Amigos imaginarios: ¿realidad o fantasía?

Por: Lina María Martínez Fonseca
Coordinadora editorial de la revista Crianza & Salud y

Darío Botero Cadavid
Pediatra puericultor
Miembro del Comité de Crianza & Salud (SCP)

Grupo de Puericultura – Regional Bogotá
Con la colaboración de: Roberto Chaskel
Psiquiatra infantil – Profesor de la Universidad de los Andes

Lo esencial es invisible a los ojos”.
Antoine de Saint-Exupéry (El principito)

 

Más allá de lo que se pueda pensar, tener amigos imaginarios (AI) es algo normal en los niños en edad preescolar y escolar. Muchas teorías de la niñez media, propuestas por Sigmund Freud y Jean Piaget, le dan a este fenómeno un carácter negativo, al sugerir que los niños los crean como un medio para compensar una infancia infeliz o solitaria. De igual forma, los niños con AI solían considerarse como problemáticos y que esto, en sí, no era saludable. Sin embargo, cuanto más se ha estudiado sobre el tema, se ha logrado descubrir que es algo esperable, pues se considera como un elemento del desarrollo normal evolutivo de los niños, como así lo manifiesta el psiquiatra infantil Roberto Chaskel.

Suelen presentarse entre los tres y cuatro años de edad, aunque pueden tener la posibilidad de permanecer hasta los siete, pero no existe una duración estipulada que determine en qué momento exacto vayan a desaparecer completamente de sus vidas, “simplemente, por lo general, cuando los niños ya entran al colegio normalmente irán abandonando esos amigos imaginarios, pues ya empezarán a relacionarse más con sus pares”, indica el Dr. Chaskel, y destaca que “es importante que esto no se contemple como patológico, pues irá desapareciendo después del cuarto año en la mayoría de los pequeños”. 

Tener un amigo imaginario implica relacionarse con un personaje que no tiene carácter real y es invisible. “Se trata de un reconocimiento que el niño acepta y comparte, con una peculiaridad mágica y esencial, y es el hecho de que no es visible para ninguna otra persona, sino solo para él. Si bien esta imagen parece muy real, el niño admite que se trata de una fantasía”, así lo precisa el pediatra puericultor Darío Botero Cadavid.

De hecho, el Dr. Botero así lo describe desde su vivencia personal:

“Robinson, después de leer Robinson Crusoe, pensaba cuando era niño que por la soledad de su historia era perfecto para ser mi ‘amigo imaginario’. Robin, como le decía en nuestras conversaciones, fue un simpático personaje que, por un largo tiempo, me acompañó a leer, a jugar, y a hablar de mi mundo y su mundo, pero, invariablemente, acontece lo mismo, que al cabo de un tiempo los amigos reales aparecen en el transcurrir de la vida y Robin acabó por desvanecerse volviendo a vivir entre las nubes donde sueña con encontrar un amigo que lo necesite de nuevo; eso sí, con una ventaja para mí: que cuando lo requiero nuevamente siempre está atento para acompañarme. Hoy, volviendo a esta reflexión, les aseguro que sus aportes fueron para mí ¡muy valiosos!”.

Seguramente con esa magia y gran imaginación con la que surgió Robin, así mismo aparecerán a diario diferentes amigos imaginarios, compañeros de juegos de muchos niños y que han sido inspiración, incluso, de distintos caracteres animados infantiles como, por ejemplo, Winnie Pooh. Un oso tierno e ingenuo creado gracias a la imaginación del pequeño Christopher Robin, quien se embarca en diversas y múltiples aventuras junto a él y sus otros amigos.

El juego simbólico que representa un AI –destaca Botero– ha favorecido el desarrollo de las destrezas en áreas cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales. Algunas investigaciones han mostrado que el niño que crea una fantasía con su amigo podría tener una mayor capacidad para comprender las emociones y las creencias de los demás; en la interacción social su capacidad de empatía se desarrollaría de una mejor forma. Adicionalmente, se ha encontrado un considerable potencial para desarrollar el lenguaje interior y la posibilidad de establecer unas mejores capacidades narrativas, presentando sustanciales recursos internos para tolerar y resolver conflictos afectivos, pudiendo poner en juego la creatividad y lo lúdico a su servicio.

“Aunque el juego social es común a muchas especies, los seres humanos son únicos en su capacidad de extraer algunos de sus beneficios a través de la imaginación. Por ejemplo, en el juego con AI, los niños a menudo practican habilidades que podrían ser útiles para el funcionamiento social, relacional y emocional de adaptación posterior”, así lo indica Tracy R. Gleason, psicóloga del desarrollo y profesora de Psicología en Wellesley College (Massachusetts, EE. UU.), en su estudio El significado psicológico del juego con compañeros imaginarios en la primera infancia.

De hecho, como lo aclara la experta, “los compañeros de juego imaginarios también pueden facilitar el desarrollo de la competencia social, particularmente con respecto a la regulación de las emociones y la adquisición de habilidades interpersonales útiles en la edad adulta, como la cooperación y la toma de perspectiva”. Algo que corrobora el Dr. Botero, quien indica que “incluso un estudio mostró que los adultos que tuvieron amigos imaginarios en la infancia desarrollaron más empatía en la edad adulta”. Además de confirmar, a través de su descripción, que aun, hoy en día, su amigo imaginario de la infancia reaparece, en alguna forma, para acompañarlo si lo necesita.

Y esto es soportado igualmente por Marjorie Taylor, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Oregon (EE. UU.), quien ha investigado sobre la creación infantil de compañeros imaginarios e identidades fingidas y el papel que juegan estas fantasías en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. Al respecto, expresa que: “Sorprendentemente, los amigos invisibles no desaparecen necesariamente cuando termina la infancia. Un análisis que examinó algunos diarios de adolescentes concluyó que los que son socialmente competentes y creativos tenían más probabilidades de crear un amigo imaginario y que este tipo de amigo no sustituía las relaciones con personas reales. Inclusive, los escritores de ficción para adultos a menudo hablan de que sus personajes cobran vida propia, lo que puede ser un proceso análogo al de los amigos invisibles de los niños”.

 

Su origen y sus formas

De acuerdo con el Dr. Botero, los AI surgen de manera inconsciente: “No se ha podido establecer un origen concreto sobre el porqué algunos niños pueden tener esta fantasía (según los estudios, del 15-30% relatan tener AI). No obstante, su aparición se ha relacionado con una creatividad elevada y alta sensibilidad, y con una mayor capacidad para ser más sociables, menos tímidos y tener más empatía cuando juegan con otros chicos”

Para Gleason, el fenómeno de los amigos imaginarios no ha recibido mucha atención en la literatura psicológica y no se comprende bien, razón por la cual, continúa en la idea de seguir proporcionando una descripción definitiva de aquellos amigos ficticios. Como, por ejemplo, descubriendo la variedad de formas en las que se presentan, lo cual es un testimonio del gran poder que tiene la imaginación. En su investigación, reseñada en Psychology Today, Gleason y sus colegas citan algunos ejemplos de AI:

 

  • Club de fans de Star Friends y Heart: son grupos de amigos humanos en edad preescolar con los que un niño cumplió años, asistieron a una feria y hablaron un idioma llamado “hobotchi”.
  • Rebaño de vacas: un niño tenía como AI vacas de muchos colores y diferentes tamaños que frecuentemente alimentaba o les cambiaba los pañales como bebés. Fueron descubiertas cuando el padre del niño pisó una accidentalmente.
  • Tal vez: es un “humano de género variado” a quien el niño llamaba de forma rutinaria gritando desde la puerta principal de la casa de la familia.

 

Como muestran estas descripciones, los amigos invisibles pueden ser humanos, animales o criaturas fantásticas, y pueden aparecer solos o en grupos. De igual forma, Gleason, en un artículo en Science Friday, identifica dos tipos:

  1. El primer tipo son los compañeros imaginarios invisibles. Pueden ser personas, animales, monstruos, criaturas míticas, espíritus, fantasmas, etc. “Una vez conocí a un niño cuyo amigo invisible era su sombra, no su sombra real, sino un compañero basado en la idea de una sombra, porque tenía vida propia (algo así como un Peter Pan)”.
  2. El segundo son los llamados objetos personificados. Es decir, como su nombre lo indica, son aquellos que los niños animan y personifican. “Suelen ser muñecos o animales de peluche, pero, en realidad, podrían incluir cualquier objeto, como trenes de juguete, mantas, figuras de acción”. 

 

¿Cómo deben responder los padres ante esos AI?

El Dr. Botero sugiere que “como padres entender que un AI está dentro de las posibilidades del desarrollo de nuestro niño es importante para mejorar nuestro proceso de acompañamiento; pero, evidentemente, esto no significa que debamos servirle al AI de nuestro hijo su propio tazón de sopa, o un plato con un desayuno para la silla vacía. Es preferible establecer algunos límites sobre lo que los padres están dispuestos a hacer”.

Y agrega: “Acompañar este periodo tan particular debe sintonizarnos con el momento que vive nuestro hijo en lugar de intentar convencerlo de que su AI no es real; simplemente debemos expresarle que no lo vemos. Es imprescindible aceptar al amigo imaginario, pero no darle demasiada importancia. Sería maravilloso leerle un libro al respecto”. Además, al intentar conocer más sobre su compañero ficticio cuando lo mencione puede ser algo realmente útil, ya que nos ofrecerá la posibilidad de descubrir elementos diferentes sobre su mundo interior, como sus deseos, intereses y temores, entre otros aspectos.

Por su parte, el Dr. Chaskel argumenta que, en ese sentido, “entre el tercer y cuarto año de vida los padres pueden consentir la existencia de su amigo imaginario, pero después del cuarto año es importante que le digan al niño: ‘no tienes un amigo imaginario’, o ‘no hay nadie aquí’, e involucrarse en la manera de ‘quitar’ ese AI de la vida de su hijo”.

 

¿Deberías preocuparte de que tu hijo tenga un AI?

Si bien esto puede tener aspectos positivos, también es fundamental que los padres estén atentos a ciertas actitudes frente a este personaje que pueden llegar a considerarse de preocupación. Si el comportamiento del niño es anormal la presencia del AI podría acarrear problemas:

  • Si le impide conciliar el sueño.
  • Si el niño no se relaciona con los otros miembros de la familia, del colegio, del barrio, etc.
  • Si pone freno a la realización de sus actividades cotidianas.
  • Si se torna especialmente retraído o agresivo, con lo cual, es mejor consultar con su pediatra de cabecera.

Al respecto, el Dr. Chaskel indica que si su amigo imaginario continúa después del cuarto año de vida es clave que el niño reciba una consulta de psicología o psiquiatría para asesorar a los padres como acompañamiento sobre qué hacer para que ese AI vaya desapareciendo poco a poco, ya que se considera que, a partir de esa edad, podría afectarlo en su desarrollo social normal, si no cuenta con la flexibilidad para hallar nuevos amigos.