comportamiento y los modales en la mesa. Cualquier alimento rechazado por algún miembro de la familia, así como la actitud asumida en la mesa será imitada por los niños. Para la alimentación se deben tener en cuenta sus preferencias y necesidades. Es necesario que los bocados, bebidas y postres sean variados y nutritivos. Los niños comen a su propio ritmo y algunos comen más que otros. El momento de la comida debe ser una experiencia compartida en familia, en horarios regulares y en el sitio destinado para comer. Debe transcurrir de manera agradable, procurando un clima emocional tranquilo, libre de presiones y chantajes, evitando conflictos y sobornos para obligar a los niños a comer. Los alimentos se deben consumir fundamentalmente con cuchara, no con la mano o, en el caso de las bebidas, no se deben utilizar biberones. Comience a disminuir el uso del biberón a los 12 meses, para reemplazarlo poco a poco por el vaso. El niño, a medida que crece, debe comer solo. Así se favorece su independencia y un sentimiento de confianza en él mismo y en sus capacidades. Cuando se hace por el niño algo que está en capacidad de hacer por él mismo se le está negando una oportunidad. No es prudente la realización de otras actividades como jugar o ver televisión mientras se come. De esta manera, el niño no solo se alimenta, sino que al dedicarse a una actividad a la vez desarrolla su capacidad de atención.

Y la higiene…

Para que el niño goce de buena salud se le deben enseñar algunos hábitos de higiene, entre ellos, el baño diario, lavarse las manos antes de comer o después de ir al baño, cepillarse los dientes y usar la seda dental después de cada comida, explicándole por qué son necesarias estas costumbres.  Inicialmente el niño necesita compañía y supervisión mientras una actividad se convierte en un hábito, por lo cual es necesario acompañarlo a lavarse los dientes inmediatamente después de cada comida, ayudándolo y estimulándolo para la adquisición de este buen hábito. Cuando se inicia el entrenamiento en el sanitario o en la bacinilla para el control de esfínteres después de los 18 meses de edad, el niño aprende sobre su cuerpo, costumbres sociales, diferencias de sexo, además de la higiene personal. Durante este aprendizaje es necesario transmitirle una actitud positiva, teniendo en cuenta no causarle vergüenza o humillación ni presionarlo y mostrarse tolerante y comprensivo. Hay que animarlo con la atención, paciencia y reconocimiento de sus logros.

El sueño

La cantidad de horas de sueño que cada niño necesita depende de la edad y la calidad de la actividad que efectúa. La falta de sueño produce irritabilidad, especialmente en los más pequeños. Algunos padres pretenden que los niños no duerman durante el día para que se acuesten temprano, pero los niños necesitan cierto tiempo de reposo para descansar y recuperar su capacidad de acción. Debe seleccionarse un lugar y hora regular para el sueño, lo cual se debe mantener hasta donde sea posible. Los niños deben dormir en una cama diferente a la de sus padres y después de los seis meses de edad, preferiblemente en otra habitación. Esto favorece su autonomía, la privacidad de la pareja y evita dificultades posteriores. Si durante la noche el niño se despierta y se va a la cama de los padres, se debe llevar nuevamente a su cuarto y acompañarlo en su cama recordándole que estarán cerca mientras él duerme. El tiempo de la siesta y el de acostarse pueden transmitir calor y seguridad o tensión y agitación al niño. El sueño es un hábito que se aprende mediante ciertas rutinas, por lo que se debe crear un ambiente relajado y seguro para antes de dormir fijando una rutina diaria que sea tranquila y constante, la cual puede ser por medio de una lectura, música suave o frotando la espalda del niño.

Rutinas de convivencia

Si en la familia los padres piden siempre las cosas con un por favor y dan las gracias, el niño aprenderá las rutinas de convivencia de manera natural. Si vive en un ambiente de respeto y consideración, el niño aprenderá a interesarse por los demás. Es indispensable que a medida que el niño crece se le vayan dando pequeñas responsabilidades según sus capacidades: llevar la ropa sucia a su lugar, guardar sus juguetes cuando ha terminado de jugar, entre otras, intentando que sea una actividad del día a día para que se convierta en un hábito. El tener pequeñas responsabilidades aumenta su sensación de ser capaz, su autonomía, además de ser una excelente herramienta en la construcción de la disciplina. Para un buen desarrollo infantil es necesario el acompañamiento de los adultos que para el niño son significativos. Estos adultos deben ser flexibles para responder a sus necesidades, además de amorosos y comprensivos para establecer normas claras respecto a lo que le exigirán y hasta dónde lo acompañarán.

 

Por:

Olga Liliana Suárez Díaz, fonoaudióloga;

Gloria Orozco Gómez, psicóloga y puericultora

Recomendaciones

• Sean constantes como un modo de corroborar que los hábitos se logran con la repetición.

• Respeten las rutinas del niño procurando hacer las actividades de la misma manera y a la misma hora para que él se acostumbre.

• Incúlquele buenos hábitos de salud, higiene y alimentación.

• Tengan en cuenta que cuando se está aprendiendo algo, las cosas a veces resultan bien y otras veces mal.

• Reconozcan y estimulen siempre cada logro del niño.

• Decidan con anterioridad qué tipo de exigencias harán a su hijo dependiendo de su edad y de sus capacidades, asegurándose de que está preparado para la tarea.

• El niño aprende más fácilmente imitando lo que ustedes hacen. Recuerden que el ejemplo es la mejor manera de inculcar hábitos saludables.

• Acompañen y supervisen firme y cariñosamente a su hijo en la ejecución de las actividades que desean se conviertan en hábitos.