Aprender a valorar las personas y las cosas

ninez1
0 acciones Twitter 0 Facebook 0 Email -- Buffer 0 0Acciones ×

En una sociedad como la nuestra, en donde la pérdida de valores se hace cada vez más evidente, es imprescindible fomentar la educación en valores en las familias. De acuerdo con el pediatra puericultor Darío Botero Cadavid, “nuestra sociedad a lo largo de la historia ha estado en constante transformación, especialmente en los últimos 40 años los nuevos conceptos y paradigmas sociales se han marcado de manera acelerada, de forma tal que el conjunto de valores que se da en la sociedad ha cambiado y, en especial, los valores morales. Hoy en día, este proceso se ha paralizado, ha dejado de fluir. Nos encontramos con que los valores han dejado de estimarse en la medida justa que deben apreciarse. Vivimos, sin duda, una crisis de valores que genera una crisis social”.

Educar en valores

Los valores morales, entendidos como la agrupación de creencias, costumbres y normas de una sociedad o familia y que una persona adopta para orientar su conducta a diario, componen el filtro ético que esta tiene, por lo tanto, inciden indiscutiblemente en sus relaciones interpersonales y en su papel en la sociedad.

Existe una gran cantidad de valores morales que ayudan a enaltecer y hacer mejor a una persona, entre ellos podemos destacar la bondad, la generosidad, el amor, la lealtad, la gratitud, el respeto, la perseverancia, la dignidad, la honestidad, la humildad y la responsabilidad. Sin duda, aplicar algunos de ellos o todos en nuestras vidas nos hará una existencia y convivencia más placentera y armoniosa.

El valor moral lleva a la construcción del ser humano, lo perfecciona de manera tal que lo hace más humano, por ejemplo, la humildad hace al hombre más noble y respetuoso de los demás; mientras que la responsabilidad crea individuos más comprometidos consigo mismos, con las tareas por desarrollar y con la sociedad.

Para Botero, “la humildad distingue a las personas que se valoran a sí mismas en la medida adecuada; son aquellas que no se creen superiores ni inferiores a los demás, reconociendo su justo valor sin jactarse ante el entorno en el que se desenvuelven, pues sus acciones hablarán por ellas mismas. En esta sociedad algunas personas consideran que la humildad significa proceder como si importáramos menos que los demás, como si los logros carecieran de merecimiento”.

Por otro lado, “la responsabilidad es la posibilidad que tiene cada individuo de reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente, independiente de la edad. Un individuo responsable es capaz de enfrentar con interés, creatividad, inteligencia, esfuerzo y convencimiento los diferentes retos que le plantea la vida de acuerdo con su edad. Para el adulto será su trabajo y acompañamiento en la crianza; para el niño, sus deberes en casa (recoger los juguetes después de que los utilizó, asistir al colegio, etc.)”, agrega.

Educar en valores de humildad y responsabilidad les ayudará a los padres en la formación de sus hijos para que no se conviertan en individuos caprichosos, superficiales, materialistas, manipuladores o arrogantes. De igual forma, al establecerles responsabilidades a los hijos, se les enseña a estos a valorar los esfuerzos y a establecer límites en la adquisición de las cosas.

La virtud de la humildad

ninez2No se debe confundir la humildad con el significado de bajeza, carencia o humillación, sino con aquella “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”.

La humildad es uno de los valores primordiales en la educación de los niños, por cuanto les enseña el respeto por los demás, a no infravalorar a nadie, a no considerarse superior, a valorar a los demás por lo que son y no por lo que tienen, y a apreciar lo que poseen. Una persona humilde se destaca por su capacidad de apreciar el valor de las personas y de las cosas. Son seres humanos considerados, serviciales, compasivos y solidarios.

La educación de los niños, valorando en la justa proporción los objetos, por ejemplo, es un trabajo complejo en el que intervienen la familia, la sociedad y el modelo económico. Por ello, según el doctor Botero, “darle un valor exagerado a una u otra cosa depende de la actitud y acompañamiento de los padres; si le damos una posición más importante ‘al tener’ que ‘al ser’, les estamos brindando una información errada a los niños. Definitivamente, de la fortaleza de nuestra estructura moral, del arraigo de nuestras creencias y de la fuerza de nuestro amor dependerán los valores que cada niño marque en la impronta de su estructura moral, y de eso también dependerá, en buena medida, el rumbo que tome su vida”.

Y es aquí donde la frase del autor mexicano Francisco J. Ángel, destacada dentro del artículo “Valores”, escrito por el psicólogo mexicano René F. Rivera Rodríguez, cobra mucho significado:

“Damos por seguro las cosas más valiosas de la vida y andamos por ahí, buscando lo superficial, porque creemos que hay ‘algo’ que nos haría felices si lo tuviéramos”.

De acuerdo con Rivera Rodríguez, la gente va asignándole valor a su realidad basada en sus intereses, aspiraciones, preferencias y demás condiciones fisiológicas, psicológicas y socioculturales; e impone nuevas formas de valorar a las personas, las ideas, la sociedad, las cosas y la vida, pero muchas veces en esa imposición se llega a caer en la confusión y grave error de distorsionar lo que realmente es valioso, dándole más valor a cumplir con estereotipos e introyectando (hacer como propios rasgos del mundo que los rodea) a la sociedad por medio de los medios de comunicación de que para ser feliz es mejor el “tener” y no el “ser”.

El valor de las cosas

Educar en valores no es una tarea fácil. Uno de los errores que muchos padres cometen con frecuencia es el de darles a sus hijos todo lo que ellos piden, sin límite, ya sea porque los primeros sufrieron algunas limitaciones en su infancia y quieren que sus hijos no sufran lo mismo, o simplemente porque piensan que esa es la mejor manera de hacerlos felices. No obstante, esta entrega desmedida de objetos materiales “para que nada les falte” puede llevar a crear individuos caprichosos, materialistas y sin sentido de la responsabilidad.

Por ello, dentro de la construcción de valores es bueno enseñarles a los niños desde pequeños a saber apreciar el valor de las cosas, y qué mejor que educándolos sobre aspectos como establecer límites en el manejo del dinero, a valorar la intención y no el precio, a reconocer que la verdadera felicidad no se basa en lo material, sino en lo espiritual; y que lo que quieren obtener les implica un esfuerzo.

Pero ¿cuál es la mejor manera de enseñarles a los niños a valorar lo que tienen? Definitivamente con el ejemplo, indica el doctor Botero, para él “los valores se inculcan, es decir, los niños captan e incorporan en su interior este código de comportamiento, basándose en lo que ven de las personas que más aman y admiran; la misión de los adultos significativos es cultivar amorosamente el buen corazón de los niños, empoderándolos a obrar bien y cautivándolos para dar lo mejor de sí mismos”.

El valor del esfuerzo con responsabilidad

Por otro lado, una de las mejores formas de aprender a valorar lo que se tiene es a través del esfuerzo que nos implicó el haber obtenido ese bien. Por ello, crearles responsabilidades a los niños en el hogar y reconocerles su esfuerzo en la realización de las cosas puede ayudarlos a comprender mejor su valor, y no en términos de precio, sino en términos de la utilidad y el significado que representan para sus vidas, porque, como muy bien lo dice la escritora norteamericana Abigail Van Buren: “Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, póngales alguna responsabilidad sobre sus hombros”.

ninez3

¿Cómo les creamos responsabilidades? Involucrándolos en la dinámica del hogar, “haciéndoles entender que somos seres sociales y que nuestro comportamiento afecta a las demás personas. Las responsabilidades se delegan conforme con la edad del niño e involucran acciones individuales, pero también colectivas, y es allí cuando el ejemplo vuelve a aparecer como elemento fundamental de este proceso: el amor y el respeto lograrán que el niño entienda cuál es la responsabilidad por lograr, pues recuerden que con los niños la repetición hará que la norma se instaure”, señala Botero.

Las responsabilidades, conforme con el especialista, también les ayudarán a fomentar su autonomía; para ello, hay que invitarlos a ser más activos, así se equivoquen, a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de estas. Educar en el valor de la responsabilidad ayudará a formar individuos más comprometidos, puntuales, respetuosos, trabajadores, solidarios, sensatos y maduros.

Se aprende desde el ejemplo

Cabe siempre destacar, como así lo manifiesta Botero, que es esencial que los padres entiendan que ellos son el ejemplo por seguir, “que con su actitud amorosa y firme los niños entenderán quién dará los elementos para que cada uno los vaya involucrando dentro de su estructura personal. Los adultos significativos son los encargados de orientar e inculcar los límites (para que funcione, todos deben hacer lo mismo). Si el límite se fijó y se rompió por algún lado, ‘cumpla lo que prometió’, ¡no amenace!, solo cumpla lo pactado anteriormente”.

El control está a cargo del adulto significativo, pues el niño no está en capacidad de tomar las decisiones trascendentes de la vida. Es fundamental, por ello, fijar las normas de juego para la familia y las responsabilidades de cada uno de sus integrantes, pues en la repetición de la norma se instaura el hábito.

Por: Lina María Martínez Fonseca

Con la colaboración de: Darío Botero Cadavid

Pediatra puericultor

0 acciones Twitter 0 Facebook 0 Email -- Buffer 0 0Acciones ×