Alimentación en el escolar

bienestar-2017
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En la edad escolar el niño necesita una alimentación que le proporcione todos los nutrientes que requiere para su crecimiento, que se le pueden administrar en cinco comidas al día: desayuno, refrigerio de la mañana, almuerzo, refrigerio de la tarde y cena; de tal manera que la alimentación sea CESA: completa, equilibrada, suficiente y adecuada.

Algunos escolares se niegan a ingerir el desayuno, sobre todo cuando este se les ofrece muy temprano, porque les produce náuseas; en estos casos, los padres pueden compensar esta carencia aumentando y mejorando la calidad de los alimentos que les empacan en la fiambrera para el refrigerio de la mañana.

El niño escolar es capaz de manifestar sus preferencias, tiene un mejor comportamiento en la mesa y utiliza con mayor destreza los cubiertos, aunque durante las comidas pueden ocurrir accidentes como derramar la leche, la sopa u otros alimentos, debido a que exagera sus movimientos; en estas situaciones lo que el niño necesita es amor, comprensión y ayuda por parte de los adultos, con el fin de que pueda avanzar en la construcción de su autonomía como fundamento de  un desempeño exitoso en la rutina alimentaria.

A partir de los siete años el niño come más, pues generalmente siente más hambre; sin embargo, en la explicación de esta mayor ingesta también entran en juego otros factores como el color, el olor y la presentación de los alimentos.  Los patrones alimentarios del niño son similares a los de la familia en cuanto a horario, cantidad, calidad de los alimentos y hábitos higiénicos antes y después de comer.

El horario debe ser organizado aunque con cierta flexibilidad, dependiendo de la jornada escolar del niño. Ofrecerle una cantidad suficiente de alimentos de buena calidad contribuye al crecimiento satisfactorio; el escolar generalmente come con buen apetito, pero algunas veces tendrá inapetencia transitoria, sin que ello deba ser motivo de preocupación de los padres.

La publicidad, principalmente de la televisión, puede influir en las preferencias alimentarias por parte del niño, incitándolo a ingerir ciertos alimentos de poco valor nutritivo en proteínas, pero muy altos en sodio, grasas y azúcares; depende de los conocimientos que los padres tengan en relación con la alimentación y del análisis que hagan de la publicidad con el niño, el que esta influya en mayor o menor grado.

Segú la cantidad de tiempo que el niño pase en la institución educativa, necesita ingerir allí una o dos comidas; si la jornada es muy larga, una de estas comidas deberá contener todos los nutrientes (proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales, agua y fibra). Los niños pueden llevar sus alimentos de la casa o adquirirlos en la tienda escolar; la ventaja de que el niño lleve sus refrigerios es que los padres pueden seleccionar, conjuntamente con él, alimentos con alto poder nutritivo, como yogur, frutas, leche  y emparedados.

Algunos niños prefieren comprar su refrigerio en la tienda escolar, muchas veces con poco valor nutritivo.  Los escolares pueden sentirse avergonzados delante de sus compañeros al destapar sus loncheras con alimentos caseros aunque nutritivos. Los maestros, por la influencia que tienen en los alumnos, pueden disminuir esos sentimientos de vergüenza, enseñándoles el valor de los alimentos e invitándolos a compartir sus fiambres en las horas de descanso. En la tienda escolar se debe vender alimentos que aporten al niño además de energía, otros nutrientes.

Miryam Bastidas Acevedo
Olga Francisca Salazar Blanco
Pediatras puericultoras

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