Amistad: el más bello de los tesoros

Amistad: el más bello de los tesoros

La amistad es el más común de los sentimientos en las relaciones humanas en todo el mundo y representa a lo largo de la vida un elemento definitivo para el desarrollo del proceso de socialización.

Por: Nubia Farías García
Pediatra – profesora Universidad Nacional de Colombia

 

El sentimiento de la amistad satisface una íntima necesidad de compartir que posee el ser humano en permanente búsqueda de la felicidad. La amistad significa vínculo de afecto y generosidad; ha sido reconocida y valorada a lo largo de la historia de la humanidad, desde personas sabias como los filósofos hasta las personas sencillas y sin muchos conocimientos.

Gracias a la amistad se experimentan las alegrías más profundas y puras y se logra que las personas no se sientan solas; además, les permite creer ser capaces de alcanzar grandes metas y considerarse valiosas. Así, que quien busca un amigo está apoyando a la vez su propia autoestima y facilitando su realización personal. Cultivar este sentimiento desde temprana edad es aprovechar una condición de los seres humanos para lograr que el recorrido por la vida se haga de manera gratificante.

La amistad permite descubrir lo importante que es existir cuando se puede disfrutar de lazos sinceros de fraternidad, afecto y comprensión, que se constituyen en la base para la construcción de solidaridad. La amistad puede establecerse en todas las edades de los seres humanos: muy pronto en la vida el niño demuestra vinculación definida con la madre y un esbozo de amistad hacia otras personas por medio del contacto con la mirada y el acercamiento físico, iniciando de esta manera sus primeras experiencias de sociabilidad.

Las conductas de acercamiento a otros niños maduran a medida que pasan los años. El niño crece y se desarrolla hasta entender paulatinamente las motivaciones que determinan la conducta de los otros niños, porque ya cerca de los cinco años es capaz de ponerse en el lugar del otro y puede recompensarlo. La amistad al comienzo de la vida escolar empieza a ser significante y entonces se tiene por primera vez una amistad verdadera, es decir, alguien con quien se logra sintonizar en una real comunión de afecto, aunque todavía de forma primitiva, pero fundamental para la vida.

Las primeras amistades tienen mucho que ver con la cercanía y los encuentros son más bien pasajeros, por ejemplo, con el vecino, con el compañerito cercano al pupitre o con el niño del parque. La sociabilidad en la edad escolar varía dependiendo de muchos factores: la calidad del vínculo afectivo con la madre, las posibilidades de contacto previo con otros niños y las experiencias de acercamiento.

En esta etapa, la reciprocidad se hace bien notoria y madura a medida que pasan los días. Rasgos propios de la personalidad de cada niño tienen que ver en sus relaciones, de tal modo que los acercamientos se facilitan en la medida que el niño muestre una respuesta agradable o positiva, mientras que dichos encuentros se dificultan cuando el niño tiene una respuesta agresiva o negativa. Se hacen mejor y más fácilmente las relaciones entre niños de la misma edad que en aquellos con grandes diferencias de tiempo.

El paso del tiempo en este período es factor determinante en la maduración del sentimiento de amistad, que se marca cada vez con mayor intensidad y lo que en un principio era solo interés de un juego sencillo se va convirtiendo en una verdadera identificación de intereses comunes, gustos compartidos, deseo de servir y hacer favores, y depósito de confianza. Este último facilita la aparición del mejor amigo, aunque todavía no sea duradero y frecuentemente sea cambiado por otro. En la edad escolar se inician los juegos con objetivos comunes y la aplicación de reglas para alcanzar una meta de tal manera que el proceso de socialización se ve muy favorecido. Algunos niños pueden desde los tres años descubrir un amigo imaginario, producto de su necesidad de compartir.

Este amigo que los acompaña y satisface puede en muchos casos estar hasta los nueve o diez años, momento en que el niño lo deja ir. Esta situación es normal y se observa especialmente en niños que son los mayores o que son hijos únicos. Es también frecuente que estos niños se distingan por ser muy despiertos y creativos.

Los padres no deben preocuparse. Conocer el significado y la función de la amistad en la vida de los niños es bueno para los mayores porque les permite respetarlos. Fundada en el amor, la verdadera amistad no solo tolera y salvaguarda la manera de ser de los amigos, sino que, además, la impulsa y exalta. La verdadera amistad solo es posible a condición de que se reconozcan y acepten las diferencias, que más que separar deben distinguir a unos de otros. Son trascendentales las influencias de las actitudes de quienes están alrededor del niño.

En general, los niños sociables tienen padres sociables y pueden tener un mejor desempeño, porque se suelen sentir más cómodos ante otras personas. Este deseo de llegar hasta otras personas es un indicador seguro del desarrollo infantil hacia la madurez emocional.

En la amistad se descubre lo que cada uno es, pero más aún quizá, lo que puede ser capaz de llegar a ser. El cultivo de este sentimiento en los niños es fundamental en el mundo moderno para evitar un futuro de personas aisladas y con relaciones superficiales y únicamente unidas por las funciones que día a día hay que desempeñar.

Recomendaciones
• Muéstrenles amor a sus hijos de diferentes maneras: caricias, palabras y acciones.
• Apréndanse los nombres y las características de la personalidad de los niños que están cerca de su hijo como parte de su interés en ellos.
• Sea justo al hablar de las personas que su hijo considera sus amigos y exalte sus cualidades.
• Adicionen ocasionalmente algo en la “lonchera” de su hijo para que comparta con el amigo.
• Estimulen la amistad y hablen de ella como una necesidad entre las personas buenas y felices.